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Encuentro de Agentes de Pastoral Familiar (Casa Diocesana-Málaga)

Publicado: 21/11/2015: 72

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Encuentro de Agentes de Pastoral Familiar (Casa Diocesana-Málaga) celebrado el 21 de noviembre de 2015.

ENCUENTRO DIOCESANO

DE AGENTES DE PASTORAL FAMILIAR

 

(Casa Diocesana-Málaga, 21 noviembre 2015)

 

Lecturas: 1 Mac 6, 1-13; Sal 9, 2-6.16.19; Lc 20, 27-40.

1.- En el Evangelio de hoy aparece el tema del matrimonio. El matrimonio según la mente del Señor es la unión del varón y de la mujer, que en explicación de Pablo representa el amor de Cristo a su Iglesia (cf. Ef 5, 25); es un sacramento, que expresa la oblación que Cristo hace a su esposa la Iglesia. Signo que sirve aquí en la temporalidad.

El matrimonio no es para el tiempo de la resurrección, por eso la Iglesia permite que en un matrimonio si uno de la pareja fallece y el Señor lo llama para vivir junto a sí en la eternidad, el otro miembro de la pareja que queda pueda formar otro matrimonio, otra familia, porque es un signo de aquí. Lo importante es vivir este signo desde la fe y desde la revelación, la verdad del matrimonio.

2.- En la mentalidad de los judíos, con ese ejemplo que pone el Evangelio que una mujer se casa y se le muere el marido, y es el hermano el que se tiene que casar con ella para darle descendencia (cf. Lc 20, 28-33), viene a decir que al final son normas humanas que sólo sirven para un tiempo.

            Lo importante no es la norma humana que el hombre pone o la moda de turno, la moda de turno pasará. Hemos de ir a lo que es la verdad del matrimonio, lo que Dios ha querido desde el principio. Desde el principio la referencia es la creación del mundo. De modo, que como institución el matrimonio es mucho antes que cualquier normativa o ley positiva, cualquier Estado, cualquier sociedad y cualquier institución. El matrimonio está inscrito en el corazón del hombre desde la Creación.

Ese es el mensaje que tenemos que dar a nuestros paisanos y contemporáneos.

3.- En la primera lectura, vemos una narración del libro de los Macabeos que estamos leyendo estos días con testimonios de gente que ofreció su vida por la fe. Desde Matatías hasta sus hijos o una mujer que vio morir en un mismo día a siete de sus hijos por no transgredir la ley mosaica.

Y en ese contexto se nos presenta la figura de un rey poderoso. Mientras que es poderoso, conquista a otras naciones y acumula tesoros no importándole la vida de los demás, él se siente feliz. Pero sufre un descalabro y deja de realizarse su sueño, él sueña con ser el dueño de toda la tierra. Ha sido dueño de muchos sitios, pero llega un momento que no puede conquistar una ciudad, se revelan sus moradores, le vencen y le hacen retroceder, de modo que no conquista su sueño. Cuando no conquista su sueño se deprime.

4.- ¡Cuántos sueños tienen nuestros paisanos que no le llevan a la felicidad! Algunos sueños lo realizan, pero otros no. ¡Cuántas depresiones hay porque no soy feliz, porque nadie me ama, porque no soy acogido! Y cuidado porque también podemos tener sueños de felicidad, de grandeza y mientras que funciona vamos bien, pero y ¿el día que no se cumplan?, ¿el día que la vida nos dé un revés? El día en el que mi sueño de una familia perfecta, preciosa, con muchos hijos, todos creyentes, practicantes, maravillosos, que a su vez encuentran esposos y esposas… ¿Y si ese sueño no se realiza, algo que ocurre muchas veces? ¿Me voy a deprimir? ¿Voy a renegar de Dios porque mi sueño matrimonial o familiar no se ha cumplido?

No es lo más importante que se cumplan nuestros sueños porque seguramente llegará un momento en el que unos sueños se cumplirán y otros no. Esa es la verdad de la vida.

            Pongámonos delante del Señor y agradezcámosle lo que nos da cada día, lo que nos ofrece, lo que nos da la felicidad de cada momento, sin grandes pretensiones. Y si no llega a realizarse mi sueño o mis sueños humanos, terreros, no pasa nada. Dios sigue amándome, Dios sigue perdonándome, Dios sigue salvándome.

5.- Hoy celebramos la fiesta de la Presentación de la Virgen. Ella se ofreció a Dios y prescindió de sus sueños, de sus planes de vida, aceptando por sorpresa lo que Dios le encomendaba. Y no sabemos si lo esperaba o no, si lo soñaba o no, pero al menos cuando le dieron el anuncio de que iba a ser Madre de Dios se sorprendió: “Y esto, ¿cómo puede ser?” (cf. Lc 1, 34).

Eso es señal de que tenía otro sueño y otro proyecto, pero supo aceptar el proyecto de Dios. Eso no le dio buenos sabores toda su vida, le dio grandes sinsabores y amarguras por lo que le sucedió a su Hijo. Pero mantuvo el amor a Dios, mantuvo su ofrenda, mantuvo su oblación, mantuvo su palabra, mantuvo su fe.

Eso es lo que le ha permitido que todas las generaciones le llamemos feliz, feliz tú que has creído y te has puesto en manos de Dios.

Pongamos personalmente, como matrimonios y familias, nuestra vida en manos de Dios; Él no nos va a fallar. Si confiamos en nuestros planes, al final terminaremos deprimidos y con pastillitas. Es mejor que dejemos las pastillitas y vivamos con soltura y alegría.

Le pedimos a la Virgen que nos ayude a descubrir y a vivir lo que Ella vivió. Que así sea.

 

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