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Acción de gracias por la beatificación de Mons. Óscar Romero (Catedral-Málaga)

Publicado: 13/06/2015: 65

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Misa de acción de gracias por la beatificación de Mons. Óscar Romero (Catedral-Málaga) celebrada el 13 de junio de 2015.

ACCIÓN DE GRACIAS

POR LA BEATIFICACIÓN DE MONS. ÓSCAR ROMERO

(Catedral-Málaga, 13 junio 2015)

 

Lecturas: Ez 17, 22-24; Sal 91, 2-3.13-16; 2 Co 5, 6-10; Mc 4, 26-34.

(Domingo Ordinario XI - B)

1.- El Señor humilla lo orgulloso y ensalza lo humilde

En este domingo del tiempo Ordinario las lecturas nos presentan unas imágenes tomadas del mundo agrícola. Tanto en el profeta Ezequiel como el Señor en el Evangelio usa palabras de la vida ordinaria aplicada a la realidad del Reino de Dios y a lo que es la Iglesia, y a los que somos cada uno de nosotros como almas salvadas por el Señor.

El profeta Ezequiel recuerda y dice: «También yo tomaré de la copa del alto cedro, de la punta de sus ramas escogeré un ramo y lo plantaré yo mismo en una montaña elevada y excelsa. Echará ramaje y producirá fruto, y se hará un cedro magnífico. Debajo de él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves morarán a la sombra de sus ramas» (Ez 17, 22-23). Esta es una imagen preciosa del ser humano, del cristiano, de la Iglesia.

Hoy damos gracias a Dios por la Beatificación de Mons. Óscar Romero, declarado patrono de “Caritas Internationalis”, distinción que comparte con Teresa de Calcuta y Martín de Porres. Fue sacerdote y obispo humilde que el Señor ha ensalzado por su trabajo en favor de los pobres y de los humildes.

En él se ha hecho realidad esta profecía de Ezequiel: “tomaré y plantaré un humilde ramo que después se hará grande”.

2.- Vivir siempre con buen ánimo

El Señor nos anima a vivir en este día con esperanza y buen ánimo. El texto de san Pablo nos recuerda: «Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor. Pues caminamos en la fe y no en la visión» (2 Co 5, 6-7).

Estamos aún en un camino y en proceso en esta vida. Debemos tener gran ánimo; es decir, magnanimidad y tener esperanza hasta que vivamos plenamente unidos a Él en la eternidad. Vivimos con la certeza de que vamos hacia el encuentro definitivo y pleno con el Señor. Entonces, buscamos agradar al Señor, agradarle a Él, no hacer nuestra propia voluntad. Porque, nos recuerda san Pablo que es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el Tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal (cf. 2 Co 5, 10). Esperamos con esperanza al final el encuentro con el Señor.

3.- Como el grano sembrado en tierra

Y Jesús, en el texto del Evangelio de san Marcos ha presentado unas parábolas, como decíamos al principio, vinculadas al mundo agrícola. Nos habla de un grano sembrado en la tierra. «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra. Duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo» (Mc 4, 26-27).

El grano para poder dar fruto tiene que morir. Si el grano de trigo que cae en tierra no muere no produce fruto, dice el Señor (cf. Jn 12, 24). El grano que se echa en la tierra, si esa tierra está en condiciones, esa tierra lo hará germinar, pero haciéndolo germinar deja de ser grano y se convierte en planta. Es decir, muere como grano y se transforma.

Mons. Óscar Romero ha sido sembrado en tierra, como el grano de trigo, para producir fruto.

4.- Mons. Romero, grano sembrado en la tierra

Óscar-Arnulfo Romero y Galdámez, conocido como Mons. Romero, nació en Ciudad Barrios (El Salvador) el 15 de agosto de 1917, siendo el segundo de ocho hermanos. Practicó desde su infancia la oración nocturna y la veneración al Inmaculado Corazón de María. Hoy es la fiesta de la Inmaculado Corazón de María. Él fue claretiano y como tal vivió de forma especial esta devoción a la Virgen, al Corazón Inmaculado de María. Estudió en el seminario de los claretianos en San Salvador y luego en Roma, donde fue alumno de monseñor Giovanni Batista Montini, el que después sería el papa Pablo VI. Y fue ordenado sacerdote en 1942, a la edad de 24 años.

En 1970 fue nombrado Obispo auxiliar de San Salvador y después obispo de la diócesis de Santiago de María (1974). En 1977 fue nombrado arzobispo de San Salvador, donde estuvo hasta su muerte en 1980. Sólo unos pocos años, suficientes para hacer una gran labor de evangelización y de apoyo a los pobres, a los más necesitados.

Murió celebrando la Misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia, en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la consagración del Santísimo; tenía entonces 62 años. Años más tarde se supo quién era el asesino: un miembro del equipo de seguridad del expresidente de la República, quien manifestó que la orden para cometer el crimen la recibió del creador de los escuadrones de la muerte.

La voz de Mons. Romero molestaba a los poderosos de la tierra, a los ricos, a los que explotaban a los pobres y el murió como el grano de trigo para dar fruto.

5.- Como el grano de mostaza

Jesús ha querido comparar el Reino a un granito de mostaza, que, aunque es pequeño se desarrolla y crece, y «una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra» (Mc 4, 32).

Mons. Romero fue asesinado por haber defendido los derechos humanos y manifestar su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país. Se lo consideró un obispo que defendía la “opción preferencial por los pobres”.

6.- Sus enseñanzas

Sus homilías, transmitidas por la radio diocesana, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda. Señaló especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad del Estado.

Obtuvo varios doctorados “Honoris Causa”. Pero lo más importante es su vida entregada como grano de trigo que cae en tierra y muere para dar fruto. Como una planta que el Señor hace crecer y se hace grande como el Reino de los Cielos.

Con ocasión de su doctorado “Honoris Causa” por la Universidad Católica de Lovaina en reconocimiento por su lucha en defensa de los derechos humanos, en el año 1980, poco antes de su muerte, Mons. Romero pronunció un discurso considerado como su testamento profético, y que cito:

 “Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país. Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres [...]. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres [...]. El mundo de los pobres con características sociales y políticas bien concretas, nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad”.

Palabras fuertes, pero palabras que hacían daño a quienes vivían de esta manera. Pera eran palabras de aliento y de apoyo a los que se sentían desprotegidos, manipulados y oprimidos.

7.- Su canonización

Diez años después de su muerte, en el año 1990, se introdujo su causa de canonización. En 2015 fue reconocido como mártir “por odio a la fe”. Fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 1979, a propuesta del Parlamento británico. 

La causa de canonización ha estado un poco parada hasta que el actual papa Francisco animó a que esta causa fuera adelante. Probablemente ellos se conocieron en vida. Finalmente, el 23 de mayo de 2015 fue beatificado en San Salvador, donde participaron unas trescientas mil personas de cincuenta y siete países. En pocos años, el ejemplo de este gran Obispo se ha extendido por todo el globo terráqueo como un símbolo del cristiano que vive y hace opción preferencial por los pobres.

Pedimos a la Santísima Virgen María, mujer humilde y sencilla, pobre entre los pobres, que nos ayude a ser humildes y a estar con los más necesitados y pobres.

  Y damos gracias a Dios por la beatificación de Mons. Romero, que ofreció su vida al servicio de los más pobres. Que también nosotros sepamos estar con ellos como una opción preferencial propia del cristiano y de nuestra Iglesia. Amén.

 

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