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Visita pastoral a la parroquia de San Pedro (Cártama)

Publicado: 15/03/2015: 210

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la visita pastoral a la parroquia de San Pedro (Cártama) el 15 de marzo de 2015.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE SAN PEDRO

(Cártama, 15 marzo 2015)

 

Lecturas: 2 Cro 36, 14-16. 19-23; Sal 136, 1-6; Ef 2, 4-10; Jn 3, 14-21.

(Domingo Cuaresma IV-B)

1.- El pecado de Israel.

En primer lugar, un cordial saludo al párroco D. José, al Sr. D. Francisco, el Arcipreste, y a los demás sacerdotes del Arciprestazgo que acompañan. También a D. Antonio-Eloy, hijo de esta comunidad cristiana.

El Evangelio y las lecturas de hoy, sobre todo, la lectura del libro de las Crónicas, nos hablan de unos hechos ocurridos al pueblo de Israel. Dice el libro de las Crónicas que «los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según todas las costumbres abominables de las gentes» (2 Cro 36, 14).

Ante esta actitud «el Señor, el Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada» (2 Cro 36, 15). Pero el pueblo no les hizo caso: «se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas» (2 Cro 36, 16).

Este hecho también ocurre entre nosotros, no nos comportamos según Dios quiere. A veces, asumimos el estilo de vida de los no-creyentes, de los paganos y, cuando recibimos una amonestación, una sugerencia, una palabra de parte de Dios, a través de otro cristiano o de los pastores de la Iglesia, a veces, no sólo no se hace caso, sino que incluso se llega a la mofa o a la burla.

Como veis estamos actualmente en la misma situación que el pueblo de Israel en aquella época muy anterior a Jesucristo.

2.- Destierro del pueblo a Babilonia.

¿Qué le ocurrió al pueblo de Israel por esta actitud? Que tuvo que ir al destierro; marchó a Babilonia.

Un imperio que expandió su reino, tomó Jerusalén y se llevó a la flor de Jerusalén: a su rey, a la familia, a los más nobles, a la gente experta, a los profesionales, y quedaron unos cuantos, sólo un reducto. Saquearon, quemaron, destruyeron (cf. 2 Cro 36, 19) y, prácticamente, la flor y nata de Jerusalén se marchó a Babilonia, al exilio, desterrada (cf. 2 Cro 36, 20).

3.- El retorno a Jerusalén.

Pasaron años y el imperio persa, que crecía y se potenciaba en su fuerza, con su rey Ciro a la cabeza, es transformado por Dios (cf. 2 Cro 36, 22). Es decir, un pueblo conquistador se hace con ellos y los destierra. Y otro pueblo conquistador, setenta años después, se apiada del pueblo y devuelve a los desterrados de Jerusalén a su casa (cf. 2 Cro 36, 23).

¿Qué es lo que ocurre cuando ofendemos a Dios? Nosotros pensamos que buscamos la felicidad. Incluso cuando uno peca está buscando ser feliz porque busca el gusto, la felicidad, el bienestar, el tener, el poseer... No busca directamente ofender a Dios, pero se está buscando a sí mismo, nos buscamos a nosotros mismos. Y, ¿qué ocurre? Que al final quedamos esclavos. Igual que el pueblo de Israel ofende a Dios y va al destierro, nosotros, sin darnos cuenta, nos autoexiliamos, nos auto-encadenamos a nuestros propios deseos, y, buscando la felicidad, al final, encontramos el vacío, el sinsentido, la esclavitud.

4.- Salida de la esclavitud.                          

El Señor viene precisamente a liberarnos de esa esclavitud. La palabra de Dios ilumina la vida. Ciro, rey de Persia, los liberó y el pueblo retornó a Jerusalén, retornó al hogar. En Babilonia no tenían ni ley, ni profetas, ni sacrificios, ni Templo... la vida pura, pobre y esclava. En Jerusalén tenían todo: familia, Templo, sacrificios, ley, costumbres, fiestas... ese es el retorno.

¿A qué nos invita Jesús durante la cuaresma? A retornar a Él, a volver a tener alegría, familia, fiesta, Templo, celebración, luz... Ese es el sentido de la conversión: volver la mirada y el rostro otra vez a Jesucristo, que es el que nos da la verdadera felicidad y el que rompe las cadenas de nuestro egoísmo.

Quien quiera buscar y encontrar la felicidad que no la busque en sí mismo, ni en sus caprichos, ni en sus deseos satisfechos, porque nuestros deseos y caprichos satisfechos son insaciables. Cuando a uno le gusta algo y lo toma (imaginaos algo de comer), al rato está deseando otra vez volver a comerlo porque somos insaciables, necesitamos repetir continuamente.

La pedagogía de Dios es el regreso a la verdadera fuente, al manantial de vida, a la libertad verdadera, a la verdad, a la luz, al amor, eso es lo que libera. El amor libera, la verdad libera. La mentira ata las manos, la manipulación del otro te esclaviza. Tú eres esclavo de las mentiras que dices, al final te las crees. Sólo Jesucristo libera, no libera nada ni nadie más. Hemos de poner nuestra confianza en el Señor, eso es la cuaresma.

5.- Domingo de la alegría.

Como se nos ha dicho en la monición de entrada, estamos en el domingo de la alegría dentro del tiempo cuaresmal. En este camino hacia la Pascua, hoy es una especie de parón para sentarse, descansar y contemplar lo que nos espera sin pensar en la dureza del camino, ni en los inconvenientes, ni en los tropiezos, ni en el cansancio... pensar en lo que estamos para celebrar. Mirad la pascua cercana, alegraos, nos dice la Iglesia. Así empieza la liturgia de hoy con la antífona de entrada: ¡alegraos!

Y esta alegría nos viene porque el Señor nos ha salvado, nos ha liberado de nuestras propias cadenas, de nuestras propias mentiras, de nuestro propio pecado que es lo que más ata.

6.- Salvación que Dios misericordioso ofrece.

«Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo; por pura gracia habéis sido salvados» (Ef 2, 4-5). No nos auto-salvamos. A veces, se ha exagerado en demasía la idea de que nos ganamos el cielo a base de nuestros actos y cosas buenas que realizamos. Pues, el cielo no lo gana nadie; es decir, la libertad del Espíritu nos la regala Dios. Mejor dicho, el trofeo de la victoria nos lo ha ganado para nosotros Cristo en la cruz. Él ha alcanzado la victoria, ha vencido a la muerte, ha vencido el pecado, ha vencido la enfermedad, el odio, la manipulación, la mentira. Vencemos en Él. Nadie se gana el cielo, el cielo nos lo regala Jesucristo (cf. Ef 2, 8).

Y esto es lo que celebramos en la Pascua: La muerte salvadora de Jesucristo y su resurrección. Él nos pone en bandeja el regalo y nos hace entrar con él a la luz eterna. Mientras vivimos en la esclavitud de las tinieblas, de la ceguera, del egoísmo..., si nos dejamos iluminar y guiar por el Señor, podemos obtener la iluminación interior, la conversión y la salvación.

7.- Dios mandó su Hijo como Luz del mundo para salvarlo.

El diálogo que se establece en el Evangelio entre Nicodemo y Jesús va en la línea de lo que acabamos de comentar. Jesús es un gran Maestro que explica a Nicodemo qué es la vida eterna y le invita a vivir del amor de Dios (cf. Jn 3, 16).

«El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios» (Jn 3, 18). Y, ¿qué es creer? ¿Qué significa creer? Parece que es saber una serie de cosas o de verdades reveladas. En el mundo israelita esta palabra es mucho más amplia. Creer es "tener experiencia de". Por ejemplo, ¿es lo mismo saber, o suponer lo que es el amor, que amar? ¿Es lo mismo tener conocimientos sobre lo que es el amor que tener experiencias de haber sido amado y de amar? Creer no consiste en saber cosas ni de Dios, ni de Cristo, ni de la Iglesia. Creer es tener la experiencia de ser amados por Dios y de amar en correspondencia al amor primero por el que Él me ama.

El ser humano la primera experiencia que tiene es de ser amado; es amado por Dios y es amado por sus padres. Cuando el ser humano vive la experiencia de ser amado es capaz, después, de amar, pero la persona humana que no tuviera la experiencia de ser amado no sería capaz de amar.

¿Qué es ser cristiano? No es saber cosas de Dios. Es tener la experiencia de ser amados por Dios y, en consecuencia, de corresponder al amor de Dios.

8.- La Visita Pastoral.

Hoy hemos estado realizando la Visita Pastoral a esta hermosa parroquia de San Pedro, en Cártama. Hemos subido a la Ermita de la Virgen de los Remedios; hemos visitado a algunos enfermos en sus domicilios y tenido encuentro con distintos grupos parroquiales: catequesis, caritas, pastoral familiar, etc.

La Visita pretende ser un encuentro del Obispo con los fieles en una relación directa. Que nadie pueda decir que el Obispo está en la Luna. Los que habéis tenido la oportunidad de encontrarnos, habéis podido verificar, habéis tenido la experiencia de que el Obispo tiene los pies en el suelo.

Este encuentro quiere reforzar el conocimiento y el amor mutuo: El amor del Pastor con los fieles y viceversa; y promover esa fraternidad entre los fieles.

Estoy muy contento de haber hecho esta Visita. Ya conocía la parroquia cuando estuve confirmando a un gran número de personas hace un par de años. Hoy era una Visita especial con todos los grupos de la parroquia. Y esta Eucaristía, que estamos celebrando ahora, es el colofón. La celebración final porque es el encuentro con Jesucristo. La Eucaristía presidida por quien es la cabeza de la Iglesia.

La comunidad cristiana tiene que vivir y crecer en esa experiencia de fe, de amor y de esperanza. Ese el objetivo de la Visita Pastoral: conocernos mejor y ayudarnos a vivir cada día con mayor profundidad y compromiso la fe; y con esta luz del Evangelio iluminar todas las realidades del hombre, del ser humano, de la sociedad: la familia, la vida, el trabajo, las relaciones sociales, la economía, la política... todo. Y démosle de lado a quiénes pretenden acallar la voz del Evangelio. Hay que demostrarles que el cristiano no está para reunirse sólo dentro del templo, sino también para transformar la sociedad fuera, en la calle, en el trabajo, en la familia, en las leyes, en todos los ámbitos. Pero esto desde la luz del Evangelio y no desde ideologías contrarias, muchas de ellas, al Evangelio, e incluso a la vida, o al amor de Dios.

9.- Ilusión por vivir la fe.

Quiero agradecer al Señor que me haya permitido estar con vosotros y dialogar sobre los retos que tiene la comunidad, de los proyectos que tiene y cómo ayudarnos mutuamente a afrontarlos mejor, a ser mejores testigos en la sociedad de hoy.

Vamos a pedir a la Virgen, a Nuestra Señora de los Remedios, la Patrona, que nos siga acompañando como ha acompañado a tantas generaciones de fieles cristianos cartameños. Que Ella nos lleve de su mano, que nos haga sentir que somos hermanos porque tenemos la misma Madre, tenemos el mismo Padre Dios y el mismo hermano Jesucristo. Estos lazos son reales, no son teóricos.

El que invoca a Nuestra Señora de los Remedios y otro, que está a su lado, la invoca igual que él, entre ellos no puede haber odio, debe haber amor corresponsal. Si yo quiero a la Virgen y quiero a Dios que me ama, no puedo no querer al hermano que también quiere a la misma Virgen y al mismo Dios.

A los que vais ahora a recibir el sacramento de la confirmación os felicitamos porque la Iglesia os va a regalar el don del Espíritu Santo y ese don os va a hacer mejores cristianos, más comprometidos con la fe y con la luz del Evangelio.

Pues, que la Virgen, Nuestra Señora de los Remedios nos siga acompañando como ha acompañado a tantas generaciones de cartameños. Transmitid esa devoción a vuestros hijos y a las nuevas generaciones. Cártama no puede perder la devoción a la Virgen, no la debe perder jamás. Ese es mi deseo. Que así sea.

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