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Visita al convento de las Hermanitas de la Cruz (Ronda)

Publicado: 28/06/2013: 103

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Visita al convento de las Hermanas de la Cruz (Ronda) el 28 de junio de 2013.

VISITA AL CONVENTO DE LAS HERMANITAS DE LA CRUZ

(Ronda, 28 junio 2013)

 

Lecturas: Sal 132; 1Jn 4, 7-10.

1.- Cuando hemos entrado y he escuchado que cantabais el canto llamado “El Pescador”, me habéis hecho volver a una experiencia preciosa, que tuvimos en la peregrinación a Tierra Santa el pasado mes de abril. Los peregrinos subimos a una barca en medio del lago de Genesaret, donde el Señor llamó a los discípulos para ser pescadores y para anunciar el Evangelio.

Uno no siempre es consciente de esa llamada; por eso agradezco que hayáis entonado ese canto, porque renueva en los sacerdotes y en mí concretamente, la llamada del Señor a su seguimiento y a trabajar en su barca, la Iglesia; a los pastores nos llama a coger el timón de la barca y echar las redes en su nombre.

La actual la capilla de la Conferencia Episcopal Española fue rehabilitada hace poco tiempo por el P. Rubric, jesuita que trabaja en mosaicos. En el frontis del altar hay un mosaico donde está Jesús y los apóstoles en la barca, pescando. El Señor lleva el timón con su mano derecha; y los ojos de Pedro y Pablo se unen. Los apóstoles tienen las redes en sus manos, llenas de peces; y Jesús tiene la mano izquierda en posición de ayudar a un pez para que suba a la barca. Es una imagen preciosa.

La tarea que el Señor nos manda, sobre todo a los pastores, obispos, presbíteros y diáconos, es pescar, remar mar adentro, hacer pesca de altura y siguiendo siempre las indicaciones del Señor, fiándonos de Él.

Os agradezco pues, vuestro canto y vuestra oración.

2.- En segundo lugar, hemos rezado en el Salmo 132. Es una maravilla convivir los hermanos unidos, ser una comunidad donde reina la paz y la fraternidad. La Iglesia es una “ecclesia” o asamblea, una comunidad de hermanos convocados por el Señor.

El salmista pone como ejemplo el ungüento que baja por la barba de Aarón; es una imagen que refleja el Pueblo de Israel en la que los hermanos están unidos y comparten su vida y sus bienes.

La primera carta de Juan, que hemos leído en la lectura breve, nos recuerda también el amor de Dios; somos amados por Dios y ello nos capacita para amar a los hermanos.

Quiero dar gracias a Dios por vuestra presencia en la Iglesia particular de Málaga; la presencia de los carismas del Espíritu es muy importantes y construye la Iglesia.

Vosotras actualizáis el carisma de vuestra fundadora y de vuestra congregación. Ese carisma está puesto para los demás. Lo vivís como llamada personal, pero es una aportación, una contribución, una riqueza al conjunto de la Iglesia.

3.- Visitando los enfermos en esta Visita pastoral he ido a distintas casas, a las que vosotras vais y se nota vuestra presencia. Recuerdo una enferma que, tras vuestra visita a su casa, se le iluminaba la cara cuando decía que se veía limpia, alegre, sonriente, llevaba un vestido precioso. Me imagino que sabéis a quién me refiero. La mujer estaba gozosa, contenta de lo que le habíais hecho y con el cariño que atendéis a las personas que están enfermas.

Eso es precioso, es como el ungüento que baja por la barba de Aarón, porque deja perfumado el cuerpo, lo deja limpio, lo deja aromatizado y perfumado. Vuestra presencia es un perfume, un aroma en la Iglesia. Cuanto más identidad y mayor fidelidad a vuestro carisma mayor nitidez en el perfume.

4.- Es conocido que no es bueno mezclar olores; y cuanto más puro es un aroma, un perfume, un ungüento o una colonia, mucho mejor. El Crisma, usado para bautizar, confirmar y ordenar sacerdotes, es una excelente mezcla de aceite colonia con un perfume. De modo similar los fieles cristianos han sido “crismados” con el Espíritu y ofrece un buen perfume tanto en la Iglesia como en la sociedad.

También vosotras habéis sido “ungidas por el Espíritu” en el bautismo; y después el Señor os ha regalado un aroma propio, que expresa vuestro carisma; sois en la Iglesia “aroma” perfumado.

No perdáis vuestro aroma; seguid perfumando la Iglesia. Para no perder vuestro perfume, manteneos en fidelidad al Señor y en unión con Él.

5.- San Juan nos ha dicho en su carta que debemos vivir el amor, porque hemos sido amados antes por Él. No es que nosotros le hemos amado, sino que Él nos amó primero (cf. 1Jn 4, 10).

Nuestro amor es una simple correspondencia al amor vivido. También la vocación es una respuesta a la llamada; no nos hemos llamado nosotros, sino que el Señor nos ha escogido; nos ha llamado y nos ha destinado a realizar una misión. Respondamos a la misión para la que hemos sido llamados por Él.

La llamada va unida a la gracia correspondiente para realizar la misión que nos pide. Por tanto, no tenemos por qué tener miedo, ni pensar que no estamos en condiciones de realizarlo, ni sucumbir ante una tarea. Se trata de dejarse llevar impregnar y llevar por el Espíritu, que nos ofrece sus dones. Después, Él hará todo lo demás. Él hará que perfumemos la familia; hará que esté presente su amor por donde pasemos. Resulta más fácil cuando nos sabemos llamados y nos toca responder.

Pedimos hoy por vuestra comunidad y por cada una de vosotras, para que el Señor os mantenga en su amor; para que seáis dóciles al Espíritu y podáis seguir perfumando en la Iglesia de Cristo.

La Virgen ha sido la mejor flor, la más hermosa, que el Señor ha plantado en el jardín de la Iglesia. Ella nos ayudará a ser fieles a nuestra misión. Y también pedimos la intercesión de la Fundadora. Que así sea.

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