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Visita pastoral a la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora (Sierra de Gibralgalia)

Publicado: 01/02/2015: 73

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la visita pastoral a la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, en Sierra de Gibralgalia, el 1 de febrero de 2015.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA

DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA

(Sierra de Gibralgalia, 1 febrero 2015)

 

Lecturas: Dt 18, 15-20; Sal 94, 1-9; 1 Co 7, 32-35; Mc 1, 21-28.

(Domingo Ordinario IV-B)

1.- Esta tarde, la Palabra de Dios nos ha presentado un texto que trata sobre el fenómeno del profetismo. Fenómeno que en el Pueblo de Israel fue muy importante. El Pueblo fue guiado por Dios a través de personas que él enviaba, como los jueces, patriarcas, sacerdotes, reyes y profetas... Esos fueron los que condujeron al Pueblo.

Hubo reyes y profetas, al mismo tiempo. La misión del profeta era la de escuchar lo que Dios le decía y comunicarlo al Pueblo. El profeta tenía que ser veraz, sin inventarse nada, sin querer anunciar acciones y hechos que después no se cumplieran.

2.- El profeta de Dios recibe la palabra inspirada para comunicarla a sus hermanos: «Pondré mis palabras en su boca, y les dirá todo lo que yo le mande» (Dt 18, 18).

            El profeta no debe inventarse lo que tiene que comunicar a sus hermanos. No debe anunciar lo que no haya recibido: «El profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá» (Dt 18, 20). El profeta debe ser veraz y fiel al mensaje que Dios le comunica. Si inventa los mensajes, lo pagará con su vida.

Dios, en su Hijo Jesucristo, se ha acercado a los hombres hablando su mismo lenguaje y compartiendo su existencia.

3.- La palabra profeta tiene diversas acepciones: una, anunciar cosas que, cómo las ha visto desde Dios, las capta y anuncia antes de que sucedan. Aunque algunos anunciaban cosas que no se cumplían, y el Pueblo tenía que discernir, tenía que descubrir quién era el verdadero profeta y cuál era el falso profeta. El que anunciaba cosas que Dios le había dicho o el que anunciaba cosas que no se cumplían. Este último era un falso profeta.

Esto respecto a predecir acontecimientos. Pero el profeta también comunicaba el contenido de unas verdades que Dios revelaba.

Esta palabra, “profeta,” proviene de una doble palabra griega: “profetés (προφήτης) compuesta de “pro” (προ) y del verbo que significa hablar o “decir” (φημí). Profetizar o proferir es hablar delante de alguien. ¿Qué es un procurador? El que habla en nombre de otra persona delante del juez. El profeta hablaba delante del Pueblo en nombre de Dios. Y les decía que se cuidaran de los falsos profetas, porque quien profetiza, quien habla en nombre de Dios delante de los demás, diciendo cosas que Dios no le ha dicho que diga, ese no es digno de Dios. Hay que ser veraces.

4.- Primero, hay que saber escuchar a Dios; y lo que le ha dicho al profeta él ha debe transmitirlo. Porque el profeta ha de transmitir lo que ha recibido. Y en este sentido, todos los cristianos somos profetas porque escuchamos la voz del Señor, escuchamos su Palabra escrita en la Biblia o escuchada en el silencio de la oración.

Jesús es el que ha hablado mejor que nadie de Dios, por eso es el profeta por excelencia. Cristo ha revelado al ser humano, a la humanidad, todo lo que Dios es. Cristo es el gran profeta, el gran revelador, el que nos ha manifestado cómo es Dios. Y lo ha hecho de palabra y de obras.

Todo cristiano es un profeta que debe escuchar qué le dice Dios, qué debe aplicarse a sí mismo y qué debe anunciar a los demás. Los padres a los hijos, los catequistas a los catequizandos, los mayores a los jóvenes, los más formados a los que necesitan más formación. Todos estamos llamados a ejercer el ministerio de profetas.

5.- En primer lugar, todos estamos llamados a llenarnos de su Palabra, de Él, de su amor y tener experiencia del Señor. Si uno no tiene experiencia no puede transmitirla. ¿Puede uno ser médico sin haber estudiado medicina? ¿Puede ser profesor de inglés si no sabe inglés? Es imposible.

¿Puede una persona anunciar a Cristo si no lo conoce, si no cree en Él? No. Por tanto, primero es necesario vivir la fe, el amor y la esperanza cristiana, vivir en Dios y después se puede ser profeta y evangelizador.

Lo mismo que el Señor les decía a los profetas anteriores en el Antiguo Testamento nos lo dice a nosotros. Nos dice que hemos de tener cuidado porque si enseñamos a nuestros hijos, como cristianos profetas, como catequistas, como padres creyentes, como sacerdotes, cosas que Dios no ha dicho nos pedirá cuentas. Hay que enseñar la verdad revelada. Hay que enseñar el catecismo de la Iglesia; no mi catecismo, no lo que a mí me gusta, o lo que yo creo. Algunos padres les dicen a sus hijos que no hagan caso a lo que dice el cura o los catequistas que se limiten a ir a la catequesis y cuando hagan la comunión ya podrán hacer lo que quieran. Con esta actitud esos padres están destrozando la labor del catequista y del cura. Peor aún, porque a los que animan a sus hijos a que vivan según unas modas contrarias a la fe, a esos padres y educadores el Señor les ajustará las cuentas porque no han sido profetas veraces, han engañado al otro o los otros.

6.- Una tercera consecuencia es que podemos escuchar en directo o a través de otras muchas maneras. Podemos escuchar a Dios en directo mediante la lectura y la meditación de la Biblia. Cogemos las cuatro versiones de los evangelistas para conocer la vida de Jesucristo y ahí Jesús te habla de muchas maneras. Y la forma más clara es el gran gesto suyo de amor: muere en la cruz por cada uno de nosotros, por amor.

Pero hay también otras formas de escuchar al Señor, que es a través de las mediaciones. Dios se sirve de profetas, además de su Hijo en directo, de cristianos, de testigos, de religiosos, de religiosas, de padres y madres, de educadores en la fe..., para decirnos cosas, para educarnos. Con lo cual, si escucho la voz de los educares en la fe y la voz de los Pastores también estoy escuchando, en indirecto, mediatizado, lo que quiere el Señor.

7.- Hay cuestiones del siglo XXI que, como la ciencia ha ido avanzando, no se plantearon en tiempos de Jesús; por ejemplo: ¿en tiempos de Jesús se planteó el tema de la clonación? (Respuesta de los feligreses: no). ¿En tiempos de Jesús se planteó el tema de los trasplantes? (Respuesta de los feligreses: no). ¿En tiempos de Jesús se planteó el tema de las transfusiones de sangre? (Respuesta de los feligreses: no). ¿En tiempos de Jesús se planteó el tema de la fecundación in vitro? (Respuesta de los feligreses: no).

Son temas que han venido después. Jesús sobre eso no dijo nada, pero la Iglesia sí dice, ella habla en nombre de Cristo desde la doctrina y desde aquel que tiene la misión de ser profeta. Sobre esas cuestiones necesitamos escuchar al Magisterio de la Iglesia porque si voy a buscar qué dijo Jesús sobre esos temas en concreto no dijo nada. Y aquí no cabe decir que la doctrina de la Iglesia dice tal cosa porque está atrasada, y entonces, cada uno decimos nuestro parecer. El que es cristiano y quiere aceptar lo que Jesús dice tiene que aceptar lo que Jesús dice en directo, a través de los Evangelios, y lo que dice en indirecto a través del Magisterio de la Iglesia.

8.- ¿Qué sucede a veces? ¿Qué dicen algunos cristianos sobre el tema de la Iglesia? Pues que creen en Jesucristo, pero no creen en la Iglesia. A estas personas les respondo con un ejemplo: es como amar a una persona, pero sólo le ama a la cabeza, al resto del cuerpo no. De esta manera qué se hace, pues decapitar a esa persona, no la ama toda: su pensamiento, su voluntad, sus actitudes, sus sentimientos, su corazón... Si solamente le interesa la cabeza, le corta la cabeza y la decapita.

El que dice que cree en Jesucristo, pero no cree en la Iglesia decapita a la Iglesia, porque Cristo es la cabeza de la Iglesia, la Iglesia no es nada sin Cristo. Nosotros somos los miembros de la Iglesia, dice san Pablo (cf. Rom 12,4): las manos, los pies, el corazón... pero Cristo es la cabeza. No se puede separar la cabeza del cuerpo porque lo decapitamos.

9.- ¿Qué quiere decir? Pues que el Magisterio lo ha puesto el Señor y lo quiere para una tarea y una misión, como ha puesto a los padres para educar a sus hijos. Y el Magisterio ha de ser escuchado y aceptado. La Iglesia es la institución que Cristo ha fundado porque lo ha querido así. La Iglesia no es una invención de los hombres. La Iglesia es la prolongación de Cristo en el tiempo. Él ha querido hacerla así, y por eso tenemos los siete sacramentos, y la liturgia, y los mandamientos como formas de vida; y por eso tenemos la oración del Padrenuestro, porque Él lo quiso así. Todo eso, las verdades de fe, los sacramentos, los mandamientos y la oración sintetizada en el Padrenuestro, lo ha querido el Señor, no nos lo hemos inventado.

Y respecto a cuestiones nuevas son los Pastores y el Magisterio, empezando por el papa con los obispos, los que tienen la tarea de iluminar los problemas que van saliendo según avanza la humanidad. Cuando sale una cuestión nueva, saber si es bueno o no, lícito o no, válido o no, la Iglesia tiene una palabra.

10.- Os pregunto: ¿todo lo que técnicamente es posible es correctamente moral? (Respuesta de los feligreses: no). La técnica puede hacer muchas cosas, algunas de ellas son correctas: un trasplante de un órgano a otra persona, sin matar a nadie, es correcto; pero comprar a un señor para que lo maten y utilizar sus órganos, técnicamente se puede hacer, pero moralmente no es correcto. Técnicamente cualquiera puede matar a otra persona, pero moralmente no es correcto.

Hay muchas cosas de la ciencia que son adelantos, pero no son en favor del hombre, sino en favor de unos cuantos que abusan del hombre. A eso la Iglesia dice que no se puede hacer.

Pongo otro ejemplo: si un matrimonio se empeña en tener hijos y lo quiere a toda costa, al precio que sea, pues eso no es moral, no es correcto. Si no pueden tener hijos, pues no los pueden tener. Pero si los quieren al precio que sea, y no me refiero al tema económico, no es lícito. Para que pueda nacer un niño en una fecundación artificial se fecundan cuatro, seis, siete óvulos que son cuatro, seis, siete vidas humanas. En ese momento se han fecundado cuatro, seis, siete vidas humanas, entre ellos hermanitos, y hemos matado al resto para quedarnos sólo con uno. Técnicamente se puede hacer, pero moralmente no es correcto. Pues, ¡cuántos matrimonios que se llaman cristianos hacen eso!

No nos damos cuenta, pero no debemos dejarnos engañar. No debemos hacerlo. No podemos fecundar cinco seres humanos para sólo implantar uno y desechar el resto.

Podría poner muchos más ejemplos, pero creo que con estos ya nos hemos entendido.

11.- Ser cristiano en esta sociedad, ¿qué es? Pues saber estas cosas, escuchar al Señor y tener la valentía de decir las cosas que no son correctas. Ser capaz de denunciar los asesinatos de seres humanos que se producen, por ejemplo, en cada fecundación artificial, por el capricho de tener técnicamente un hijo de capricho. E incluso, estos casos se dan en personas ya mayores de sesenta años.

Esto está dentro del comentario sobre el profetismo. Hay que escuchar a los profetas, hay que escuchar a la Iglesia, hay que saber qué es lo que me dice el Señor y qué es lo que no me dice, hay que ver quién me dice mentiras y quién no me las dice.

Pues esto es una tarea de todos, de los padres, los educadores, los catequistas, los sacerdotes, los políticos, de todos los que tengamos la visión cristiana; por lo que no se pueden favorecer todo tipo de políticas desde un punto de vista cristiano. Y ya que vamos de cara a unas elecciones, no se puede votar honestamente a partidos que van en contra radicalmente de la fe y del ser humano. Después cada uno, bajo su conciencia, votará lo que quiera votar. Nos acercamos a un periodo en el que tenemos que reflexionar y ser muy conscientes de qué llevamos entre manos.

12.- En el Evangelio, el Señor Jesús ha demostrado su poder, su divinidad curando a un endemoniado. Esto ocurre en Cafarnaúm, en torno al lago de Genesaret, al norte de Galilea, y los paisanos se asombraron por la autoridad que tenía al enseñar y hablar. De modo, que dijeron que era un profeta auténtico, que no les engañaba, que lo que decía lo vivía.

En la sinagoga de Cafarnaúm Jesús enseña con autoridad: «Estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas» (Mc 1, 22). Jesús hablaba con autoridad porque vivía el mensaje que transmitía; en su palabra la Ley y los Profetas adquieren plenitud de sentido.

            Con su poder Jesús expulsa un espíritu inmundo (cf. Mc 1, 23), que al salir del poseído exclama: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios» (Mc 1, 24). El espíritu inmundo confiesa la divinidad de Jesús.

            Las expulsiones de demonios por parte de Jesús son manifestaciones de su divinidad.

Jesús es ese gran profeta que habla en nombre de Dios Padre, que nos revela su amor; pero que no solamente habla, sino que lo vive con gestos: cuida, cura, resucita, anima, ayuda... y al final muere en la cruz por amor. Ese es el gran profeta, ese es nuestro modelo. Cristo profeta y maestro. Él habla con autoridad, sabe lo que dice, dice la verdad y no engaña. Ese es el Maestro que queremos tener como maestro, todos los que estamos aquí.

13.- La Visita Pastoral pretende un encuentro más cercano entre el Pastor de la Diócesis y los fieles.

            Juntos reflexionamos sobre la marcha de la comunidad parroquial, sobre la misión evangelizadora y la formación en la fe de las nuevas generaciones, sobre los retos que la sociedad nos plantea. Revisamos cómo llevamos adelante las tareas eclesiales: celebraciones litúrgicas, anuncio del Evangelio, vida de fe y de amor, acción caritativa.

Vamos a proseguir la celebración dándole gracias a Dios por tantas cosas: por la vida, la fe, la familia, la sociedad... Todos los bienes del Señor son para darle gracias continuamente. La providencia que nos mantiene cada minuto, en cada momento de nuestra existencia, la fe que nos ha regalado, el amor infinito que nos tiene, la esperanza de la vida eterna, la Eucaristía como sacramento de amor que prolonga el amor de Cristo manifestado en su vida mortal, el alimento de su Palabra... Tenemos mil cosas maravillosas para dar gracias a Dios. Que así sea.

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