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Rito de Admisión de los seminaristas de quinto curso (Seminario-Málaga)

Publicado: 14/05/2013: 161

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en Rito de Admisión al sacerdocio celebrado en el Seminario de Málaga el 14 de mayo de 2013.

RITO DE ADMISIÓN DE LOS SEMINARISTAS DE QUINTO CURSO

(Seminario-Málaga, 14 mayo 2013)

 

Lecturas: Hch 1,15-17.20-26; Sal 112,1-8; Jn 15,9-17.

1.- Elección por parte del Señor

Hemos sido convocados por el Señor para darle gracias, porque ha llamado a tres jóvenes que están dispuestos a ejercer el ministerio sacerdotal. Hoy realizamos el Rito de admisión al sacerdocio, que es distinto de la colación de los ministerios; pues tiene una dimensión de aceptación oficial de la Iglesia de cada candidato para su futura ordenación sacerdotal. Está desvinculado en sí de lo que es la colación de un ministerio de lector o de acólito. Por eso lo que hemos querido también separar de la colación de los ministerios.

Habéis sido llamados, según el discernimiento, al ministerio sacerdotal y esta tarde tres de vosotros: Francisco-José, alias Paco-Pepe; Francisco y Juan-Carlos, la Iglesia os llama de una manera explícita, pública y os acepta como candidatos inmediatos.

Es una elección del Señor y la Providencia ha querido que sea en la fiesta de San Matías. Personalmente confío plenamente en la Providencia del Señor y veo que nos va llevando como Él quiere. Me alegro de que hoy sea la fiesta de Matías, porque nos da pie a hablar de la elección de Dios.

2.- Fin trágico de Judas Iscariote y sustitución

En el texto del libro de los Hechos hace Pedro un discurso ante ciento veinte personas y explica el final trágico de Judas Iscariote, que compartió el ministerio apostólico (cf. Hch 1,17), pero se suicidó en el campo llamado en su lengua Hacéldama, es decir, «campo de sangre»» (Hch 1,18-19). Según se decía, y era un hecho conocido por toda Jerusalén.

Judas formó parte del grupo de “los Doce” y tras su muerte quedó un sitio vacío. La comunidad cristiana incipiente entiende que el Maestro ha querido que fueran Doce; por tanto, incluso deciden que alguien debe ocupar su lugar (cf. Hch 1,20); pero, ¿quién?

3.- Cualidades del apóstol
Entonces Pedro enumera las cualidades del Apóstol. Tres cualidades:

Primera: Haber convivido con Jesús de Nazaret: «Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en que convivió con nosotros el Señor Jesús» (Hch 1,21).

En segundo lugar: haber convivido desde el principio hasta la ascensión: «Comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo» (Hch 1,22). Desde del bautismo de Juan, desde la primerísima hora hasta después de la ascensión, todo el trayecto. Porque debe ser testigo de lo que Jesús ha dicho y hecho para ser del grupo de los doce.

Y, en tercer lugar: Ser testigo de la Resurrección: «Se asocie a nosotros como testigo de su resurrección» (Hch 1,22). Esta es la cualidad más importante porque si ha visto vivo a Jesús, ha estado con Él y después ha experimentado la resurrección podrá ser testigo, de otro modo no puede ser de los Doce.

4.- Intervención divina y fiarse de la Providencia

Una vez presentadas las cualidades por parte de Pedro, viene la intervención divina. Los Apóstoles proponen dos candidatos con cierta preferencia en el orden que lo mencionan: «Propusieron dos: José, llamado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías» (Hch 1,23). Si propusieron a ese tal José, cuyo sobrenombre es Justo, es porque era un buen candidato.

Probablemente si lo hubieran elegido los Apóstoles con sus criterios, hubieran elegido a José, el Justo. Pero rezan y piden a Dios que sea Él el que los elija, a la usanza, de aquellos tiempos, de echar a suertes y pensando que en la suerte será elegido aquel que Dios quiera. A lo mejor el Señor deja que la suerte salga al azar y no salga elegido el mejor candidato; pero no pasa nada. «Y rezando, dijeron: «Señor, tú que penetras el corazón de todos, muéstranos a cuál de los dos has elegido» (Hch 1,24). «Les repartieron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles» (Hch 1,25).

Es el Señor quien nos ha elegido. Así lo dice el Señor: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido» (Jn 15,16). Y nos ha elegido entre muchos candidatos; a lo mejor nuestro nombre estaba también en último lugar; pero el Señor nos ha elegido.

Queridos seminaristas, sois objeto de la predilección del Señor; habéis sido privilegiadamente elegidos, no por vuestra justicia como en el caso de José, el justo; no por vuestra santidad, no por vuestra sabiduría humana, no por vuestra inteligencia, ni por tantas otras cosas. Simplemente porque Dios ha querido.

Si somos sacerdotes, un servidor el primero, es porque Dios ha querido. Ingresé en el Seminario de mi diócesis, en el año 1961, a los 11 años. En mu curso éramos unos 115 chavales; de aquellos primeros condiscípulos solo siete terminamos, porque el Señor nos eligió. Después entraron otros en cursos posteriores y fuimos ordenados sacerdotes 23.

Dios no eligió a los más inteligentes, ni a los más santos, ni a los más buenos. En mi curso había compañeros muy inteligentes, sabios, bondadosos, santos, de buen corazón, que no fueron sacerdotes.

Somos objeto de la predilección del amor de Dios. Eso es muy importante que lo vivamos y seáis conscientes de ello, para que no os entre jamás del orgullo de decir: “yo hago, yo realizo, yo convierto, yo consigo”. Simplemente tú has sido objeto del amor de Dios, procura ser un buen instrumento y no te jactes de nada, ni siquiera de tu elección, porque has sido elegido por amor.

Demos gracias, pues, a Dios porque el Señor ha querido elegir a tres candidatos, para que se preparen de modo más inmediato y profundo para recibir el ministerio sacerdotal. Ese es el sentido que tiene el rito de admisión. Es la elección de la Iglesia de unos candidatos, que se comprometen a partir de hoy a prepararse de modo más inmediato, serio, formal, profundo, para recibir el ministerio sacerdotal. Eso es lo que se os pide a vosotros tres, de un modo especial hoy, y también a los demás seminaristas.

5.- Permanecer en el amor de Dios, cumpliendo los mandamientos

El Evangelio de hoy nos ha dicho muchas cosas, pero quiero tocar solamente el binomio amor-obediencia.

«Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (Jn 15,10).

¿Qué quiere decir permanecer en su amor? «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15,9). Y para permanecer en mi amor tenéis que cumplir mis mandamientos, nos dice el Señor.

Binomio amor-obediencia. Ya me habéis oído otras veces lo que significa el término “obediencia” (ob-audiencia); no es necesario explicarlo otra vez.

6.- Amigos de Dios y no solo siervos

El que ama a otra persona, ¿qué es lo que hace? Estar pendiente del otro para ver qué necesita. No es un siervo que ejecuta órdenes. El Señor nos ha dicho: «Ya no os llamo siervo: porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15).

El enamorado, el que ama a otro no le obedece como un siervo o un esclavo; el que ama a otro está pendiente a la escucha, está mirándole, está contemplándole, ¿qué quieres?, ¿qué necesitas?; e incluso, sin realizar estas preguntas.

Jesús estaba pendiente de su Padre, a la escucha. Lo que ha escuchado del Padre nos lo ha trasmitido; lo que el Padre quería lo realizaba. Pero esa escucha era veinticuatro horas al día: “Señor, ¿qué quieres de mí? Padre, ¿cuál es tú voluntad? Lo que tú quieras, aunque a mí me duela”.

Y esa es la actitud que os pido hoy. Si queráis amar a Dios tenéis que estar en actitud de “obediencia”, de escucha atenta para realizar lo que os pida. Y si queremos ser buenos cristianos, todos, fieles, laicos, hombres, mujeres, seminaristas, sacerdotes, hemos de estar a la escucha del Señor. Debemos reforzar el binomio amor-obediencia; así no seremos ni esclavos, ni siervos, sino amigos del Señor.

¿Quién es el amigo? El que conoce al otro, lo ama, lo escucha, está atento a lo que necesita y obedece. Escucha atenta para realizar lo que necesita, lo que requiera en cada momento.

Vamos a pedirle al Señor por los tres candidatos, que hoy son admitidos de cara el ministerio sacerdotal. Le pedimos por cada uno de nosotros también, para que estemos en esa actitud de amor obediente.

Así estuvo la Virgen. La oyente de la Palabra que obedecía lo que escuchaba. Ella es nuestra madre y nuestro modelo. En este mes de mayo, mes dedicado a Ella de un modo especial, le pedimos su protección maternal, su cercanía, su ejemplo y su intercesión. Que así sea.

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