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Visita Pastoral a la parroquia de San Sebastián (Gaucín)

Publicado: 23/06/2013: 87

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Visita Pastoral a la parroquia de San Sebastián (Gaucín) celebrada el 23 de junio de 2013.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE SAN SEBASTIÁN

(Gaucín, 23 junio 2013)

 

Lecturas: Za 12,10-11;13,1; Sal 62,2-9; Gal 3,26-29; Lc 9,18-24.

(Domingo Ordinario XII-C)

1.- El Señor nos convoca en este día con motivo de la Visita Pastoral a esta comunidad cristiana de Gaucín.

En el Salmo que hemos cantado le hemos dicho al Señor que nuestra alma estaba sedienta de Él: «Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío» (Sal 62,2-9).

¿Vosotros os imagináis la tierra reseca cuando espera la lluvia? ¿Qué le ocurre a una tierra que no está regada, que no tiene agua y que pasan meses y meses en los que no cae una gota de agua? ¿Esa tierra cómo se encuentra?, ¿es fecunda?, ¿está esponjada?, ¿puede recibir una simiente para acogerla en su seno y que germine en ella, puede hacerlo? No.

¿Qué necesita la tierra para acoger una semilla y que en su seno germine, se haga una planta y produzca fruto? Que la tierra esté esponjada por el agua, que esté mullida, que esté blanda, que pueda penetrar la semilla dentro, que pueda acoger esa semilla.

Así le pasa al alma si no está en condiciones, si no tiene esa agua que la reblandezca y le dé vida. La Palabra de Dios no entrará dentro del alma, no producirá frutos el alma. Cuando el alma esta sedienta como tierra agostada sin agua, de lo que está sedienta es de la Palabra de Dios, del Espíritu, de la gracia del Señor.

2.- Hoy un grupo de feligreses de la parroquia van a recibir el don del Espíritu. Y el don del Espíritu es la gracia que nos transforma y nos convierte de tierra reseca en tierra fecunda, tierra blanda, tierra que acoge la Palabra.

¿Recordáis la parábola del Señor cuando dijo que el sembrador salió a sembrar? Esparció la semilla, parte de esa semilla cayó entre piedras, no tenía tierra, consistencia. Otra parte cayó entre espinos y cuando crecieron los espinos la ahogaron. Otra parte cayó en el camino y las aves se la comieron o la pisaron los transeúntes. Sólo aquella semilla que cayó en tierra buena, fecunda, esa semilla brotó y dio fruto (cf. Mt 13,3-9).

Así estamos nosotros, queremos dar frutos de fe, de amor, de esperanza, de las tres virtudes teologales que son las que nos sitúan en comunión con el Señor, con Dios. Si queremos dar fruto hemos de ser como esa semilla que cae en tierra buena.

Le pedimos al Señor que nos llene del don de su rocío: el Espíritu. Del don de Cristo, agua de manantial. Cristo es el agua viva. En la conversación que tuvo con la samaritana, junto al pozo de Jacob, en Sicar, la samaritana iba a sacar agua, pero volvía cada día a sacar agua, porque esa agua no apagaba su sed. Y Jesús le dijo: “Si supieras quién te pide de beber le pedirías tú agua a Él, porque Él, el Hijo de Dios, tiene un manantial de agua que salta hasta la vida eterna, que sacia de veras la fe” (cf. Jn 4, 1-26).

3.- Todo hombre tiene sed de felicidad. ¿Vosotros no buscáis la felicidad? A ver, ¿quién no busca ser feliz? Sólo que no sabemos bien dónde encontrar esa felicidad, algunos creen que la encuentran en unos sitios donde no está.

Volviendo al tema del agua y del manantial, hay gente que bebe del manantial y encuentra la felicidad, sacia su sed; pero hay otros que beben de charcos, de pozancos, de agua de lluvia que han pisoteado los animales y que no es potable. Cuando alguien bebe de ese tipo de agua no sacia su sed. Pero cuando alguien acude a Cristo y su Palabra sí que puede saciar su sed; su sed de eternidad. Vamos a pedirle al Señor que nos de esa agua viva, su manantial.

4.- Pablo, en la carta a los Gálatas nos ha dicho: «Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo» (Gal 3,26-27).

Este otro ejemplo, es precioso. El hombre cuando está en pecado su traje es un traje viejo, raído, roto, maloliente… Ese traje viene cambiado por un traje refulgente, lúcido, blanco: el traje que nos regala Cristo en el bautismo. No es un traje físico, es un traje del que somos revestidos, somos revestidos de Cristo, del amor de Cristo, de la fe, de la esperanza cristiana. El Señor nos reviste, nos quita el traje viejo y nos pone un traje nuevo con la marca de la imagen de Cristo. Estamos hechos a imagen de Dios y en el bautismo se nos da la imagen de Cristo de una forma indeleble, para siempre, imborrable.

En la confirmación seréis crismados de nuevo para recibir esa imagen de Cristo, la imagen que ha podido borrarse por el pecado, esa imagen será reconstruida en vuestra alma. Los confirmandos hoy volveréis a recibir ese traje que Cristo nos regaló en el bautismo. Un traje que hemos podido desfigurar, ensuciar. Ahora volveremos otra vez a encontrar ese traje limpio, refulgente, con la imagen de Cristo.

Se os dará una vela que encenderemos del Cirio Pascual y que anunciará que queréis vivir a la luz de esa fe y de ese amor de Cristo.

5.- Y finalmente, en el Evangelio de san Lucas, el Señor hace una pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Lc 9,18). Y cada uno contestó una cosa: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas» (Lc 9,19). Cada persona tenía una imagen distinta de Jesucristo.

Si hoy preguntáramos a mucha gente: ¿quién es para ti Dios?, ¿quién es para ti Jesucristo? Encontraríamos muchas respuestas. Seguramente imágenes no de acuerdo con lo que es Dios o con lo que es Jesucristo o con lo que es la Iglesia. Hay mucha gente que se ha creado la imagen de Dios según le ha parecido a Él. Pero esa imagen de Dios no siempre corresponde a lo que es Dios.

Bien, pues Jesús les dice a los apóstoles que no quería saber lo que piensa la gente, sino lo que cada uno de ellos pensaba de Él. Y os hago esa misma pregunta hoy: ¿Qué pensáis de Jesús? ¿Quién es Jesús para vosotros? ¿Qué sentido tiene la fe y la religión para cada uno de vosotros? Tenemos que purificar la fe cristiana, tenemos que limpiar la imagen de Dios que tenemos en el corazón, que puede estar emborronada o desfigurada.

6.- La confirmación es un momento especial, y la Visita Pastoral también. Hemos de redescubrir al Dios verdadero, la imagen nítida de Dios y de Jesucristo, no las imágenes que se han fabricado las sociedades o los no creyentes o los que no viven nada de la religión.

Y al final Jesús les dice a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga» (Lc 9,23). Esta es la invitación que nos hace a cada uno de nosotros, a vosotros confirmandos y a los que ya estáis confirmados, la invitación de Jesús: “Sígueme. Renuncia a ti mismo. Deja tus planes, deja tus proyectos y acepta lo que yo te diré con mi palabra. Acéptame en tu vida, hazme un hueco en tu corazón. Empieza a pensar como yo –te dice Jesús–. Empieza a tener los mismos sentimientos que yo”.

Esto mismo lo dijo Pablo: «vivo, pero no soy quien vive, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20). Pablo se vació tanto y se llenó tanto del Señor que era Cristo el que vivía en él, el que pensaba por él y el que estaba en él.

¡Ojalá pudiéramos decir eso nosotros! Que nos vaciáramos tanto de nosotros mismos que nos llenáramos de Cristo.

Vamos a pedirle eso al Señor. Vamos a pedir hoy, de un modo especial, por los confirmandos; pero también, por toda esta comunidad cristiana en la Visita Pastoral. Y con este motivo revisar nuestra fe y nuestro amor a Dios y a los hermanos.

Que la Virgen, NªSª de las Nieves, nos ayude con su intercesión a vivirlo así. Que así sea.

 

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