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Eucaristía con los seminaristas (Seminario-Málaga)

Publicado: 16/06/2015: 61

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía con los seminaristas (Seminario-Málaga) celebrada el 16 de junio de 2015.

EUCARISTÍA CON LOS SEMINARISTAS

(Seminario-Málaga, 16 junio 2015)

 

Lecturas: 2 Co 8, 1-9; Sal 145, 2-9; Mt 5, 43-48.

 

1.- Esta tarde el Señor nos convoca en esta “ecclesia”, en esta Asamblea, en primer lugar, para escuchar su Palabra y, después, para invitarnos al banquete eucarístico.

Hoy el Señor nos concede también la alegría de tener dos diáconos que van a hacer la petición de su ordenación sacerdotal, que van a profesar la fe y van a entregarse al Señor. Es un don, una alegría para todos nosotros y, para ellos, una ofrenda, una oblación.

2.- San Pablo, en la lectura que acabamos de escuchar, de la segunda carta a los Corintios, informa de la gracia que Dios ha concedido a las iglesias de Macedonia (cf. 2 Co 8, 1): «En las pruebas y tribulaciones ha crecido su alegría, y su pobreza extrema se ha desbordado en tesoros de generosidad» (2 Co 8, 2). A pesar de su pobreza, estas comunidades comparten todo lo que tienen; no sólo ofrecen una colecta, no ofrecen sólo bienes materiales, incluso se ofrecen a sí mismos; como dice Pablo, me ofrezco en persona.

Queridos José-Miguel e Isidro, pues a esto es a lo que os invito, que, a ejemplo de estas comunidades de Macedonia y a ejemplo de Pablo, os entreguéis al Señor con generosidad. No entreguéis sólo vuestras facultades, vuestro tiempo, vuestro dinero, vuestros bienes materiales, entregad vuestras personas al anuncio del Evangelio, al ejercicio del ministerio sacerdotal.

3.- Las iglesias primitivas de Macedonia y las otras comunidades superaron las expectativas que tenía Pablo: «se entregaron a sí mismos, primero al Señor y además a nosotros, conforme a la voluntad de Dios» (2 Co 8, 5). ¿Estáis dispuestos a superar las expectativas que tenemos de vosotros? ¿Tenéis expectativas los formadores sobre ellos?, porque el Obispo sí tiene expectativas y la diócesis de Málaga y el Presbiterio, también. A ver si sois capaces de superar las expectativas que tenemos. ¡Menudo reto, eh! Pues ese es el reto que os pongo. Y como testigos, nuestros hermanos, el resto de seminaristas.

Las iglesias primitivas de Macedonia sobresalían en todo: «en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado» (2 Co 8, 7). Esta invitación no va solamente por ellos. ¿Sobresalís, sobresalimos en fe, en la palabra, en conocimiento, en testimonio, en ser hombres de Dios y en el amor?

San Pablo les anima también a sobresalir en obras de caridad (cf. 2 Co 8, 7), a ejemplo de Jesucristo: «El cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Co 8, 9).

4.- Os invito a hacer lo mismo: a sobresalir en obras de amor, enriqueciendo a los demás con vuestra generosidad desde vuestra pobreza, no desde la riqueza. Cristo era el único que era rico y se hizo pobre, y nos enriqueció con su pobreza. Nosotros solamente podemos enriquecer con nuestra pobreza, no con nuestra riqueza.

Hoy tenemos razones sobradas para dar gracias a Dios con motivo de la firma de los candidatos al sacerdocio. Se trata de un gesto de generosidad y de amor a Dios y a los hombres.

Ello es motivo de alegría y de acción de gracias. Como hemos cantado en el Salmo (145), podemos entonar cantos de alabanza al Señor y decir con alegría Alaba, alma mía, al Señor. Dad gracias al Señor.

5.- En el evangelio de Mateo, el Señor Jesús nos exhorta a amar a nuestros enemigos: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen» (Mt 5, 43-44).

            El Señor nos presenta una meta a todos: futuros sacerdotes, sacerdotes actuales y futuros sacerdotes en un tiempo más lejano, que será imposible de alcanzar: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48). Dios «hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos» (Mt 5, 45). Pero, «si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?» (Mt 5, 46).

  La meta que se nos presenta va a ser inalcanzable. ¿Quién pretende de vosotros ser perfectos como el Padre celestial es perfecto? A ver, levantad la mano. Ahora, ¿quién desea imitar a Jesucristo? Levantad la mano.

6.- Vamos a pedir al Señor que nos ayude, que nos anime al seguimiento de Jesús. El papa Francisco, en su Exhortación Evangelii gaudium, habla de que debemos ser “discípulos misioneros” [nn. 119-121], porque no se puede ser misionero sino se es discípulo.

Vamos a pedir a Dios que nos dé fuerza, generosidad, alegría, gozo, ánimo para realizar la tarea que Él nos pide.

Y esta tarde le pedimos de un modo especial por Isidro y José-Miguel, para que el Señor les conceda la gracia, el don del Espíritu para ejercer próximamente el ministerio sacerdotal.

No nos olvidemos de que la Virgen está siempre a nuestro lado intercediendo por nosotros y acompañándonos en este proceso. Que así sea.

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