DiócesisHomilías

Visita Pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación (Yunquera)

Publicado: 20/06/2013: 81

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Visita Pastoral a la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación (Yunquera) celebrada el 20 de junio de 2013.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN

(Yunquera, 20 junio 2013)

 

Lecturas: 2 Co 11,1-11; Sal 110; Mt 6,7-15.

1.- Un saludo al párroco, Rvdo. Jesús Hurtado y al arcipreste, Rvdo. José-Luis Pastor que están concelebrando conmigo. También han venido el hijo de vuestro pueblo, el Rvdo. José Villasclaras; y concelebra igualmente el Rvdo. Miguel-Ángel Martín, párroco de Alozaina y Tolox.

Por cierto, tanto D. Jesús como D. Miguel-Ángel ayer celebraron el tercer aniversario de su ordenación sacerdotal. Tengo la alegría de haberles impuesto las manos. Así que damos gracias a Dios por ellos y por todos los sacerdotes.

Hoy es un día muy especial para Yunquera celebramos esta Visita Pastoral del encuentro del Obispo con los fieles. Nos hemos visto desde esta mañana, hemos rezado en el cementerio por vuestros antepasados y después hemos visitado muchos enfermos. Tengo que decir que es el pueblo que más enfermos he visitado, con mucho. Porque han sido reunidos en cuatro o cinco casas y en cada una de ellas había varios. Entonces, hoy ha sido un día muy especial, sobre todo de cercanía con los enfermos.

Después hemos tenido un diálogo y otros encuentros. He estado también rezando ante la imagen de NªSª de Porticate. Y culminamos la Visita Pastoral con esta Eucaristía Solemne, llamada Estacional, presidida por el Obispo en la cual, además, un buen grupo de adultos vais a recibir la confirmación. Todo eso es motivo de dar gracias a Dios y de animarnos mutuamente a vivir la fe.

2.- San Pablo comienza su carta a los Corintios con cierto reparo y por la confianza que les tiene les pide comprensión: “Espero que toleréis lo que os voy a decir”. Aunque textualmente le dice una frase más fuerte: «¡Ojalá me toleraseis algo de locura!; aunque ya sé que me la toleráis» (2 Co 11,1).

En primer lugar, les reprende a los corintios porque él les evangelizó y les presentó a Jesucristo tal y como es: Jesucristo, hijo de Dios, nacido de María, muerto en la cruz por nosotros y resucitado. Ese es el núcleo del Evangelio. Y dice a los Corintios: «se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que os he predicado, u os propone recibir un espíritu –el Espíritu de la confirmación– diferente del que recibisteis, o aceptar un Evangelio diferente del que aceptasteis, lo toleráis tan tranquilos» (2 Co 11, 4).

Espero que no os suceda a vosotros esto, espero que os mantengáis fieles a Jesucristo, a la verdadera fe de la Iglesia. Estamos en este Año de la Fe. Necesitamos purificarla, necesitamos conocerla mejor; pero, sobre todo, no es un tema de conocimiento, sino de vida. Hemos de tener un encuentro personal con Jesucristo. Y es cierto, que nuestra sociedad nos presenta a través de algunas personas, de los medios de comunicación, de intereses que pueda haber, un Jesús diferente del Jesús que predica la Iglesia.

3.- El otro día tuve ocasión de dar una conferencia en un Foro llamado “Fórum Europa”, donde había más de doscientas personas de muy distinta profesión y nivel. Había políticos, economistas, empresarios, medios de comunicación, profesores de Universidad… mucha gente. Y les hablé de la tarea del cristiano en el siglo XXI. ¿Cómo ser testigos hoy? ¿Cómo ser testigos en el siglo XXI?

Tenemos un ejemplo precioso en un paisano vuestro, Juan Duarte, cuya imagen después bendeciremos. Dio testigo de la fe, de ese Cristo Hijo de Dios, y lo dio con su vida.

¿No nos pasará a nosotros como les pasaba los corintios y que san Pablo les dijo: “es que toleráis cualquier cosa que os dicen”? Llega uno diciendo que no creen en la vida eterna o que cree en la reencarnación de los muertos o que no acaba de aceptar el Magisterios de la Iglesia y lo toleráis.

A raíz de esa conferencia he recibido críticas, correos, comentarios en los periódicos en contra de algunas cosas que sostiene la Iglesia. He recibido contestaciones de gente que dice que no está de acuerdo. Pues si no está de acuerdo lo siento, pero no podemos cambiar la fe de la Iglesia, no somos quiénes para decir que Jesucristo no es Dios. Un señor me escribió diciendo que el historiador Plinio habla de Jesucristo como “un tal Jesús, judío, que murió en la cruz”, pero no sabemos si era Dios.

4.- Vamos a ver, lo que cada uno piense tendrá que responder ante Dios; pero la fe de la Iglesia dice que ese judío que murió bajo el poder de Poncio Pilatos, ese, profesamos que es Hijo de Dios. Y que su muerte no es una muerte cualquiera, es una muerte redentora, salvadora, que nos ha salvado, que nos ha liberado de nuestros pecados, que nos ha devuelto la amistad con Dios.

El Evangelio que predica Pablo a los Corintios y que predica la Iglesia hoy hay que cogerlo en su conjunto y no vale decir. Un servidor recibo cartas que comienzan diciendo: “soy cristiano, católico, apostólico y romano, pero…” Ya empieza el “pero”: “pero no acepto o no estoy de acuerdo con la Iglesia cuando habla sobre el matrimonio, sobre la vida, sobre el aborto, sobre tantas cosas”. Entonces, esta persona no es ni católico, ni apostólico, ni romano.

El Evangelio de Jesucristo es el que nos predicaron los Apóstoles y predicó Pablo; no hay otro y está escrito, lo podemos leer. Esa es la doctrina del Evangelio, la doctrina de Jesucristo, la doctrina que nos transmitieron los Apóstoles. No nos inventemos un Cristo que no corresponde con la verdad. Si es Dios, es Dios, Si es hombre, es hombre. Y si es Dios y hombre, es Dios y hombre; pero no puedo cambiar a mi antojo lo que me gusta.

5.- Algunos dicen: “Yo soy cristiano, sí; pero, esto no me gusta y eso lo rechazo; aquello no me gusta, aquello no me lo creo”. No podemos hacer selección de lo que nos gusta. La fe es un encuentro personal con una persona llamada Cristo y es esa persona la que te ama en vida a ti. No puedo coger parte de una persona. Cuando amáis a alguien u os enamoráis de alguien, ¿os enamoráis solo de una parte de esa persona? La amáis totalmente, en el caso nuestro, con las cosas buenas y con los defectos. Pero no le amáis sólo una parte, amáis a la persona toda entera.

A Jesucristo hemos de amarle como es: Dios y hombre, que me ama hasta dar la vida por mí y que me invita a una relación personal. Por tanto, hemos de quitar los sustitutivos de lo que es Jesucristo, de lo que es el cristianismo, de lo que es la Iglesia. Ser cristiano es seguir a Jesucristo, el Hijo de Dios, y no los apaños que hacemos o que quieren que hagamos.

O cuando alguien nos dice que como nosotros no cambiemos nos vamos a quedar sin cristianos. Eso me decía una persona a través de una carta que recibí antes de ayer, a raíz de unas declaraciones de la Conferencia Episcopal. Nos echan en cara que no estamos actualizados, que nos estamos a la moda. ¡Pero si las modas también pasan!

La fe de la Iglesia lleva dos mil años predicándose y viviéndose, y no podemos cambiarla a nuestro antojo.

Queridos confirmandos, vosotros recibisteis todos en el bautismo la imagen de Jesucristo. Hoy vais a recibir el don del Espíritu para que esa imagen la impregnéis más aún. Vais a recibir el sello del don de Cristo, el sello del don del Espíritu, que os dará fuerzas para ser figuras vivientes de Cristo; testigos de Cristo. ¡A ver cómo lo somos en esta sociedad! Que seamos testigos claros, sin ambigüedades, sin distorsiones, sin manipular la verdad de la fe. Eso es lo que está pidiendo Pablo a los Corintios y eso os pido como Obispo a los vecinos de Yunquera.

6.- Antes de la misa he dialogado con el Consejo de economía, a quienes he agradecido y quiero agradecer el esfuerzo que estáis haciendo por colaborar a la gran reforma que se ha hecho en la parroquia.

San Pablo les dijo a los corintios: «Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesitado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mi necesidad. Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada» (2 Co 11,9).

Quiero agradeceros, en primer lugar, el esfuerzo que estáis haciendo por colaborar; pero ya os explicarán los miembros del Consejos cómo funciona la economía de la Iglesia Católica, por tanto, la economía de la parroquia, de la diócesis de Málaga y de la Iglesia Universal. Es una familia que compartimos los bienes. Hacemos un fondo común en las diócesis para las necesidades entre todos.

Ahora la diócesis os está ayudando, aunque habéis hecho un gran esfuerzo, pero os está ayudando a pagar las obras que hemos hecho aquí. Gracias a otros cristianos de otros pueblos que ponen en el cepillo o en el banco una cuota, una colecta o un donativo. Ya os lo explicarán los miembros del Consejo; lo lanzo aquí. Agradezco vuestra generosidad, pero pensad que hay otras iglesias y comunidades tan necesitadas o más, que vosotros. Hemos de compartir.

7.- El Evangelio de hoy, de san Lucas nos ha narrado el momento en que Jesús enseña a orar a los Apóstoles y les enseña el Padrenuestro.

Antes, en la reunión que hemos tenido de los distintos grupos, recordáis que hemos hablado de la Iniciación Cristiana. Quiero retomar la palabra “iniciación”. Jesús inició en la oración a sus Apóstoles y le enseñó a orar orando. ¿Cómo tenéis que transmitir la fe vosotros a las generaciones jóvenes, a vuestros hijos? Iniciándoles en la oración; por tanto, orando con ellos; celebrando la Eucaristía con ellos; recibiendo los sacramentos con ellos; enseñándoles a vivir según la moral de la Iglesia Católica, no según las modas; y, viviendo, aceptando la fe sin rebajas que nos enseña el Magisterio, el Cristo auténtico, sin rebajas, sin deformaciones.

Os animo a que iniciéis en la fe a las nuevas generaciones. Educar en la fe es iniciar, hacer que el otro lo practique, lo viva. La fe es una relación de amor, una relación personal. La fe no es conocer cosas solo, es vivirla. Por eso os animo a iniciar a la fe a los no creyentes y a educar en la fe a vuestros hijos.

8.- Hoy vamos a bendecir esta hermosa figura de Juan Duarte, vuestro paisano que supo dar la vida por la fe en Cristo. Si no hubiera conocido cosas de Jesús no hubiera entregado su vida, pero Él era consciente de que Cristo dio la vida por él, y él fue capaz de darla por Cristo. Y sufrió una pasión uniéndose a la pasión de Cristo. Esa fuerza le vino por el Espíritu Santo que recibió en el bautismo, en la confirmación y en la ordenación de diácono. No hubiera podido resistir con solas las fuerzas suyas. Y no podéis ser testigos en esta sociedad sino recibís la fuerza del Espíritu, es imposible.

Nuestra fuerza es débil. Pedro negó a Jesús, después se arrepintió, pero lo negó. Necesitamos la fuerza de Jesucristo y de su Espíritu para ser testigos valientes. Y no es fácil ser testigo hoy de Jesucristo.

Vamos a pedirle a la Virgen, en primer lugar, que nos ayude como Ella aceptó el don del Espíritu Santo y quedó transformada y nos regaló a Jesucristo. Y vamos a pedir también la intercesión del Beato Juan Duarte. Que ellos con su intercesión y oración ante Dios Padre y Jesucristo nos ayuden a ser buenos testigos en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Que así sea.

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo