DiócesisHomilías

Vigilia de oración a la Inmaculada Concepción (Santuario de la Virgen de la Victoria-Málaga)

Publicado: 07/12/2015: 72

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la vigilia de oración a la Inmaculada Concepción (Santuario de la Virgen de la Victoria-Málaga) celebrada el 7 de diciembre de 2015.

VIGILIA DE ORACIÓN

DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

(Santuario de Santa María de la Victoria-Málaga, 7 diciembre 2015)

 

Lecturas: Sal 102, 1-10; Lc 1, 39-45.

1.- Ser peregrinos

            Como cada año la Virgen nos acompaña en esta fiesta de la Inmaculada, en esta Vigilia en la que los jóvenes de nuestra diócesis quieren estar con María. Os felicito a todos por vuestra presencia.

            Hemos iniciado nuestra celebración desde fuera recordando lo que hizo María. En aquellos días María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel (cf. Lc 1, 39-40). Ella fue a ayudar a su prima, sabía que iba a dar a luz, y se presentó a hacer un servicio.

Nosotros hemos hecho el signo de caminar porque también como Ella somos peregrinos, somos peregrinos con María. Repitamos todos juntos: “Somos peregrinos con María” (Repite la Asamblea de jóvenes en voz alta: “Somos peregrinos con María”). No lo olvidéis nunca. Pase lo que pase, ocurra lo que os ocurra en la vida no os apartéis nunca de su lado.

Ella no nos deja, como la buena madre que está siempre mirando al hijo, aunque el hijo cree que ella no le ve. Ella siempre nos acompaña en nuestra vida y os acompañará siempre. Somos peregrinos con María. (Repite la Asamblea en voz alta: “Somos peregrinos con María”).

En este recorrido el Señor nos irá purificando, nos irá limpiando, nos irá perdonando de nuestro pecado, nos hará crecer y desarrollar las facultades, nos ayudará a ser siervos como María. María no peregrina para irse de vacaciones, Ella peregrina para hacer un servicio. Nosotros peregrinamos haciendo servicio como María.

Después hemos hecho otro gesto al entrar por la puerta. Ya sabéis que mañana, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, el papa Francisco abrirá la Puerta Santa del Vaticano. Y el domingo que viene, III de Adviento, 13 de diciembre, se abrirán las Puertas Santas de las grandes Basílicas de Roma y de las Catedrales de todo el mundo.

A las 11:30h. de la mañana del próximo domingo, nosotros también abriremos la Puerta Santa de la Catedral. Ese gesto de atravesar la Puerta Santa nos dice el Papa que es un gesto de conversión.

¿Qué diferencia hay entre el vagabundo y el peregrino? ¿A dónde va el vagabundo? (Respuesta de un joven: A ningún sitio). El vagabundo no tiene un destino a dónde ir, no tiene un norte, no tiene un objetivo en la vida. ¿Vosotros queréis ser vagabundos o peregrinos? (Responden los jóvenes: ¡Peregrinos!). El peregrino sí sabe a dónde va y aunque tenga que dar rodeos, aunque le surjan dificultades, aunque tenga que detenerse para reponer fuerzas, siempre reemprende el camino que le lleva a su destino.

2.- Lema de esta Vigilia

El lema es: “Su misericordia llega de generación en generación”.

En este camino el Señor pide que nos convirtamos. Y si atravesar la Puerta Santa es un acto de conversión. Queremos en este camino, que el Señor nos purifique hasta que lleguemos al destino final. Y, ¿cuál es nuestro destino final? ¿Hacia dónde vais vosotros? ¿A conseguir un título de carrera? ¿A ganar mucho dinero? ¿A vivir como un marajá? ¿Ese es vuestro destino final? ¿Cuál es el último destino? Estar con María gozando de la paz en Dios. El destino final es la Patria del cielo. El destino final no está en este mundo.

Cuando decimos que somos peregrinos no es sólo porque caminemos de un sitio a otro, nuestro destino está en la Patria del cielo. Recorreremos etapas, pero nuestro objetivo es llegar a vivir con María la felicidad que Dios nos quiere regalar, la luz que no tendrá fin, la alegría plena. Ese es el objetivo.

Hemos, por tanto, atravesado la Puerta Santa y el Señor quiere que en esa conversión aceptemos la misericordia de Dios para después ser pregoneros de esa misericordia.

3.- Signo del agua viva

Después hemos llegado hasta aquí y hemos hecho un signo. De una tinaja más grande brota el agua viva. ¿Qué tipo de agua queréis beber? No hablo de la física que quita la sed corporal. Hay muchas aguas en nuestra sociedad que provienen de acequias, de ríos, de charcos, de aljibes putrefactos y también hay muchos jóvenes que beben indistintamente de todos esos sitios. Y eso hace daño. Beber de ciertos lugares no es bueno porque no todas las aguas están limpias, no todos son manantiales.

Por cierto, hago un paréntesis: algunos blogs a los que soléis ir a beber os dan aguas venenosas y no os dais cuenta, pero os las tragáis y os hacen su efecto. Cierro el paréntesis.

El agua viva. ¡Queremos el agua viva! Y, ¿quién es el agua viva? Jesús. Jesús es el agua viva. Repitamos todos juntos: ¡Queremos el agua viva! (Repite toda la Asamblea de jóvenes: ¡Queremos el agua viva!) No bebáis pues de otras aguas.

Ahora vamos a hacer un gesto. Imaginad un manantial del que brota el agua. El agua está formada por muchas gotas y esas gotas forman el torrente de agua que va cayendo. Imagino que habéis escuchado muchas veces la música del agua que corre entre las piedras, y produce el murmullo propio del agua cantarina. Vamos a decir cada uno, como un murmullo y despacito: “Queremos el agua viva”. Vamos a ir repitiéndolo, poco a poco, para que se vaya formando el murmullo y lentamente vamos a ir subiendo el tono de la voz... Y ahora todos a la vez y en voz alta decimos: “¡Queremos el agua viva!”

Somos comunidad. El manantial y el río están compuesto de muchas gotas. En las narraciones orientales se cuenta cómo le preguntó el alumno al maestro zen: “Maestro, ¿cómo puedo yo conservar una gota de agua?” Y el maestro le respondió: “Si quieres conservar una gota de agua métela en el océano porque si se queda sola se evaporará”.

Somos creyentes de la misma familia. Somos gotas que formamos ese manantial que nos regala el Señor. Nos hemos de conservar estando unos junto a otros como en un gran manantial que riega.

Vamos a repetir el signo del murmullo diciendo continuamente cada uno: ¡Queremos el agua viva!... Y ahora, terminamos todos juntos diciendo: ¡Queremos el agua viva! (Repite toda la Asamblea de jóvenes: ¡Queremos el agua viva!

4.- Ser semillas para fructificar

Esa agua que es Cristo riega nuestro corazón. Habéis cogido las semillas y nosotros queremos ser como esa semilla porque el Señor en el bautismo sembró una semilla de inmortalidad en el corazón. Cuando decía que nuestro destino es la Patria Celestial es porque tenemos la semilla ya sembrada en el corazón. Una semilla de inmortalidad, de gracia, de amor, de perdón y de misericordia. Esa es la semilla que ha de crecer dentro de nosotros. ¿Estáis dispuestos a cultivar esa semilla? (Responden los jóvenes: Sí).

Pues hagamos otro gesto. Poned una mano sobre otra, hacia arriba, haciendo un cuenco. En el depositáis la semilla y cerráis las manos. Colocáis las manos sobre las rodillas. Y en silencio total, iréis abriendo los dedos de la mano, poco a poco. Imaginad que la semilla crece, como una planta que va creciendo. Imaginad que habéis filmado cómo va creciendo esa pequeña planta desde su raíz hasta desarrollarse.

Y ahora cada uno en silencio, vaya con un gesto de las manos y los dedos haciendo crecer su semilla, al tiempo que pide a Dios que la vaya fortificando. Realizamos este gesto en silencio. Notamos como nuestra planta crece hasta convertirse en un árbol grande que da fruto… Y digamos todos juntos: ¡Queremos dar muchos frutos! (Todos los jóvenes juntos repiten: ¡Queremos dar muchos frutos!)

Dios te quiere tal como eres, y te da la oportunidad, cada día, de empezar de nuevo, de crecer, de florecer y de dar fruto.

Sintetizando toda esta Vigilia, tan dinámica, pues el Señor nos pide que sea dinámica, ya que así ha de ser nuestra vida.

Primer momento de nuestra celebración: somos peregrinos con María. (Todos los jóvenes juntos repiten: ¡Somos peregrinos con María!)

Hemos atravesado la Puerta Santa, la Puerta del Perdón. Señor, pedimos perdón. (Todos los jóvenes juntos repiten: Señor, pedimos perdón).

El agua cantarina: queremos el agua viva. (Todos los jóvenes juntos repiten: Queremos el agua viva).

Todos con las manos arriba decimos: ¡Daremos muchos frutos! (Todos los jóvenes juntos repiten: Daremos muchos frutos).

Todos esos buenos deseos se lo pedimos al Señor Sacramentado que está aquí, que está con nosotros, y no nos ha perdido de vista ni un segundo. El Señor a cada uno de vosotros, en vuestro corazón, os ha dicho lo que más necesitáis.

Y también, se lo pedimos por intercesión de la Santísima Virgen de la Victoria.

Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar. (Responden todos los jóvenes: Sea por siempre bendito y alabado). Amén.

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo