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Encuentro de los Delegados Dioccesanos para el Clero de las Diócesis de Andalucía (Casa Diocesana-Málaga)

Publicado: 29/10/2015: 67

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Encuentro de los Delegados Dioccesanos para el Clero de las Diócesis de Andalucía (Casa Diocesana-Málaga) celebrado el 29 de octubre de 2015.

ENCUENTRO DE DELEGADOS DIOCESANOS PARA EL CLERO

DE LAS DIÓCESIS DE ANDALUCÍA

(Málaga, 29 octubre 2015)

 

Lecturas: Rm 8, 31-39; Sal 108, 21-22.26-27.30-31; Lc 13, 31-35.

1.- San Pablo plantea la vida del cristiano en una sociedad adversa. Lo más importante para él es la experiencia de relación con Cristo. Cristo llena su vida y no le importa en absoluto lo que pueda pasar: persecuciones, azotes, sufrimientos, espada… Él sufre la espada, muere decapitado. Pero nada le apartó del amor de Cristo, ni en vida ni en muerte; pues la misma muerte no le apartó de Cristo.

Eso de cara a la sociedad y a nuestro trabajo nos puede dar un buen empuje, un buen ánimo esta actitud de Pablo de no temer nada de lo que nos llega de la sociedad. Esto sería la situación del testigo de la fe, del sacerdote de cara a fuera, a la sociedad, a los no creyentes.

2.- También estamos atravesado momentos críticos en la sociedad; no de una persecución declarada, pero sí con guante blanco una serie de tuercas que se van apretando. Estos días hemos leído en la prensa cómo algunos alcaldes de municipios están quitando las cruces de los lugares oficiales, de ayuntamientos, cementerios y otros lugares.

Pero todo eso no nos debe asustar porque nada de eso nos va a apartar del amor de Cristo y de la experiencia con Él, de la relación con Él, que es quién da sentido a nuestra vida y es quien nos salva. No nos salva hacer pactos con nadie. No nos salva estar bien con políticos, más bien no ha ido siempre mal. Si alguna vez la Iglesia ha tenido tentación de arrimarse a algún árbol, más bien le ha caído no precisamente la fruta del árbol. Le ha caído en la cabeza desgracias y piedras.

            Por tanto, hay que desligarse y desconfiar de los otros poderes, de la situación mundana y seguir aferrados a Cristo que es quién nos salva, da sentido a nuestra vida y nos lleva adelante en nuestro ministerio.

3.- Podríamos aplicarlo a muchas cosas que hemos hablado hoy. Hay problemas, hay dificultades, hay escasez de sacerdotes; pero eso no tiene por qué apartarnos del amor de Jesucristo. Ni siquiera quitarnos el sueño, ni deprimirnos.

En la última parte de la reunión ha habido varias intervenciones en el sentido de que el Espíritu lleva a la Iglesia y, por lo tanto, es cosa del Espíritu, hay que dejar hacer al Espíritu. A lo mejor no queremos perder la situación, la forma de hacer y las estructuras, y en cambio el Espíritu está queriendo desestabilizarlos, levantarnos de la silla donde estamos sentados.

Le pedimos al Señor que nos ayude a descubrir qué quiere de nosotros en este momento de cambio.

4.- Jesús en el Evangelio de Lucas hace un suspiro hacia la comunidad, qué es otra tentación. Es el decir: “¡ay, si yo tuviera una comunidad como la que deseo! Pero en esta comunidad no se puede trabajar, en esta comunidad no me responden. Llamo y no vienen a las reuniones. No participan”.

Jesús nos dice: «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido» (Lc 13, 34). ¡Cuántas veces suspiramos como Jesús, de otra manera, por otros problemas, porque nuestra comunidad cristiana no responde a nuestras exigencias, a nuestros proyectos, a nuestros planes!

5.- ¡Cuántas veces desearíamos que la comunidad, la iglesia diocesana, o incluso la Iglesia Universal fuera de otra manera! Tenemos la Iglesia que tenemos, el Espíritu sigue guiándola, pero no respondemos, los fieles cristianos no responden como desearíamos. Los obispos, los curas mismos no respondemos como desearíamos. ¡Cuántas veces he querido, pero no habéis querido! Aun así, el Señor sigue con nosotros.

            Y hemos de prescindir, a veces, o aceptar que las cosas no van como nos gustaría, como quisiéramos. ¡Pues no van como quisiéramos! Pero eso no nos debe retrotraer para no trabajar con ilusión, para no seguir el camino, para no estar en la brecha, para no sentarnos a confesar, para no evangelizar...

6.- No importa cómo nos responda nuestra comunidad cristiana o el arcipreste, el vicario episcopal o el obispo de turno. Cada cual debe seguir en la brecha donde está; cada uno debe seguir sembrando la Palabra en el surco, celebrando la fe y evangelizando. Esa es nuestra tarea. Nuestra tarea no es convertir la comunidad a nuestra imagen o proyecto, sino seguir trabajando.

            También nos pasa con nosotros mismos y con los curas. Desearíamos tener otro estilo de curas que fueran más hombres de fe, más maduros, más sensatos, con más fuerzas, con más dinamismos, con más alegría… Tenemos lo que tenemos y con eso hemos de funcionar.

7.- No quiero ponerme pesimista, pues cuando nos reunimos los obispos y salen temas como los que han salido esta tarde siempre decimos que eso forma parte de la diócesis. Hay un porcentaje de laicos y de sacerdotes a los que hay que atender más que esperar a que trabajen por, o que se unan al carro para tirar de él. A veces, hay que subirlos al carro y tirar de ellos. Esa es en buena parte la tarea de los delegados para el clero: tirar del carro, seguir empujando, seguir animando, seguir acompañando al hermano que lo está necesitando.

Vamos a pedir a Jesús, Sumo Sacerdote, que nos ayude a seguir asumiendo esta tarea que es preciosa, aunque a veces nos cueste, pero que es muy hermosa, muy sacerdotal y que para eso nos ha llamado el Señor.

Le pedimos también a la Virgen que interceda por nosotros y que sea Ella también una acompañante nuestra. Que así sea.

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