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Fiesta de los Santos Ciriaco y Paula, patronos de Málaga (Catedral-Málaga)

Publicado: 18/06/2015: 86

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Fiesta de los Santos Ciriaco y Paula, patronos de Málaga (Catedral-Málaga) celebrada el 18 de junio de 2015.

FIESTA DE LOS SANTOS CIRIACO Y PAULA,

PATRONOS DE MÁLAGA

(Catedral-Málaga, 18 junio 2015)

 

Lecturas: Sab 3, 1-9; Sal 125, 1-6; Hch 5, 17-29; Lc 21, 8-19.

 

Obedecer a Dios antes que a los hombres

1.- En esta fiesta familiar de los santos patronos de nuestra ciudad, los mártires Ciriaco y Paula, nos reunimos en torno al altar del Señor para agradecer a Dios su patronazgo y pedir la intercesión de aquellos que dieron su vida en testimonio de la fe, obedeciendo a Dios antes que a los hombres. Esta es la idea que deseo desarrollar en esta reflexión homilética.

El libro de la Sabiduría nos ha recordado que «la vida de los justos está en manos de Dios» (Sab 3, 1). Ningún poder humano puede contra la voluntad divina. El Señor permite la muerte temporal de sus fieles, porque les espera una recompensa mejor: la felicidad eterna.

            Los santos mártires Ciriaco y Paula eran conscientes de que al perder su vida temporal encontraban en plenitud la vida eterna. Los mártires cristianos de hoy, asesinados por su fe, son conscientes del valor eterno de su vida y esperan con firmeza la resurrección que el Señor les concede. Rezamos por los cristianos perseguidos en muchas partes del mundo; ellos son testigos de la fe en pleno siglo XXI.

2.- Los perseguidores, que odian la fe cristiana, piensan que han vencido al dar muerte a un cristiano y consideran que el mártir ha terminado su vida; pero se equivocan. La Sagrada Escritura a los que así piensan los llama insensatos: «Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia» (Sab 3, 2).

            Pero la verdad es que a quienes ofrecen su vida en sacrificio de alabanza y en testimonio de la fe les espera la inmortalidad; su partida de entre nosotros no es una desgracia, ni una ruina, sino una vida más llena (cf. Sab 3, 3-4).

            Al igual que el oro, que una vez aquilatado adquiere mayor valor, los mártires cristianos son aquilatados como «como oro en el crisol» (Sab 3, 6) y el Señor los acepta y acoge «como sacrificio de holocausto» (Sab 3, 6) y de alabanza a Dios.

            No tengamos miedo, pues, en confesar nuestra fe en Dios. El testimonio nos hace más libres y más aquilatados.

3.- Los apóstoles dieron testimonio de su fe ante el pueblo judío. Las autoridades les habían prohibido predicar en nombre del Señor Jesús por miedo a perder su poder social y político; temían que los cristianos no obedecieran las leyes que ellos promulgaban; se inquietaban ante la posibilidad de perder adeptos y seguidores.

El sumo sacerdote y sus partidarios habían metido a los apóstoles en la cárcel (cf. Hch 5, 17-18), pensando que con ello salvaguardaban las leyes establecidas.

Muchos cristianos han sido perseguidos a lo largo de la historia por ser una amenaza a los poderes de este mundo; o, mejor dicho, a los detentores del poder de este mundo, que ven amenazados sus propios intereses.

Sigue habiendo hoy en todo el mundo gente con intereses personales, partidistas o de grupo, que temen verse privados de ellos por la presencia de los cristianos. Sin embargo, los cristianos no pretenden, como tales, arrebatar el poder temporal a nadie. Es su misma vida, su estilo y sus actitudes las que ponen en jaque a los que detentan el poder temporal, porque el cristiano mira hacia el más allá.

Ciertamente no todos los gobiernos persiguen a los cristianos. Los gobiernos que trabajan sinceramente por el bien común son los que más respetan a los cristianos. Sin embargo, los gobiernos más autoritarios o dictatoriales son los que más persiguen a los cristianos; éstos últimos suelen estar dominados por ideologías que no aceptan la visión y la antropología cristiana.

4.- La vida de los cristianos está en manos de Dios: ésta es una lección que aprendemos de los santos Ciriaco y Paula. El ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y liberó a los apóstoles, encomendándoles que fueran al templo y explicaran al pueblo este modo nuevo de vivir; es decir, el ser discípulos de Jesús de Nazaret: «Marchaos y, cuando lleguéis al templo, explicad al pueblo todas estas palabras de vida» (Hch 5, 20).

La fe cristiana no es una filosofía, ni una teoría, ni una ideología, ni una mera doctrina; la vida cristiana es una forma de vida, un camino a recorrer siguiendo al Señor, un estilo de vivir, basado en la vida y enseñanza de Jesucristo.

            Los apóstoles se pusieron a enseñar esta forma de vida (cf. Hch 5, 25), que no agradaba a las autoridades; por eso tuvieron que comparecer ante el poder constituido y ser interrogados (cf. Hch 5, 27). Ante la pregunta de por qué seguían enseñando al pueblo, Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5, 29).

5.- Si la vida de los santos está en manos de Dios y los bienes de que disponemos las personas humanas son dádiva de Dios, ¿qué otra actitud cabe sino obedecer a Dios antes que a los hombres?

Los apóstoles, con gran entereza, responden que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, sobre todo cuando pueda existir contraposición entre las leyes humanas y la voluntad divina.

El papa Francisco, comentando el texto de los Hechos dice: “Al mandato de permanecer en silencio, de no seguir enseñando en el nombre de Jesús, de no anunciar más su mensaje, ellos responden claramente: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Y no los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. Pedro y los Apóstoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jesús” (Francisco, Homilía en el III Domingo de Pascua, 1. San Pablo Extramuros-Roma, 14.04.2013).

            Estamos celebrando la fiesta del martirio de los Santos Patronos Ciriaco y Paula, quienes anunciaron a Cristo con su palabra, dieron testimonio de él con el martirio y lo adoraron con todo su corazón.

6.- Con el papa Francisco nos interrogamos: “Y nosotros, ¿somos capaces de llevar la Palabra de Dios a nuestros ambientes de vida? ¿Sabemos hablar de Cristo, de lo que representa para nosotros, en familia, con los que forman parte de nuestra vida cotidiana? La fe nace de la escucha, y se refuerza con el anuncio” (Ibid.).

            No tengamos miedo, pues, a lo que nos puedan decir, a los ataques, a las incomprensiones, a las críticas de quienes no comprenden lo que significa realmente ser cristiano, creer en Jesucristo y vivir según su estilo. El Señor nos da su fuerza y su luz para ser hoy testigos valientes de su Evangelio.

Siempre habrá gente que no aceptará el estilo de vida cristiano. Es preciso aceptar que los cristianos somos “signo de contradicción” y vamos “contracorriente”, como dice el papa Francisco (cf. Evangelii gaudium, 259).

            Pedimos la intercesión de los santos Patronos de Málaga, Ciriaco y Paula, para que nos ayuden a obedecer a Dios antes que a los hombres, aunque ello nos suponga incomprensiones y persecuciones. Amén.

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