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Visita pastoral a la parroquia de NªSª del Carmen (Málaga)

Publicado: 01/03/2014: 88

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la visita pastoral a la parroquia de NªSª del Carmen en Málaga el 1 de marzo de 2014.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE NªSª DEL CARMEN

(Málaga, 1 marzo 2014)

Lecturas: Is 49, 14-15; Sal 61, 2-9; 1 Co 4, 1-5; Mt 6, 24-34.

(Domingo Ordinario VIII – Ciclo A)

1.- El Señor no olvida a sus hijos.

Hemos escuchado en el profeta Isaías una preocupación que también nosotros tenemos a veces. El profeta, refiriéndose al pueblo de Sión dice lo que piensa este pueblo; y fijaos porque es una actitud que también podemos tener o pensar nosotros en algún momento: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado» (Is 49, 14).

A veces pensamos que porque el Señor no atiende a las peticiones que le hacemos nos ha olvidado. “Le he pedido una cosa y no me escucha”. “El Señor me ha abandonado. Él no hace lo que yo quiero”.

Pero, ¡vamos a ver! ¿Hemos cambiado los papeles? ¿Dios está a tu servicio o tú estás al servicio de Dios? ¿Dios tiene que hacer lo que yo quiero y le pido o somos nosotros lo que tenemos que decir “hágase tu voluntad”?

                Y el profeta contesta a Sión y a nosotros: «¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo el Señor no te olvidaré» (Is 49, 15).

                Dios no olvida nunca a sus hijos, y nosotros ¡somos sus hijos! Por ser seres humanos creados a su imagen y semejanza somos sus hijos; por ser bautizados somos, además, hijos adoptivos; y, más aún, el Hijo único de Dios ha dado su vida por nosotros. ¡Cómo nos va a abandonar Dios!

                Tenemos que cambiar nuestra mentalidad y ponernos en el lugar de la criatura, del ser creado por Dios, del hijo, y no ponernos en el lugar del Señor.

2.- Dios es descanso y refugio de quien confía en él

Dios, además de no olvidarse de nosotros por ser hijos suyos, es descanso y refugio de quien confía en Él. ¡Cuidado!, descanso y refugio de quien confía en Él, porque si uno confía en sus propias fuerzas, allá él a dónde llegará.

Tanto el Salmo 61, que hemos cantado y rezado, como el Evangelio desglosan esta realidad de que Dios es descanso y refugio.

El Salmo 61 dice –y nos hemos identificado con esta actitud–: «Solo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; solo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré» (Sal 61, 2-3). «Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón: Dios es nuestro Refugio» (Sal 61, 9).

¿Cuántas veces descansamos en el corazón de Dios? ¿Cuántas veces ponemos nuestro corazón en sus manos, nuestras preocupaciones, nuestras alegrías, nuestras esperanzas, nuestras penas… realmente confiando en el Señor?

¡Confía en el Señor! ¡Cuéntale tus cosas! ¡Háblale! ¡Ten confianza en Él! Aunque no te resuelva los temas con la urgencia que tú quieres y el modo que tú quieres y deseas; porque Él tiene sus caminos, sus tiempos no son los nuestros. Sus caminos no son los nuestros.

   Nos toca acoplarnos al Señor, adecuarnos a su forma de ser, no le pidamos que Él se acople a nuestra forma de ser.

   Y el Evangelio, en esa misma línea, hemos escuchado que nos dice: «No estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?» (Mt 6, 25-27).

Estamos en manos de Dios, dejémonos en sus manos. Nadie puede añadir un centímetro a su estatura, ni un minuto a su vida, por mucho esfuerzo que hagamos, nadie (cf. Lc 12, 25). Y por muchas medicinas que tomemos no vivimos más. Si vivimos es porque el Señor quiere. Cuántas veces ha habido personas con enfermedades muy graves y al final no han muerto de esa enfermedad, sino que han muerto de otra cosa.

Es importante que revivamos nuestra relación con Dios Padre, Él es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos. Hijos amados en el Hijo que nos amó hasta el extremo. Eso ha de darnos una grandísima confianza.

3.- Visita pastoral

En esta Visita pastoral hemos intentado tener un encuentro del Obispo, el Pastor, con todos vosotros. Nos hemos podido saludar, encontrar y compartir las preocupaciones que tenemos.

Lógicamente, os lo decía en el encuentro previo de esta tarde, que el Obispo no ha venido solo para alagaros los oídos. Os felicita por todo lo que trabajáis y está contento por todo lo que hacéis. Y el Obispo sabe que ésta es una comunidad viva, con mucha vitalidad, con muchos grupos; pero también, os decía que venía a “hacer de abogado del diablo”. A veces hay que rectificar el tiro o el giro. Esto era antiguamente una zona de pescadores, pues el timón no hay que dejarlo suelto, pues como no dirijas bien la barca se va a la deriva. Y si la barca va hacia un escollo y va a romperse, hay que virar con suavidad para evitar los escollos y lo que vaya a destrozar el barco, manteniendo siempre la mano en el timón. Y eso es lo que deseamos hacer.

Cada año la Diócesis propone unos objetivos prioritarios o unas prioridades pastorales para poner el norte de nuestro rumbo y dirigir la Diócesis, para que trabajemos al unísono todos, tirando todos en la misma dirección y en el mismo sentido. De esa forma podremos avanzar mejor.

Os animo, por tanto, aunque ya lo hacéis, a seguir la dirección que va indicando el rumbo de la Diócesis. Cada Diócesis, cada comunidad cristiana, cada familia cristiana tiene su rumbo propio y hay que sintonizar con ese rumbo, y remar todos en la misma dirección.

Ésta es una buena metáfora para un barrio de pescadores; aunque, realmente ¿cuántos pescadores sigue habiendo en este barrio? ¿Cuántas personas que vivan del mar hay hoy aquí? ¿Ninguna? El Perchel ya no es perchelero. Creo que la única perchelera que hay aquí es la Virgen del Carmen, ¿no es así?

Es importante que asumamos todos el compromiso bautismal. En el bautismo nos hemos hecho hijos de Dios y el bautismo tiene su compromiso: vivir como hijo de Dios y darlo a conocer. Ser testigos del amor que yo vivo, que yo experimento de Jesús.

Estamos en una sociedad muy secularizada, a la que no le interesa las cosas de Dios. Decíamos en la asamblea de esta tarde, previa a esta celebración, que somos fermentos en la masa, somos minoría, somos unos pocos en medio de un gran océano. El ser fermento, aunque somos pocos, va transformando la sociedad. Que la luz del Evangelio pueda transformar las estructuras, las leyes, las costumbres, la cultura, el lenguaje. Esa es nuestra tarea a la luz del Evangelio, que no es nuestra luz.

Hemos de animarnos a la nueva evangelización a la que nos están llamando los últimos papas. Y a esta tarea estamos llamados todos, pues desde el compromiso bautismal tenemos esa tarea y esa misión. Asumámosla. En la familia, en la vecindad, en el trabajo, en la empresa, donde sea.

A veces tenemos que desarrollar esta tarea de un modo callado. El papa Benedicto XVI, en su primera Encíclica Deus caritas est, nos decía que el cristiano sabe cuándo debe hablar y exponer explícitamente sus razones de fe, y cuándo debe saber callar y actuar sin grandes alardes, sino de forma callada, testimonial.

Tenemos que aprender a saber hablar y a saber callar. A saber, dar testimonio de forma explícita y, otras veces, con la conducta, con la vida, sin más.

4.- Somos servidores de Dios. Ser fieles a la misión que él nos confía

Pablo en la carta a los Corintios, nos ha dicho esta tarde, que somos servidores de Dios y hemos de ser fieles a la misión que el Señor nos confía. Nos plantea el siguiente reto: «Que la gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios» (1 Co 4, 1). Que no vea en nosotros competidores o gente que va buscando los intereses terrenales, sino que solo vea en nosotros que somos servidores de Dios.

Y nos plantea la cuestión sobre qué es lo principal de un buen administrador de Dios. Para indicarnos que lo principal de un administrador es la honradez, que sea fiel. «Lo que se busca en los administradores ‒dice san Pablo‒ es que sean fieles» (1 Co 4, 2).

Seamos fieles a lo que el Señor nos pida, no a nuestros planes y programas. Si somos servidores de Cristo, testigos del Evangelio y administradores de los misterios de Dios seamos fieles. Hagamos lo que Él nos pida, no nuestros caprichitos. A veces, somos muy caprichosos y queremos hacer nuestras cosas, nuestros planes. Hay que hacer lo que Él te pide y no te preocupes de más.

5.- Buscar el Reino de Dios

El Evangelio de Mateo que hemos proclamado hoy nos invita a «buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura» (Mt 6, 33).

¿Qué características tiene ese reino? ¿Es un reino de qué? Un reino de paz, de amor, de perdón, de misericordia, de libertad, de verdad, de luz… Esas son las características del reino de Dios.

Esto enlaza con la idea de vivir en la confianza en Dios que Él sabe de vuestras necesidades. Sabe que necesitáis comer y vestiros, eso ya os lo dará, no os preocupéis. Buscad el reino de Dios y su justicia, buscad lo que Él quiere, buscad la presencia suya en el mundo. Buscad transformar la sociedad, lo demás ya lo hará Él.

Ésta debe ser la primera preocupación del cristiano. El discípulo está llamado a vivir como hombre de fe en Dios, hombre de fe, hombre de oración.

Y nuestro testimonio con que nos vean debería ser suficiente, lo que ocurre es que no siempre nos comportamos como hombres de Dios, como hombres de fe, como hombres de oración; a veces, parecemos paganos, gentiles porque vivimos como ellos.

Éstas no son palabras mías, éstas no son palabras del Obispo de Málaga, son palabras de Dios, palabras del profeta, palabras de Pablo, palabras de Mateo, palabras de Jesús. Solamente comparto esta preocupación con vosotros.

Os felicito por todo lo que estáis haciendo, por cómo lo vivís; pero tengo que deciros, con la Palabra en la mano, que necesitamos confiar más en el Señor, vivir más como hombres de Él, ser buenos y fieles administradores de Dios y testigos de su Evangelio.

El Perchel y Málaga espera de vuestro testimonio y lo necesita. No sólo lo espera, porque el mundo, aunque nos rechace y nos vitupere, nos necesita. Y ciertamente, si no hubiera cristianos en nuestra sociedad estaría el mundo mucho peor de lo que ya está. No se podría vivir en este mundo. Sin amor y sin la luz de Dios la vida es fría, es un desastre la vida humana.

Los cristianos somos los administradores que debemos alumbrar con la luz de Cristo esta sociedad que, aunque reniegue de Dios necesita a Dios. Así que sois imprescindibles, sois necesarios, metéoslo en la cabeza.

Termino pidiéndole a la Virgen del Carmen que nos acompañe, que nos ayude y que nos proteja. Que la consideremos y que sea de veras Madre nuestra. Acudamos a Ella con gran confianza de hijos. Ella que ha sido la primera y más creyente, la auténtica fiel de Dios, sabe mucho de cómo tenemos que servir a Dios. Pues mirémosla, contemplémosla y que nos diga cómo debemos de hacer nosotros hoy como Ella hizo hace dos mil años en las tierras de Palestina.

Que la Virgen del Carmen nos ayude, nos acompañe y nos proteja. Que así sea.

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