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Funeral del Rvdo. Alfonso Rosales Trujillo (Parroquia de la Divina Pastora-Málaga)

Publicado: 10/03/2014: 111

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo del funeral del Rvdo. Alfonso Rosales Trujillo en la parroquia de la Divina Pastora, en Málaga el 10 de marzo de 2014.

FUNERAL DEL RVDO. ALFONSO ROSALES TRUJILLO

(Parroquia de la Divina Pastora-Málaga, 10 marzo 2014)

Lecturas: Lv 19,1-2.11-18; Sal 18; Mt 25,31-46.

1.- Estamos al inicio del camino cuaresmal en el que la liturgia nos ayuda a centrar nuestra vida. Las lecturas de hoy son como la síntesis de un programa cristiano, del programa que el fiel debe tener presente para actuar como nos pide el Señor.

El libro del Levítico ha remarcado que Dios es el Señor, que es nuestro Dios (cf. Lv 19, 3c). Ayer, primer domingo de Cuaresma, se nos presentaban las tentaciones que el diablo hizo a Jesús, (en el fondo son una única tentación: la de no servir Dios, al Dios único, sino servir a los dioses que uno lleva dentro). Y hoy se nos recuerda que el Señor es uno solo, nuestro Dios.

2.- Hay dos formas de vivir esta realidad de Dios, nuestra única gran realidad, la de que Él es nuestro Dios y nosotros criaturas suyas:

La primera, el Decálogo. El Levítico ha hablado de lo que significa la Palabra de Dios. Sus palabras son vida, son Espíritu, son caminos de luz, son caminos de amor. Quien viva y practique el Decálogo, las diez palabras de vida, irá a la vida eterna.

La segunda forma, la presenta el texto de Mateo del evangelio que hemos escuchado: las obras de misericordia. Son como dos complementos para la vida del cristiano. Por una parte, la Palabra de Dios que nos ilumina con las diez palabras de vida: compórtate como hijo de Dios, respeta a tu Dios y ama a tu prójimo; y por la otra parte se nos presentan las obras de misericordia: atiende al que está necesitado, visita al enfermo o al que está en la cárcel; haz con el prójimo lo que tú quisieres que hagan contigo, pues haciéndolo así, se lo estás haciendo a Dios.

Dos formas, pero dos vías de comportamiento de cómo se puede vivir la santidad. La invitación es: «sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19, 2b). El Señor nos hace santos. Pero nos invita a vivir de esa doble manera: desde la vivencia del Decálogo y las obras de misericordia.

3.- Hoy pedimos por nuestro hermano Alfonso, que fue durante casi 30 años párroco de aquí, fue pastor en la parroquia de la Divina Pastora. Ella le acompañó en ese pastoreo que hizo sobre vosotros y sobre vuestros antepasados.

Pedimos para que el Señor le haga santo, como hemos pedido en la liturgia de esta mañana: que lo haga santo. Que la santidad de Dios lo llene por dentro, lo transforme, lo ilumine. Ahora ya no tiene limitaciones humanas. Ahora ya no tiene que recorrer el camino que recorremos aquí, en el desierto. Ya no le hace falta participar del pan de la eucaristía, que es pan del camino. Ya no le hace falta realizar obras de misericordia, ya las realizó mientras vivía con nosotros. Ya no necesita cumplir los mandamientos, ya lo intentó aquí.

Por eso, que el Señor le conceda el perdón, el amor y la paz eterna. Esto es lo que le pedimos por nuestro hermano Alfonso.

4.- Quiero agradecer su largo servicio, como hemos escuchado en la semblanza espiritual al inicio de esta celebración. Su largo servicio a la diócesis de Málaga de la que es oriundo, a cuya capital ha regresado, a su mismo barrio y a su misma parroquia, en la última etapa de su vida sacerdotal. Agradecerle ese servicio callado que durante tantos años ha hecho a la Diócesis como un buen pastor que acogía, que se acercaba, que estaba con los que lo necesitaban.

El sábado por la mañana, el grupo de obispos de las archidiócesis de Granada y de Sevilla tuvimos la alegría de poder encontrarnos personalmente con el papa Francisco en un largo diálogo, de más de una hora, donde se habló de todas nuestras preocupaciones. Le comunicamos lo que nos embargaba el corazón, las alegrías y la penas. Él contestaba nuestras palabras o las comentaba. Al final del diálogo, después de esa larga hora, insistió y a todos se nos quedó como una plegaria, un ruego, un ánimo, pues nos dijo: «estad cerca de la gente, estad cerca del que sufre, del necesitado y de todo ser humano necesitado: del inmigrante, del enfermo, del encarcelado, del pobre que pasa a nuestro lado, del vecino, del feligrés de la parroquia. Hay que estar cerca de cada uno.

Nuestro hermano Alfonso en su ministerio pastoral ha estado cerca de los que el Señor puso en su camino. Y aunque hay diversas formas de estar, él con su sencillez, con su estilo, ha estado cerca.

5.- Que el Señor le premie ahora y le dé, -no como premio por sus obras, pues sabemos que la vida eterna es un regalo infinito que nadie merece, nadie, pues el Señor nos lo dio con su muerte y resurrección-, por eso, pedimos que el Señor le regale ahora, no como premio a sus buenas obras, que las tuvo; sino como don, que le regale la vida eterna, la luz pascual. Esa luz que simbólicamente hemos encendido en el Cirio Pascual; esa luz que le acompañó desde el momento del bautismo e iluminó su vida y su camino; el camino y peregrinación que él ya ha completado. Por eso, que el Señor le conceda su Luz. Que esté ya cara a cara, ante el Señor y Dios de la vida. Que este sea nuestro ruego y esperanza.

Por eso, que esta plegaria fraterna nos anime a vivir a cada uno de nosotros en la línea que nos marcaba antes el libro del Levítico y el Evangelio de Mateo. El Señor es nuestro Dios, no lo olvidemos. No nos hagamos otros dioses, no nos erijamos en el lugar de Dios, no lo suplantemos, porque si no Él nos rechazará cuando lleguemos a su presencia. Que vivamos esa presencia, ese poderío, esa omnipotencia de lo que significa Dios en nuestra vida, el único Dios y Señor, como nuestro hermano Alfonso intentó vivir también en su vida.

6.- Pedimos al Padre, que lo acoja. Y a la Virgen, a la Divina Pastora, titular de la parroquia, que lo acompañe con los ángeles ante la presencia de Dios. Y que, porque creyó con la luz de la fe que le permitió intuir y alumbrar el rostro de Dios en las personas que se le acercaban, pedimos que se convierta en su visión gozosa, cara a cara con Dios. Esta es nuestra oración por él y también y por cada uno de nosotros, para que nos animemos a seguir este camino. Que así sea.

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