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Cuarto centenario de la institución de la Cofradía de Jesús Orando en el Huerto (Parroquia de Santa Ana-Archidona)

Publicado: 25/10/2015: 71

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el cuarto centenario de la institución de la Cofradía de Jesús Orando en el Huerto (Parroquia de Santa Ana-Archidona) celebrado el 25 de octubre de 2015.

CUARTO CENTENARIO DE LA INSTITUCIÓN

DE LA COFRADÍA DE JESÚS ORANDO EN EL HUERTO

 (Parroquia de Santa Ana-Archidona, 25 octubre 2015)

 

Lecturas: Jr 31, 7-9; Sal 125; Hb 5, 1-6; Mc 10, 46-52.

(Domingo Ordinario XXX – B)

1. Celebramos hoy el cuatrocientos Aniversario de la Cofradía de Jesús orando en el huerto, Jesús preso y María Santísima del Amparo. Es para nosotros un gran motivo de fiesta y de alegría.

            El profeta Jeremías invita al pueblo a gritar de alegría porque «el Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel» (Jr 31, 7); es decir, al resto de Israel, a los que se han mantenido adorando al Dios verdadero. Dios ha cambiado la suerte de su pueblo y lo hace regresar a su patria desde el destierro: «Los traeré del país del norte, los reuniré de los confines de la tierra» (Jr 31, 8). Los lleva a torrentes de agua, por camino llano, porque es un padre su pueblo Israel (cf. Jr 31, 9).

            El profeta anuncia caminos que Dios abre en la estepa para que regresen a la tierra de la libertad; de la esclavitud los hace hombres libres. A nosotros también nos ha hecho pasar, gracias al bautismo, de las tinieblas a la luz, de la esclavitud a la libertad. A la luz de esta palabra profética el futuro se abre para los pobres hacia una nueva esperanza. A nosotros se nos ha regalado una nueva vida en el bautismo.

Dios ha cambiado la suerte de la humanidad; nos ha hecho pasar de la muerte a la vida (cf. 1 Jn 3, 14), de tinieblas a su luz maravillosa (cf. 1 Pe 2, 9). Él ha iluminado nuestra vida y ha cambiado nuestra suerte. Ha devuelto la vista a los ciegos (cf. Mt 15, 31). He cambiado nuestro duelo en fiesta, el luto en danza, la tristeza en alegría (cf. Est 9, 22).

            El salmista exhorta a la alegría, a la fiesta y al canto: «Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, nos parecía soñar. La boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares» (Sal 125, 1-2). La razón de esta alegría es la acción grandiosa de Dios que libera y su gran generosidad: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres» (Sal 125, 3), hemos cantado en el Salmo.

2. En la celebración del cuatrocientos Aniversario de la Cofradía de Jesús orando en el huerto, Jesús preso y María Santísima del Amparo damos gracias a Dios por la gran obra de salvación, que ha obrado en favor de los hombres por mediación de su Hijo Jesucristo. Damos gracias a Dios por la larga historia de la Cofradía y su presencia benefactora en Archidona.

Parece ser que la Cofradía se fundó a finales del siglo XVI; aunque el documento más antiguo es de 1615, en el que se describe una procesión de rogativas en la que sale la imagen del Huerto.

            El siglo XVIII supone un cambio importante en las procesiones y en la expresión de la piedad popular en España debido a las leyes civiles, entre las que destacan la prohibición de la disciplina pública, los rostros tapados y las procesiones nocturnas, por cédula de Carlos III en 1777; y el decreto de extinción de las cofradías de 1783, que suprimía todas aquellas que no tuviesen la aprobación civil o eclesiástica. Para evitar los excesos que se cometían en las procesiones, las autoridades eclesiásticas dictaron unas normas durante el siglo XVIII; y se suprimieron algunas escenas teatrales.

            El siglo XIX es un período de altibajos y crisis, que produce una bajada en la inscripción de hermanos y una situación económica penosa con acumulación de deudas. La política desamortizadora del gobierno de Mendizábal supuso un nuevo revés para las cofradías, órdenes religiosas, hospitales, e incluso ayuntamientos. En 1836 se disuelven las órdenes religiosas y se les despoja de sus bienes inmuebles.

En el siglo XX se inicia una lenta recuperación hasta llegar a un impulso revitalizador del fenómeno cofradiero en la ciudad. Se adquieren nuevos tronos y enseres; algunos como la conocida túnica que de Jesús Preso en 1915 o la corona de plata de la Virgen en 1919. En 1928 se estrenan nuevos tronos para las imágenes de Jesús orando en el Huerto y Jesús Preso.

            Hacia 1930 se funda la Agrupación de Cofradías, que viene a coordinar algunas actividades distintivas de las diversas cofradías. La Guerra Civil vuelve a empeorar las cosas, interrumpiendo de nuevo las salidas procesionales.

A partir de la segunda mitad del siglo XX desaparecen algunos elementos como los romanos, el apostolado de cruces y el de diademas, los evangelistas, los faroles, el paso de San Juan. Se pierden tradiciones como la liberación de un recluso o la bendición que hacía la imagen de Jesús Preso. En los años ochenta se aprecia un dinamismo renovador. Deja de cantarse la Embajá del Ángel, que se recupera en los años setenta, que describe el pasaje evangélico de la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos de Getsemaní, donde es asistido por un ángel, que le reconforta ante la inminente pasión que va a sufrir: “Oh, soberano Jesús (…). Recibe este amargo cáliz que está lleno de tormento (…) Tu cuerpo será azotado con el rigor más severo; pues para que te conforte me envía tu Padre Eterno”.

3. El evangelio de hoy nos presenta el encuentro de Jesús con el ciego de Jericó, que se encontraba sentado al borde del camino pidiendo limosna (cf. Mc 10, 46). Esta imagen del ciego revela marginalidad, exclusión y pobreza; los ciegos estaban excluidos de la vida religiosa por su enfermedad; su ceguera les mantenía en constante tiniebla interior.

            Pero el ciego está atento y escucha; al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, ten piedad de mí» (Mc 10, 47). Pedir perdón es condición necesaria para salir de la crisis, del hundimiento y no perder la relación con Dios.

            A pesar de que le increpaban que se callase, él gritaba más fuerte (cf. Mc 10, 48). Por eso Jesús lo hizo llamar (cf. Mc 10, 49). Cuando se encontraba ante Jesús le pidió que le diera la vista: «Rabbuni, que pueda ver otra vez» (Mc 10, 51). Y al ser curado, el ciego siguió a Jesús.

4. Para los cristianos el ciego es modelo del creyente y de discípulo, que ante nada retrocede y que sigue a Jesús en su camino hacia la muerte. Son necesarios en nuestro mundo testigos de la fe en Jesús en medio de las dificultades.

El ciego recibe la luz, que orienta la vida. La dinámica de la fe es la esencia del discipulado, porque sólo la adhesión total y la comunión con el Maestro hacen posible su seguimiento. Ahora Jesús tiene un nuevo discípulo, que ha recibido el don de la vista y se caracteriza por su fe.

            San Gregorio Magno decía al respecto: “Quien ignora el esplendor de la eterna luz, es ciego. Con todo, si ya cree en el Redentor, entonces ya está sentado a la vera del camino. Esto, sin embargo, no es suficiente” (Homil. in Ev. 2, 2.8). Es necesario seguir a Jesucristo como buenos discípulos y ser iluminados por su doctrina sublime.

Queridos hermanos de la Cofradía de Jesús orando en el huerto, Jesús preso y María Santísima del Amparo, os felicito por este cuatrocientos aniversario de la institución de vuestra cofradía.

Vuestros antepasados, que fundaron la Cofradía y la mantuvieron durante estos cuatrocientos años, fueron iluminados por la fe y siguieron a Jesús como el ciego Bartimeo.

            Os animo a seguir viviendo la fe en Jesucristo, siendo testigos de la misma en nuestra sociedad. El papa Francisco nos exhorta a ser “discípulos misioneros” (cf. Evangelii gaudium, 119-121).

            Pedimos a la Virgen María, bajo la advocación de María Santísima del Amparo, que nos ayude a vivir de la fe en Dios y a seguir como buenos discípulos a su Hijo, que es el único Maestro de la humanidad. Amén.

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