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Apertura de Curso 2015-2016 en los Centros Teológicos (Seminario)

Publicado: 09/10/2015: 83

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la apertura de curso 2015-2016 en los Centros Teológicos (Seminario) celebrada en el Seminario de Málaga el 9 de octubre de 2015.

APERTURA DEL CURSO 2015-2016

EN LOS CENTROS TEOLÓGICOS

(Seminario-Málaga, 9 octubre 2015)

 

Lecturas: Jl 1, 13-15; 2, 1-2; Sal 9, 2-0; Lc 11, 15-26.

1.- El Señor, a través del profeta Joel, llama a la penitencia y a la conversión a su pueblo; e invita a sus sacerdotes a hacer luto, porque ya no hay en el templo ofrendas y libaciones (cf. Jl 1, 13).

            Podemos leer hoy este texto en clave de lectura de la situación de nuestra sociedad: el avance del secularismo, la disminución de los que se confiesan cristianos, el descenso de la práctica de los sacramentos, la falta de formación religiosa.

El profeta llama a su pueblo y lo convoca en asamblea, invitándole a clamar al Señor: «Proclamad un ayuno santo, convocad la asamblea, reunid a los jefes, a todos los habitantes del país en la casa de vuestro Dios y llamad a gritos al Señor» (Jl 1, 14).

            El pueblo debe implorar al Señor su bendición y rogarle que aparte la desgracia que se cierne sobre él, al llegar el Día del Señor: día de oscuridad y tiniebla (cf. Jl 2, 2).

2.- Los tintes con los que el profeta Joel pinta la situación son más bien negros. Sin ser pesimistas, mucha gente de nuestra sociedad está alejada de Dios, porque va detrás de otros dioses, que satisfagan sus necesidades y apetencias.

            El Señor nos invita hoy a proclamar la Buena Nueva de salvación, que Jesucristo ha traído al mundo con la ofrenda de su vida en la cruz y con su resurrección.

            Es necesario seguir anunciando el Evangelio de forma más convincente y comprometida, como nos invitan los últimos papas con la llamada a la nueva evangelización. El ejemplo de vida del cristiano es el mejor testimonio. Como dijo el papa Pablo VI, nuestro mundo escuchaba mejor a los testigos que a los maestros: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros es porque son testigos" (cf. Evangelii nuntiandi, 41).

3.- En la misión que el Señor nos confía de anunciar su Evangelio y de abrirnos al diálogo con los no-creyentes o con creyentes de otros credos, es importante saber descubrir los elementos de verdad existentes en las creencias y opiniones ajenas. Citando al respecto al papa Pablo VI, gran experto en el diálogo, decía: “En el diálogo se descubre cuán diversos son los caminos que conducen a la luz de la fe y cómo es posible hacer que converjan a un mismo fin” (Pablo VI, Ecclesiam suam, 32).

Y se preguntaba cómo desarrollar este diálogo, exponiendo con gran lealtad la enseñanza de la propia fe: “Muchas son las formas del diálogo de la salvación. Obedece a exigencias prácticas, escoge medios aptos, no se liga a vanos apriorismos, no se petrifica en expresiones inmóviles, cuando éstas ya han perdido la capacidad de hablar y mover a los hombres. Esto plantea un gran problema: el de la conexión de la misión de la Iglesia con la vida de los hombres en un determinado tiempo, en un determinado sitio, en una determinada cultura y en una determinada situación social” (Pablo VI, Ecclesiam suam, 32).

            Como estudiosos de la teología y como futuros pastores estamos obligados a aprender bien cómo ejercer de pastores, porque el pueblo de Dios no puede avanzar sin guías: “Estos son los pastores, los teólogos, los maestros del espíritu, los sacerdotes y aquellos que cooperan con ellos en la animación de las comunidades cristianas. Su misión es ayudar a sus hermanos a escoger los senderos de la alegría evangélica, en medio de las realidades que constituyen su vida y de las que no pueden escapar” (Pablo VI, Gaudete in Domino, 50).

4.- En el evangelio de san Lucas se presenta el diálogo entre Jesús y sus interlocutores, que quieren ponerlo a prueba: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios» (Lc 11, 15).

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa» (Lc 11, 17).

            La expulsión de los demonios es un signo de la presencia del reino de Dios: «Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros» (Lc 11, 20).

            La misión del pastor es curar las ovejas y darles buenos pastos; la misión del teólogo es profundizar en las Sagradas Escrituras y en la teología y ofrecer alimentos buenos y sólidos a los fieles.

Hago una llamada a los profesores, para que deis lo mejor de vosotros mismos, ofreciendo alimento de vida eterna y guardando para uno mismo sus opiniones que no estén en consonancia con la doctrina de la Iglesia y puedan perturbar el ánimo de los alumnos.

Y animo a los alumnos a penetrar en el saber teológico, que difiere de otros saberes por su objeto y por su método; y aceptando lo revelado como tal, sin confundirlo con lo opinable.

5.- Debe reinar la comunión estrecha entre profesores y alumnos; y todos ellos con Jesucristo.

            Fe y vida deben ir de la mano; y la comunión debe ser el nudo que ata los diversos elementos relacionados. San Isidoro de Sevilla decía en las Sentencias: “la doctrina sin vida se vuelve arrogante, y la vida sin doctrina se hace inútil”. 

            Pedimos a la Santísima Virgen María, sede de la Sabiduría, que acompañe los trabajos de este nuevo curso académico. Amén.

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