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Fiesta de María Auxiliadora (Santuario de María Auxiliadora, Málaga)

Publicado: 24/05/2013: 134

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Fiesta de María Auxiliadora (Santuario de María Auxiliadora, Málaga) celebrada el 24 de mayo de 2013.

FIESTA DE MARÍA AUXILIADORA

(Santuario de María Auxiliadora-Málaga, 24 mayo 2013)

 

Lecturas del día: Ap 12,1-3.7-9.17; Sal 15; Gal 4,4-7; Jn 2,1-11.

 

María, Auxilio de los cristianos en el mundo

1.- Hemos escuchado en el libro del Apocalipsis la descripción de unos signos: «Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1).

Esta Mujer, vestida de sol, está radiante, llena de luz, porque el Sol, Jesucristo, la ha iluminado con su presencia. Esta Mujer es la Virgen María, llena de gracia y hermosura, que se ha dejado transformar y embellecer por el Espíritu Santo.

Cuando el ángel Gabriel anunció a María de Nazaret que iba a ser Madre de Jesús, ella aceptó libremente la misión que se le confiaba y respondió: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

La Virgen se ha dejado moldear por el Espíritu Santo y ha sido dócil a su inspiración y a la invitación que se le ha hecho; una criatura humana se ha dejado transformar completamente, para ser divinizada como ningún otro ser humano lo ha sido.

2.- Hoy celebramos la fiesta de María Auxiliadora en este Santuario mariano, que nuestros hermanos salesianos regentan. En memoria del regreso a su sede pontificia, el día 24 de mayo de 1814, y como acción de gracias por la intervención de la Virgen María, Pío VII decretó que, en adelante, cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de “María Auxiliadora”. San Juan Bosco nació en esta época y vivió esta devoción; él la ha transmitido a sus hijos de congregación y a todos los fieles.

¿Por qué la Virgen María es Auxiliadora de los cristianos? La doncella de Nazaret, por gracia de Dios y don del Espíritu, ha sido hecha Madre del Hijo de Dios; por eso se ha convertido en madre de todos los hombres. Su maternidad fecunda la ha convertido en protección, ayuda y auxilio de quienes la aclaman como madre de todos los hombres, aunque algunos no lo sepan, aunque renieguen de Ella y de su Hijo; aunque algunos no quieran saber nada de Dios, la Virgen María es madre de todos. Quienes la honramos y veneramos recibimos de ella su mirada tierna y maternal.

Habéis venido a venerar a la Virgen. Los hermanos salesianos me contaban que durante todos los días de la novena este santuario ha estado repleto de devotos. Ella nos socorre y nos ayuda en todas nuestras necesidades; ella es la Madre, que cuida de todos sus hijos, incluso de los más rebeldes o de los que nos alejamos a veces de su Hijo; ella no pierde nunca su mirad maternal sobre todos nosotros; ella está a nuestro lado en cualquier circunstancia, favorable o desgraciada; ella nos acompaña en los sufrimientos y en las penas; pero también comparte nuestras alegrías y momentos de gozo.

Queridos fieles, acudid a María Auxiliadora, como decía Don Bosco: “En todos los peligros invoquen a María, y les aseguro que serán librados”. Confiados en esta fe, acudimos a María Auxiliadora para que nos proteja de todo mal y nos ayude a alcanzar la bienaventuranza del cielo.

3.- El domingo pasado celebrábamos la solemnidad de Pentecostés. La acción divinizadora del Espíritu Santo, que actuó en la Virgen María y en los apóstoles, sigue viva en nuestros días. Le pedíamos a Dios que siguiera obrando hoy las mismas maravillas que realizó en tiempos de los apóstoles. El mismo Espíritu, que fecundó con su gracia a la Virgen María (cf. Lc 1,35), puede fecundar hoy nuestros corazones y hacerlos fructificar, si somos dóciles a sus inspiraciones. María fue dócil al Espíritu y quedó fecundada porque aceptó la voluntad del Señor. Si nosotros aceptamos la voluntad de Dios, nuestra vida también será fecunda; pero, si decimos que no, nuestra vida será estéril. Ella nos anima a que llenemos nuestra vida de actos de amor y de alabanza a Dios y de veneración a ella y a los santos.

Nuestra sociedad necesita de la presencia, del testimonio y de la acción renovadora de los cristianos. Queridos fieles devotos, somos, como ha dicho el Señor: Sal y luz de la tierra (cf. Mt 5,13-14). Unidos a María Auxiliadora y con su maternal intercesión podemos colaborar para renovar el mundo y mejorarlo.

4.- Según la visión del libro del Apocalipsis la Mujer vestida de sol estaba encinta y gritaba con los dolores del parto (cf. Ap 12,2). Un gran dragón rojo entabló una batalla en el cielo contra Miguel y sus ángeles; y el dragón fue derrotado en el combate y arrojado con sus secuaces (cf. Ap 12,3-4.7-9).

Esa guerra sigue en pie contra los hijos de la fe. El dragón y sus secuaces, viendo que no podían vencer al Hijo de la Mujer, Jesús el Hijo de Dios, fueron a hacer la guerra a los cristianos, a los seguidores de Jesús. El dragón sigue haciendo la guerra contra «los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús» (Ap 12, 17). Esos somos los cristianos del siglo XXI.

Por ello necesitamos la ayuda de María Auxiliadora, para vencer en la batalla que el mundo tiene planteada contra los hijos de Dios. Por eso nos acogemos a Ella.

5.- En las Bodas de Caná de Galilea, a las que acudió Jesús con su Madre y los discípulos (cf. Jn 2,1-2), faltó el vino; y la madre de Jesús se lo comentó a su Hijo: «No tienen vino» (Jn 2,3). Ante la aparente indiferencia de la respuesta (cf. Jn 2,4), la Virgen insistió a los sirvientes que hicieran lo que Jesús les dijera (cf. Jn 2,5). María no se enfadó con su Hijo; más bien, como una buena madre, hizo lo que debía.

El milagro fue grande: la conversión del agua de seis tinajas, de unos cien litros cada una, en un sabroso y generoso vino (cf. Jn 2,6-9). Éste fue el primero de los “signos” que Jesús realizó en Caná de Galilea, manifestando así su gloria y creyendo los discípulos en él (cf. Jn 2,11).

Un signo que tiene la doble intencionalidad: manifestar la divinidad de Jesús y que los discípulos creyeran en él. Como el mismo Jesús dice: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn 17,3). Si nosotros creemos en el Hijo de Dios, ya gozamos de modo incoado de la vida eterna en este mundo. La otra vida, es decir, la vida eterna está ya presente en esta vida, gracias a la redención operada por Jesucristo. El Reino de Dios está ya presente en este mundo.

María, que intercedió ante Jesús por los esposos de Caná de Galilea, intercede también ante su Hijo por todos nosotros. Ella quiere nuestra participación en el Reino de Dios; ella nos auxilia y nos ayuda, para que creamos por fe en Jesucristo; ella nos anima a aceptar la acción salvífica de Cristo.

Queridos fieles y devotos, no seamos reacios ni remisos en aceptar la invitación a participar en estas grandes Bodas del Cordero con su Iglesia. Estamos de Bodas; no la de Caná de Galilea, sino las Bodas de Cristo con su Iglesia, de la que María es signo. María es Esposa de Cristo y Madre de la Iglesia. En esta Eucaristía participamos en las Bodas de Cristo con su Iglesia, donde está presente María; aquí se transforma el vino en la sangre de Cristo; es decir, en bebida sabrosa que lleva a la eternidad. ¿Qué más queremos?

6.- El significado de la singular cooperación de María en el plan de la salvación hay que buscarlo en una intención particular de Dios con respecto a la Madre del Redentor, a quien Jesús llama con el título de «mujer» en dos ocasiones especiales, a saber, en Caná de Galilea y al pie de la cruz (cf. Jn 2,4; 19,26).

San Pablo, en su carta a los Gálatas, remarca que Dios ha nacido de una mujer: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gal 4,4).

El papa Juan Pablo II nos recordaba la condición de María como “mujer”: “María está asociada a la obra salvífica en cuanto mujer. El Señor, que creó al hombre «varón y mujer» (cf. Gn 1,27), también en la Redención quiso poner al lado del nuevo Adán a la nueva Eva. La pareja de los primeros padres emprendió el camino del pecado; una nueva pareja, el Hijo de Dios con la colaboración de su Madre, devolvería al género humano su dignidad originaria. María, nueva Eva, se convierte así en icono perfecto de la Iglesia. En el designio divino, representa al pie de la cruz a la humanidad redimida que, necesitada de salvación, puede dar una contribución al desarrollo de la obra salvífica” (Catequesis La Virgen María, cooperadora en la obra de la redención, 3, Vaticano, 9 abril 1997).

Un texto precioso, que desmiente la crítica negativa que a veces se hace a la Iglesia por el rol de la mujer en la misma; la Iglesia no desprecia a la mujer. Una cosa es hablar de la dignidad e igualdad entre varón y mujer, y otra es el tipo de rol, función o misión que cada uno desempeña. A la mujer corresponde llevar en su seno al hijo engendrado y dar a luz; esta función no la puede asumir un varón. La técnica y la medicina puedan hacer muchas cosas; pero pueden ser “barbaridades” antropológica y moralmente consideradas. La misión de ser madre corresponde a la mujer; y la misión de ser padre corresponde al varón. Jesús, el Hijo de Dios, se hizo varón y ejerció la misión encomendada por el Padre-Dios. María fue mujer y le correspondió ejercer su misión como madre. No confundamos la misión diferente que cada cual tiene con la dignidad.

7.- Hoy damos gracias a Dios, porque hace setenta y cinco años fue bendecida la imagen de María Auxiliadora, que nos preside. Los fieles cristianos y devotos de María vienen a venerar esta imagen durante todo el año, pero de manera especial durante los días de la novena y de su fiesta.

En la oración colecta de la misa de hoy le hemos pedido a Dios, que ha constituido a la Madre de su amado Hijo el ser madre y auxiliadora del pueblo cristiano, que concede a su Iglesia vivir bajo su protección y alegrarse con una paz duradera.

Ésta es nuestra oración en esta tarde, queridos hermanos. Queremos vivir bajo el auxilio de María Santísima; bajo su mirada maternal y protectora; bajo su solicitud delicada y femenina, que percibe nuestras necesidades; bajo su atenta diligencia, que resuelve nuestros problemas.

¡Virgen y Madre de nuestro Redentor, llévanos a Jesús, Salvador del mundo! ¡Santa María, madre nuestra, sé nuestro Auxilio y nuestro valimiento! ¡María Auxiliadora, vela por tus hijos, que tanto te aman y te veneran! Amén.

 

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