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Vigilia de la Inmaculada (Santuario de Santa María de la Victoria-Málaga)

Publicado: 07/12/2013: 124

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Vigilia de la Inmaculada (Santuario de Santa María de la Victoria-Málaga) celebrada el 7 de diciembre de 2013.

VIGILIA DE LA INMACULADA

(Santuario Santa María de la Victoria-Málaga, 7 diciembre 2013)

 

Lectura: Jn 2, 1-12.

1.- Esta noche, en compañía de la Virgen María, contemplamos la escena que María, Jesús y sus discípulos vivieron en Caná de Galilea. Quisiera recordar tres puntos.

El primero, contemplemos con la mirada de María. Ella tenía una mirada especial como mujer, como persona delicada y sabía captar las necesidades de los demás; sabía mirar el mundo con la mirada de Dios. Jesús también lo habría visto, se supone; pero María se acerca a Jesús, que tal vez pensaba que aún no debía de manifestar públicamente su divinidad.

María sabe contemplar a quien está alrededor para descubrir lo que necesita. ¿Cuántas veces nosotros pasamos por delante de tanta gente y no nos damos cuenta de cómo están, qué quieren, qué esperan de nosotros, qué necesitan? Llevamos mucha prisa a veces para no llegar tarde, para ir a donde queremos. Pero hay rostros de Jesús que día a día pasan a nuestro lado y no descubrimos que Jesús está en ellos.

Es importante que afinemos nuestra mirada para mirar como María y para mirar como Jesús. Hace falta sensibilidad, salir de uno mismo. Si nos vamos contemplando a nosotros mismos no contemplamos al otro. Si nos miramos hacia dentro no miramos al que está de frente. Hace falta vaciarse de sí, para poder acudir al otro, para poder discernir, para captar lo que los otros necesitan.

2.- Segundo punto. María les dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Y la pregunta es: ¿cómo escuchamos lo que Jesús nos dice?, ¿qué nos dice Jesús?, ¿dónde nos lo dice?, ¿cómo nos lo dice?, ¿en qué momentos nos lo dice?

Este año queremos potenciar la prioridad pastoral, que ya teníamos en el curso anterior, de hacer lectura orante de la Biblia. Hemos de crear grupos de lectio divina. No se trata de hacer una simple lectura de la palabra de Dios o de orar con la Palabra de Dios. Es un método consolidado en la Iglesia desde hace muchos siglos y queremos retomarlo y ofrecerlo, para que muchos de vosotros forméis grupos; o que en vuestros grupos introduzcáis este método de la lectio divina. Escrutando la Palabra de Dios, meditándola, rezándola, reflexionándola, interiorizándola sabremos qué nos pide el Señor.

Hemos de hacer oración silenciosa, como María, oración contemplativa. ¿Señor qué quieres que haga? En el silencio de la oración: Señor, ¿qué me pides? Pero sobre todo hemos de meditar su Palabra. Hemos de ser personas más conocedoras de la Palabra de Dios, más contemplativas de la Palabra, más orantes de esa Palabra; de lo contrario nuestro corazón no se transformará, no haremos lo que Dios quiere, seguiremos haciendo nuestros planes y proyectos.

3.- El tercer punto: ser vino bueno. Dios convierte el agua en buen vino. Málaga es tierra de buen vino; a veces perdemos de vista cómo se hace el vino. ¿Cómo se puede llegar a ser vino bueno? El vino, ¿de dónde proviene? (Respuesta de los jóvenes: de la uva). Cierto, el vino proviene de la uva. Y la uva, ¿dónde está? (Respuesta de los jóvenes: en la vid). Muy bien. Y ¿qué hay que hacer con la uva de la vid? (Respuesta de los jóvenes: cortarla). Si no se corta, no se puede hacer el vino.

Apliquemos ese proceso a nuestra vida. Para ser buen vino hay que dejarse cortar; tenemos muchas cosas que hay que cortar. Después hay que pisar la uva, machacarla, trapichearla. Jesús se dejó pisar en el lagar de la cruz. Pero nos cuesta dejarnos pisar y trapichear.

¿Ya tenemos el buen vino o aún no? Eso es mosto. Para que haya vino tiene que fermentar. ¿Qué quiere decir eso a nivel espiritual? Pues, que tenemos que ser transfigurados por Cristo. No es suficiente el zumo o el mosto que sale de unas uvas pisadas; eso hay que dejarlo fermentar y fermentar es transformar. Podemos dejarnos transformar por la Palabra de Dios, por la Eucaristía, por la oración, por los sacramentos; pero si no estamos transformados, no nos convertimos en vino.

Hemos dicho tres verbos: ser cortados, ser pisados y ser transformados. Sólo entonces podremos ser vino bueno. Ese vino bueno dará aquello para lo que ha sido hecho. Y, ¿qué aporta la vida y al encuentro fraterno, a la comunidad, al banquete un vino bueno? (Respuesta de los jóvenes: alegría). ¡Alegría, la chispa de la alegría! Luz, chispa, alegría, alimento. Sólo de esa manera podremos aportar a la sociedad esa alegría que le falta.

4.- El papa Francisco ha escrito su primera exhortación apostólica hablándonos de la alegría de evangelizar, la alegría del Evangelio. A este mundo le falta mucha alegría; necesitamos esa alegría.

Hace un par de años, para celebrar el 25 Aniversario de la Fundación Santa María de la Victoria, fuimos a Roma en peregrinación. En la Audiencia general del miércoles, con el Papa, la banda de música de la Fundación estuvo tocando en la plaza de San Pedro, junto con otra banda alemana; al Papa le gustó. Y cuando terminó la Audiencia fui a saludarle; al presentarme como el Obispo de Málaga, el Papa me miró sonriente, me cogió de la mano y me dijo: “Málaga, bella música y buen vino”. ¡Quedé sorprendido!

Benedicto XVI nos pedía que los cristianos de Málaga fuéramos buen vino, no sólo que tomáramos buen vino, sino ¡qué fuéramos buen vino!

El papa Francisco nos pide que pongamos alegría y chispa en la vida, en el anuncio del Evangelio.

5.- Voy a leeros un mensaje reciente del Papa: “Queridos jóvenes, les invito a poner sus talentos al servicio del Evangelio, con creatividad y con una caridad sin fronteras”.

Este texto puede resumir la Vigilia de esta tarde: ser buen vino para servir al Evangelio con alegría, con caridad y sin fronteras.

Le pedimos a la Virgen María, en cuyo Santuario nos encontramos, que nos ayude a descubrir con su mirada las necesidades de nuestros hermanos, y que sepamos escuchar lo que el Señor nos dice, para ser el vino que da alegría anunciando el Evangelio. Que así sea.

 

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