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Conmemoración de todos los fieles difuntos (Cementerio-Melilla)

Publicado: 02/11/2015: 99

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Conmemoración de todos los fieles difuntos (Cementerio-Melilla) celebrada el 2 de noviembre de 2015.

CONMEMORACIÓN

DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

(Cementerio-Melilla, 2 noviembre 2015)

 

Lecturas: Lm 3, 17-26; Sal 129, 1-8; Rm 6, 3-9; Jn 14, 1-6.

1.- En el corazón del ser humano hay un anhelo de inmortalidad. En todas las culturas, incluso en las más antiquísimas, hay expresiones del más allá; es una constante del ser humano considerar la vida después de la muerte.

Algunos padres de la Iglesia, reflexionando sobre este hecho experimentable, dicen que no es posible que el hombre tenga en su corazón anhelo de inmortalidad y después que no exista la inmortalidad. No puede Dios poner el deseo del más allá sino existe el más allá. Ese puede ser un razonamiento filosófico.

A un niño no se le muestra un regalo que es imposible dárselo. Si se lo muestras es porque existe y el niño anhela ese regalo. Nadie puede proponer un regalo, un deseo, una acción que no existiera.

2.- Ahora pasamos del razonamiento a la fe. Porque la luz de la fe ilumina la razón humana. Siendo la fe razonable –la fe no es ilógica porque Cristo es el Logos o la razón– la fe ilumina a la razón.

Hemos escuchado en el texto de san Pablo a los Romanos un recuerdo de lo que significa la muerte de Cristo y la muerte del cristiano. Él habla de un doble binomio. A través del bautismo nos hemos incorporado a la muerte de Cristo y en el bautismo hemos sido sepultados, sumergidos en la muerte (cf. Rm 6, 3-4). Muerte va con pecado, primer binomio. ¿Por qué existe la muerte? Porque existe el pecado. El que se incorpora a la muerte de Cristo puede compartir también la resurrección.

3.- Y, ¿qué va unido con resurrección? Con la resurrección va unida la gloria, segundo binomio. Con la resurrección va la otra vida, la vida eterna, la inmortalidad. El perpetuarse, que es distinto de perpetuarse en una obra. Supongo que habréis oído en nuestra sociedad cuando hay un funeral de un personaje importante o conocido, un gran músico, un artista…, los no creyentes dicen de él: “seguirá vivo en nuestra memoria”, “hoy te recordamos para que tu memoria no se pierda”. Es una forma de perpetuarse en obras artísticas, escritas o musicales.

Es dejar algo de uno para que se acuerden y lo tengan en la memoria. De un escritor leemos sus escritos muchos años después, o de un pintor contemplamos sus obras siglos después. Pero eso no tiene nada que ver con el tema de Pablo; esa memoria o permanencia en el tiempo no tiene nada que ver con la resurrección.

4.- La resurrección de Cristo nos da, unidos a Él, una resurrección de la persona. Seguimos exactamente lo mismo que éramos, pero con otra forma de vivir.

San Pablo expresa el paso de la muerte temporal a la vida eterna con el ejemplo de un grano de trigo que muere para convertirse en una planta. Una semilla es una forma de estar en el mundo. Esa semilla se pone debajo de tierra y con condiciones de humedad y sustratos germina. Pero para germinar la semilla necesita pudrirse antes, sino no se convierte en planta. Si se ponen granos de trigo en el suelo para que se transformen en plantas dejarán de ser granos. Pablo pone ese ejemplo.

De esta manera si aplicamos a la vida este ejemplo del trigo y la planta, ahora vivimos como si fuéramos los granos y cuando atravesemos la muerte seguimos viviendo, pero como planta. El trigo es trigo como semilla y es trigo como planta. El ser humano sigue siendo persona tal conforme somos ahora y seguimos siendo las mismas personas después de la muerte transformados en la muerte de Cristo.

5.- Eso nos lo regala el Señor a través de la Iglesia. ¿Cuándo podemos quedar injertados en la muerte de Cristo para vivir resucitados como Cristo? A partir del bautismo. El bautismo nos quita el pecado –que es el que produce la muerte– y nos convierte en inmortales, aunque no se note externamente.

El Señor puso en nosotros la semilla de la inmortalidad y quedamos transformados por esa gracia, por esa semilla, por esa incorporación a la muerte de Cristo. Quien se incorpora a su muerte, se incorpora también a su resurrección.

6.- En otro pasaje plantea san Pablo que no puede decir que Cristo no ha resucitado; si fuera así, tampoco resucitan los muertos. Y si los muertos no resucitan nuestra fe no tiene sentido alguno (cf. 1Cor 15, 14). Porque lo esencial de la fe y del amor de Dios es esa asunción que hace de nosotros dándonos la inmortalidad o la resurrección en Jesucristo.

Los cristianos celebramos la resurrección de Jesucristo como primicia de nuestra futura resurrección, unidos a la muerte de Cristo. Pero como pasaje o puerta a la otra vida, a la vida eterna; es, en primer lugar, un acto de fe.

Hay muchos contemporáneos nuestros que no creen en esto. Nosotros hacemos un acto de fe y de amor en Cristo porque creemos que en Él podremos vivir resucitados eternamente.

7.- Celebrar esta Eucaristía, y más en el “Campo Santo”, es también un testimonio para los contemporáneos nuestros que puedan pensar que después de esta vida no hay nada.

            Cumplimos hoy además con una misión que es rezar por los difuntos. No tendría sentido que rezáramos por los difuntos si no creyéramos en la resurrección de los muertos.

Por tanto, hoy vamos a pedir por todos los difuntos, como hemos dicho al principio de la Eucaristía. Por los difuntos cuyos restos están en este Campo Santo y por nuestros deudos, familiares, amigos, compañeros, conocidos que han compartido un trecho de nuestra vida temporal con nosotros.

8.- Pedimos al Señor por todos los difuntos, para que los transforme y pasen de ser grano a plantita, que pasen de la muerte a la vida, que pasen de la vida temporal a la vida eterna. Esa es nuestra oración de esta tarde. Ese es también nuestro testimonio y nuestra esperanza. Unidos a Cristo en su muerte participamos también de su resurrección.

Le pedimos todo esto al Señor por intercesión de la Virgen María. La Virgen es una figura esencial al cristianismo, al ser cristiano y, por supuesto, al catolicismo. Ella se ha unido a su Hijo Jesús desde su nacimiento hasta su resurrección. Que Ella nos acompañe y que interceda por nosotros para que seamos mejores creyentes y mejores testigos en estos momentos difíciles para el cristiano. Que así sea.

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