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Confirmaciones en la parroquia de San Sebastián (Alhaurín de la Torre)

Publicado: 11/10/2013: 116

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la celebración del sacramento de la Confirmación en la parroquia de San Sebastián de Alhaurín de la Torre, el 11 de octubre de 2013.

CONFIRMACIONES

EN LA PARROQUIA DE SAN SEBASTIÁN

(Alhaurín de la Torre, 11 octubre 2013)

 

Lecturas: Ez 36, 25-27; Sal 9; Lc 11, 15-26.

1.- Hemos escuchado la primera lectura tomada del profeta Ezequiel que ha hablado de dos elementos o signos.

«Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar» (Ez 36, 25). ¿A qué hace referencia esa agua de la que habla Ezequiel en nuestro lenguaje religioso? ¿A qué acción litúrgica va referida esa agua de la que habla el profeta Ezequiel? (Respuesta de un confirmando: “al bautismo”). El bautismo. No es la simple agua bendecida con la que nos signamos, por ejemplo.

¿Qué ocurrió en vuestro bautismo? Que el Señor os purificó de todo. Cuando uno se bautiza de pequeño, el bautismo le borra el pecado original porque no tiene otros pecados. Pero cuando uno se bautiza de adulto, el bautismo borra el pecado original y todos los que haya cometido en su vida; lo deja limpio y lo pone a imagen de Jesús. Vosotros habéis sido purificados, limpiados por las aguas bautismales.

También Ezequiel nos dice en relación al Señor: «Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos» (Ez 36, 27). El Espíritu también se da en el bautismo. Hoy vais a recibir el don del Espíritu de una manera más plena, en plenitud, dentro de lo que a cada uno le quepa.

2.- Vamos a imaginar que aquí hay un manantial y venís todos a beber. ¿Bebéis todos la misma cantidad de agua? No, ¿verdad? Incluso una misma persona no es lo mismo cuando tiene mucha sed que cuando no tiene. Pero, ¿quedaríais saciados de la sed si bebierais de este manantial la cantidad que cada uno necesitara? Sí, ¿verdad?

Ese es un ejemplo muy bonito que los Padres de la Iglesia utilizan para hablar sobre la Gracia. Uno acude al manantial y Él sacia su sed, aunque uno beba como un pajarito, dos gotitas. Y uno sacia su sed, aunque bebiera un litro de agua. El manantial no se agota.

El Señor os ha regalado su gracia a cada uno en el bautismo y os dio el Espíritu Santo, también en el bautismo. Ahora quiere el Señor dároslo en mayor plenitud, para reforzar la gracia bautismal, para completarla.

Si pusierais la mano en forma de cuenco para que os llenara, por ejemplo, de oro, ¿os cabría a todos la misma cantidad? (Respuesta de los confirmandos: “no”). Pues el Señor os va a regalar más que oro, va a regalaros el don de su Espíritu. En la medida que vuestro corazón esté vacío más se llenará de Dios.

¿Qué hace falta para llenar un vaso? (Respuesta de los confirmandos: “que esté vacío”). Si está lleno de algún elemento: de tierra, de líquido… no se puede llenar.

3.- ¿Cómo se puede llenar el corazón? Pues como un vaso, si está vacío. ¿Vacío de qué? Lo que ha dicho antes el profeta, de lo que nos purificó en el bautismo: de idolatrías, de egoísmos, de pecado, de distancias con Dios… Si está vacío de eso el Señor nos lo llenará. Y esta tarde quiere llenar vuestro corazón con su Espíritu.

¿Tenéis vuestro corazón vacío o aún está lleno de muchas cosas? Pueden ser cosas legítimas, pero el Señor quiere que os desprendáis de esas cosas. Por ejemplo, ¿ya tenéis planes en vuestra vida? ¿Ya sabéis lo que queréis ser? ¿Algunas tenéis previsto ya que llegue en un caballo blanco el príncipe azul de vuestra vida? ¿Hay quien está pensando en ser un gran premio Nobel dentro de treinta años? ¿Y si el Señor esta tarde os cambia todos esos planes? ¿Y si el Señor os pide otra cosa?

¿Qué pensáis que le pasó a la Virgen María? La Virgen María estaba desposada, pensaba casarse, tener muchos hijos y no tuvo muchos hijos, tuvo uno sólo; y encima, no fue de san José, de su prometido. Le cambiaron los planes.

¿Estáis tan vacíos que seríais capaces de renunciar a vuestros planes para hacer lo que Dios os pidiera esta tarde? Os animo a que os vaciéis lo suficientemente como para que el Señor pueda llevar a cabo un plan sobre vosotros.

4.- Esta tarde tenéis que preguntaros delante del Señor, en vez de decir: «yo quiero ser… y tú me tienes que ayudar». Esta tarde tenéis que decir: «Señor, ¿qué quieres de mí? Tú, ¿qué quieres que yo sea? Tú, ¿dónde quieres que trabaje?, ¿qué quieres que haga». Y poneros a la escucha, porque probablemente, y yo lo deseo de todo corazón, espero que a más de uno le cambie hoy sus planes de vida; y no los planes de mañana o de pasado, sino de su vida. Porque si estáis atentos a lo que el Señor os pide vuestra vida puede cambiar 180 grados.

¿Estáis dispuestos incluso a eso? ¿Sí o sí? Animaros. Haced como la Virgen: «Señor, lo que tú quieras de mí. Incluso estoy dispuesto a renunciar a mis planes». Dejad que el Espíritu os transforme desde dentro, dejadlo que actúe, no le cerréis las puertas.

5.- El profeta Ezequiel prosigue diciendo que el que es lavado con esa agua que purifica y es renovado por el Espíritu, es capaz de cumplir los mandamientos (cf. Ez 36, 27), de hacer caso de la voluntad de Dios, de mantener la imagen de Cristo en el alma sin emborronarla, sin mancharla, sin desfigurarla, que es lo que hace el pecado.

El Espíritu que se os va a regalar esta tarde os va a renovar y a fortalecer. Vais a recibir una fuerza real, de lo alto, del Espíritu; pero fuerza real.

6.- En el evangelio de san Lucas, –un poco complicado porque habla de Belzebú, de las fuerzas del mal–, acusan a Jesús de que Él echaba a los endemoniados por arte del demonio (cf. Lc 11, 15). Y el Señor respondió diciéndoles que eso era una barbaridad, porque un reino que vaya contra sí mismo no tiene lógica. El demonio no puede actuar en contra suya (cf. Lc 11, 17). El demonio actúa en contra de los otros.

Cabría hablar de la figura del demonio, que existe –aunque algunos no se lo crean–, y que nos tienta, nos provoca, nos intenta impedir hacer el bien. Cabría identificar muchas cosas de nuestra sociedad como producto del demonio o del diablo. El Espíritu que se os regala en la confirmación os dará fuerzas para superar tentaciones, provocaciones, obstáculos. Con ese don del Espíritu podréis tener fuerzas suficientes para vencer al diablo, para vencer las tentaciones y para no jugar con el diablo. He visto muchachos que han estado jugando a la güija y a otras cosas y han quedado tocados por el demonio.

Esto no es para asustaros, estoy hablando de verdades y de realidades que después las personas sufren. No juguéis con las cosas de bibliomancias, ni cartomancias. No juguéis nunca con eso.

La fuerza del Espíritu se os da también para prevenir sobre eso. Si estáis del lado de Jesús, con su Espíritu, que se os regalará esta tarde de forma especial, haréis cosas buenas. Si os ponéis en contra de Jesús podéis hacer cosas muy malas. Supongo que estáis optando por Jesús.

Vamos ahora a comenzar el sacramento de la confirmación, primero haciendo renovación de las promesas bautismales. Aquí tenemos el Cirio Pascual que, con su luz encendida, simboliza a Cristo resucitado, Cristo que murió por nosotros y resucitó. Ahora encenderéis una vela de este Cirio Pascual que recuerda la luz de la fe que recibisteis en el bautismo. Ahora es esa misma luz, pero aumentada. Amén.

 

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