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Eucaristía en la Escuela de Magisterio (Antequera)

Publicado: 27/11/2013: 111

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía en la Escuela de Magisterio celebrada en Antequera el 27 de noviembre de 2013.

EUCARISTÍA EN LA ESCUELA DE MAGISTERIO

(Antequera, 27 noviembre 2013)

 

Lecturas: Gal 5,16-25; Lc 4,16-22.

1.- Venimos a dar gracias a Dios por el inicio de un nuevo curso escolar; y le pedimos que nos siga concediendo sus gracias y sus dones. Le damos gracias por los cursos anteriores que habéis realizado, al menos, los que ya estabais aquí el curso pasado. Los que venís por primera vez y todos debemos agradecerle todo lo que tenemos: la vida, la familia, la fe.

En esta bendición pedimos al Señor, de una manera especial, que nos ilumine para el curso que ya hemos iniciado.

2.- Somos conducidos por el Espíritu (cf. Gal 5,18). Por eso pedimos al Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesús, que nos transforme con su fuerza. La vida del cristiano la lleva, la dirige, la promueve, la inspira desde dentro, el Espíritu; porque estamos capacitados desde nuestro espíritu a dialogar con el Espíritu Santo. Hay, por tanto, una sintonía entre el Espíritu Santo y nuestro espíritu.

El Espíritu nos habla y nos dirige. Es como un barco de vela: si no despliega las velas, por mucho que sople el viento, no se mueve; en cambio, si el barco despliega todas sus velas y se pone a favor del viento, para que empuje, ese barco se moverá.

El Espíritu sopla; falta que nos pongamos en sintonía con él, para que su fuerza nos llene, nos anime y nos mueva. Esto es lo que pretende esta Eucaristía de hoy.

Por tanto, queridos marineros, mirad cómo os situáis. No os pongáis en contra del viento; no os enfrentéis al Espíritu, sobre todo porque lleváis la de perder. Hay que orientar la barca, para acoger el viento favorable.

3.- También sirven de ejemplo las ondas de la radio. Las ondas de la radio están presentes, pero hay que sintonizar, es decir, ponernos al mismo tono, en la misma onda, para captarlas.

Si no sintonizamos, no podemos decir que las ondas no existen; que ahí no habla nadie; que todo es mentira. En analogía, sería lo mismo que os dicen algunos de vuestros compañeros: “No existe Dios, porque no lo veo; esos son cuentos de los curas y de las religiosas”.

¡Prueba a sintonizar y lo experimentarás! No se trata de demostrar la existencia de Dios. Tampoco es posible demostrar el amor. ¡Intenta sintonizar y procura escuchar al Espíritu!

4.- Existen unas obras, unas acciones, que son contrarias al Espíritu. Las podemos ver en muchos de nuestros paisanos y coetáneos. Las obras contrarias el Espíritu son las obras de la carne, llamadas así por Pablo (cf. Gal 5,19-20): La fornicación, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la hechicería. Éstas son obras del diablo, como la discordia, la envidia, la cólera, las divisiones, las disensiones, las rivalidades. Existen también los celos: a veces puede molestarnos que otro haya sacado mejor nota, que tenga más suerte, que haya encontrado un novio (o novia) que uno desearía tener; y muchas cosas más.

San Pablo nombra también entre las obras de la carne las borracheras y orgías; probablemente si hubiera vivido en nuestro tiempo, hubiera puesto también el abuso de las drogas; pero eso no se conocía en aquella época.

5.- En contraposición a las obras del maligno, están los frutos del Espíritu. San Pablo nos los ha descrito en su carta a los Gálatas: «amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí» (Gal 5,22-23). Ésas son las obras que realiza aquel que sintoniza con el Espíritu Santo y se deja llevar por él.

Ante esta tesitura pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a renunciar a las obras llamadas de la carne, que son contrarias al Espíritu, para poner nuestro espíritu en sintonía con el Espíritu y producir buenos frutos. Si lo hacéis así, también podréis obtener mejores resultados académicos.

6.- Hemos sido ungidos en el bautismo para evangelizar. Ha terminado ya el Año de la Fe, como hemos escuchado en la monición de entrada. Ya clausurado el Año de la Fe está todo arreglado, ¡no!

¿Cuál era el objetivo que tenía el Año de la Fe?, ¿qué pretendía el Año de la Fe? Profundizar en la fe, que es equivalente ¿a qué? ¿Qué es la fe? Una relación personal con Cristo, una amistad, un amor auténtico entre dos personas, una relación personalísima que libera, que cambia la vida.

Todos tenemos la experiencia de ser amados y de amar; en primer lugar, con nuestros padres; pero es aún más fuerte cuando uno se enamora de otra persona y ese amor es correspondido. Esa experiencia transforma la vida, la cambia.

Pues, la relación de fe es así, una experiencia transformadora, que cambia la vida.

Si ahora ya ha terminado el Año de la Fe, ¿qué necesita nuestro mundo? El mundo actual necesita “testigos” veraces y convencidos, creyentes con experiencia de Dios, hombres de oración, místicos que vivan en sintonía profunda con el Trascendente. No necesita tantas palabras, necesita gente que viva la fe, gente que ame, que viva los frutos del Espíritu. ¿Estáis dispuestos a hacerlo?

7.- Os quiero animar a estas dos cosas: sintonizar con el Señor y con su Espíritu, y procurar vivir y tener esos frutos del Espíritu, siendo testigos del amor y de la experiencia que habéis tenido. Y esto en todos los campos, no sólo en la escuela o en el ambiente universitario, también en la familia, en la casa, entre los amigos, en todos los sitios.

Hay un antagonismo fuerte entre el Espíritu y la carne, como ya hemos dicho. Pues optemos por el Espíritu que tiene su sabiduría y Él os llenará de sabiduría que no es solamente de ciencia; la ciencia también es un don del Espíritu, pero la sabiduría es un poco más: es gozar, saborear ese conocimiento que no es sólo científico. La fe nos da más conocimiento aún.

8.- El papa Francisco al terminar la Santa Misa del domingo entregó su primera exhortación apostólica, titulada Evangelii gaudium (El gozo del Evangelio), fruto de la Asamblea del Sínodo de los Obispos, celebrada en octubre de 2012.

¿Qué dice el Papa en esta exhortación? Pues que evangelizar produce alegría. Sería la alegría de evangelizar. Os animo a la alegría de dar a conocer la experiencia que vivís.

9.- Algunos de vosotros habéis venido porque conscientemente habéis elegido venir a este Centro universitario; otros porque os caía más cercano y más cómodo; y otros porque no teníais más remedio, porque en otros centros no os aceptaban. Hay de todo, como en la vida misma.

Este Centro, alguno lo demandáis porque cuando lo habéis experimentado, y vuelvo a la experiencia, habéis dicho: “¡Ah, esto vale la pena! Aquí me tratan como una familia, aquí soy alguien, no soy un número. Aquí las hermanas, la dirección, los profesores me quieren como persona. Los alumnos, los compañeros me aceptan. Aquí soy alguien. Y, por tanto, lo valoro porque humanamente me hace sentir bien”.

Esa es una experiencia que, a lo mejor, cuando la habéis oído contar de otros no la habéis terminado de creer. ¿Cuándo lo aceptáis? Cuando lo habéis experimentado. Eso mismo quiero que penséis sobre la sintonía con el Espíritu. Si hacéis esa experiencia os daréis cuenta de que es así.

Pero, al final, esta Escuela no da sólo un ambiente agradable, simpático, acogedor, de calidad de enseñanza, ofrece algo más, que es esto que estamos celebrando. Da la posibilidad de que tengas una buena experiencia de fe, ayudarte a que te encuentres con Cristo y a que te dejes llevar por el Espíritu.

10.- Os invito a que este curso profundicéis para hacer esta experiencia. También me gustaría que, en las actividades que tengáis con el Hermano Ramiro, con las hermanas, con los profesores y demás, en más de una ocasión, reviséis cómo va vuestra, vamos a llamarle, “sintonía con el Espíritu”, si las velas están ensanchadas y sopla el viento. Me habéis entendido, ¿verdad? Pues eso es lo que pido para vosotros y os animo a que lo hagamos durante todo el curso.

Pedimos a la Virgen, que sí supo ensanchar sus velas, que sí supo sintonizar perfectamente con el Espíritu (mirad qué frutos nos dio), que Ella nos ayude a hacer el bien y, además, con alegría. Amén.

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