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Visita pastoral a la parroquia de la Medalla Milagrosa (Melilla)

Publicado: 20/05/2012: 74

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la visita pastoral a la parroquia de la Medalla Milagrosa (Melilla) el 20 de mayo de 2012.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE LA MEDALLA MILAGROSA

(Melilla, 20 mayo 2012)

 

Lecturas: Hch 1, 1-11; Sal 46; Ef 4, -; Mc 16, 15-20.

1.- Apariciones del Resucitado

Hoy según la liturgia celebramos el final de una etapa en la vida del Señor. Según el final del Evangelio de san Marcos, es la ascensión del Señor a los cielos. Celebramos en Navidad su nacimiento, en Pascua su muerte y resurrección, y desde el tiempo pascual hasta aquí, trascurridos unos cuarenta días, el Señor en ese tiempo confirma a los apóstoles en que ha resucitado, se aparece a ellos y les va adoctrinando antes de marcharse sobre la realidad del Reino de Dios (cf. Hch 1, 3).

Hoy el domingo de la Ascensión celebramos que el Señor deja la tierra, ha cumplido su misión y se va. Se va, pero no nos deja solos. El Señor nos envía el Espíritu Santo consolador para que nosotros podamos vivir según el estilo que hemos aprendido de Jesucristo.

2.- Ascensión del Señor a los cielos

            En la Ascensión del Señor aparece que Él se eleva y los discípulos se quedan mirando al cielo (cf. Hch 1, 9). Y hay unos hombres que les preguntan: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como le habéis visto marcharse al cielo» (Hch 1, 11).

Jesús se va, pero no nos deja. Jesús se va de la vida temporal, pero volverá de otra manera. Jesús vino hace dos mil años encarnándose en un cuerpo como nosotros de manera pobre y humilde, y lo crucificaron. Cuando venga Jesús al final de los tiempos o al final de la historia no vendrá ya con la forma de siervo de hombre, vendrá como Señor de la Historia y vendrá a ponernos a cada uno según cómo le hayamos servido aquí.

La última venida del Señor será una venida gloriosa y triunfante. Y si aquí en este mundo puede predominar el mal sobre el bien, la mentira sobre la verdad, la enfermedad y la muerte sobre la salud, cuando pase este mundo el triunfo será de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte, de la salvación sobre nuestros modos no adecuados de vivir. Por tanto, esta ascensión del Señor a los cielos nos recuerda que el Señor vendrá otra vez al final de los tiempos y también al final de nuestra vida. Cuando el Señor nos llame nos presentaremos delante de Él y juzgará nuestras vidas, las buenas obras que hayamos hecho o dejado de hacer.

Hoy podemos, como hemos cantado en el Salmo decirle y aclamar al Señor: “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor al son de trompetas” (Sal 46). Porque si Cristo se sienta a la derecha de Dios quiere decir que va a prepararnos un sitio. Significa que Él se adelanta a lo que a nosotros nos invita detrás de Él. ¿A qué nos invita? A vivir no los gozos temporales, sino el gozo eterno. A disfrutar de la Luz, no la luz del sol, ni de los cirios, ni de nuestra bombilla, sino la Luz eterna, su Luz. No del amor que a veces vivimos aquí con muchas dificultadas, mezclados de egoísmos, sino el Amor pleno, el Amor de Dios porque Él es Amor. Y nos está invitando a ese tipo de vida, de Luz plena, de Amor, de gozo, de felicidad auténtica, que aquí vamos buscando un poco a trancas y barrancas sin encontrarla.

3.- La enseñanza de san Pablo

El texto de san Pablo a los Efesios es muy significativo y quiero reflexionar con vosotros por lo que nos dice a una comunidad cristiana.

Pablo se encuentra prisionero, en la cárcel, por ser creyente en Cristo y desde la cárcel saluda mediante una carta a los cristianos de la ciudad de Éfeso, que él había iniciado a la fe. Y va recomendándole y diciéndole que tienen que hacer para vivir como cristianos, y dice: «sed siempre humildes y amables, comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Sed un solo Cuerpo, tened un solo Espíritu, vivid como una misma familia, sed como una buena comunidad cristiana parroquial (cf. Ef 4, 1-4).

Pablo sabe lo que significa ser cristiano y está en la cárcel cuando escribe esto. Él ha tenido que pasar por la vergüenza, por el desprecio, por los azotes y la cárcel, y al final hasta la muerte, la cortan la cabeza en Roma, por ser cristiano.

            San Pablo pide que «tengamos todos un solo Señor, un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola esperanza a la vocación a la que habéis sido llamados, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todo» (Ef 4, 4-5). Hay muchos señores en nuestra sociedad, hay muchos dioses a quienes nuestros contemporáneos adoran y van detrás, hay muchos espíritus, hay muchas opiniones que desean prevalecer como si fueran la verdad, hay una Verdad, la de Cristo.

            Las opiniones de otros no tienen por qué ser “la verdad”; porque pueden estar totalmente equivocados. Una ley por el hecho de que esté sancionada y legislada no tiene por qué tener la verdad, puede estar totalmente equivocada. Pondría muchos ejemplos, muchos. Podíamos incluso quedar de acuerdo en que matar a otro no fuera castigado por la ley y que no fuera un acto penal, sino que fuera un acto celebrativo. Y cada vez que uno matara a otro haced una fiesta. Una ley podría ser publicada así. ¿Tendría razón y sería verdad esa ley porque la han aprobado un grupo de señores? La verdad no la da una mayoría numérica, aunque se llame democrática, la verdad se realiza y se expresa y se hace auténtica por sí misma. Y para nosotros la Verdad es Dios, es Jesucristo. Los otros son reflejos, las otras cosas pueden ser ofuscaciones de la mente. La situación conviene que seamos conscientes de ella.

            San Pablo dice: «Él (Dios) ha constituido a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelizadores, a otros pastores, a otros maestros, todos para edificar la Iglesia» (Ef 4, 11). Y en la parroquia podemos decir: “A unos el Señor los ha constituido obispo, sacerdotes, catequistas, padres, gente que canta en el coro y prepara la liturgia, miembros que se asocian en cofradías, en movimientos”. Cada uno tiene una tarea, en la parroquia cada uno tenéis una tarea, pero todos para construir la misma comunidad, para construir la misma Iglesia y que adore, que alabe al único Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, no a cualquier “diosecillo” que nos inventemos.

4.- Visita pastoral a la parroquia

Hoy estamos celebrando en esta parroquia de Nª Sª de la Medalla Milagrosa la Visita Pastoral del Obispo. Deseo animaros, queridos fieles, a que viváis el espíritu de Jesucristo, este espíritu que es el Espíritu de Dios; a que viváis la unidad de la Paz, la unidad del amor, la unidad del amor, la unidad de la fe. A que os apoyéis mutuamente unos a otros para dar testimonio fuera. Vivimos en una sociedad que como tal sociedad no sigue las directrices de Jesús. Somos como la levadura en la masa. Somos numéricamente pocos, los cristianos hoy somos pocos en la sociedad y los verdaderos cristianos nunca han sido mayoría. Una cosa es la mayoría sociológica de llamarse cristianos y otra cosa es la de vivir como cristianos.

En esta Visita Pastoral quiero invitaros a que toméis en serio la fe, a que la viváis en profundidad, a que conozcáis más a Jesucristo, a que seáis testigos suyos donde nos toca vivir: en la familia, en el trabajo, en la vecindad, en la sociedad donde se cuecen las leyes, en la política, en la economía.

El cristiano ha de estar dentro del mundo para transformarlo. La luz de la fe, como este Cirio Pascual nos presenta, que es la Luz de Cristo resucitado, ha de iluminar todos los rincones de nuestra vida, todas las dimensiones. Esta luz de la fe no es sólo para que esté en un templo. Algunos no cristianos, algunos que no creen y no quieren que la Iglesia realice su misión desean que los cristianos tengamos la boca cerrada porque molesta nuestro testimonio. Solamente por el hecho de vivir como tales eso ya molesta a otros. El hecho de casarse un varón y una mujer eso ya molesta a algunos que quieren otro tipo de formas de unión. No nos oponemos a otro tipo de formas de unión, el que no las quiera o el que las quiera ya se apañará, respetamos la libertad, pero que respeten también la nuestra.

Como un ejemplo voy a deciros algo que creo que la gente no ha caído en la cuenta. Las leyes en España ya no hablan de matrimonio entre un varón y una mujer, esa palabra no existe en el código civil, ha desaparecido. Y nosotros profesamos que el matrimonio es entre un varón y una mujer, pues ya no existe la terminología, ya no sois matrimonio varón y mujer, ya no sois esposos y esposas, queridos ciudadanos de España. Ahora sois un miembro con otro miembro, un progenitor y otro progenitor, pero no existe el término esposo-esposa, marido-mujer, no existe en nuestra legislación. Y eso es gravísimo porque podían existir otras formas de unión, pero dejad que exista la unión llamada entre marido y mujer.

            Es bueno que seamos conscientes de ello y que seamos valientes a la hora de vivir nuestra fe y a la hora de compartirla con quien no cree, sin beligerancias, sin tensiones, pero ofreciendo nuestra fe.

5.- Asumir cada cual el compromiso cristiano

            Quiero invitaros a que toméis en serio cada uno la misión que el Señor os ha puesto. Queridos padres no renunciéis a educar a vuestros hijos en la fe, no dejéis que otros eduquen, formen a vuestros hijos en contra de vuestras conciencias. Es un derecho que tenéis vosotros. Algunos gobiernos están poniendo en entredicho que eso no es derecho de los padres, eso es derecho de los Estados, a los Estados que así piensan se les llama “Estados totalitarios”.

            El derecho de educar a los hijos no es del Estado, es de los padres. El Estado complementa y es subsidiario en la tarea que primordialmente les toca a los padres. Y eso es un derecho. No sólo un derecho natural sino un derecho constitucional, está en la Constitución. Eso es exigible, no podemos rebajar el nivel de nuestras exigencias.

            Pedimos que el Señor nos ayude a vivir con alegría la fe, el ser seguidores de Jesucristo, a que funcionemos como comunidad parroquial y como Iglesia con un solo Espíritu, como si fuéramos un solo cuerpo, porque lo somos.

6.- Confirmados con el Espíritu Santo

            Vamos a confirmar a este grupo; y decía el libro de los Hechos: «Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo» (Hch 1, 5). «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta el confín de la tierra» (Hch 1, 8).

            Queridos confirmandos, habéis sido bautizados con agua en el bautismo, hoy hemos bendecido la pila bautismal. Ahora vais a ser bautizados no con agua, sino con Espíritu Santo y fuego. Vais a ser marcados, os decía antes de la Misa, con el sello del Espíritu Santo. Dejaos marcar, dejaos trasformar por el Espíritu para que seáis imagen viva y andante, en la sociedad, en la familia, imagen viva de Jesucristo. Dejad que el Espíritu santo penetre esta tarde en vosotros y que os trasforme por dentro.

7.- Comprender la esperanza a la que estamos llamados

Que el Señor nos ayude a entender y a comprender la esperanza a la que estamos llamados. Eso lo ha dicho en la carta a los Efesios: «Que ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos» (Ef 1, 18).

¿Sabéis de qué estoy convencido? Si la gente supiera de verdad que es ser cristiano se volvería loca por ser cristiano, pero no entiende o no le hemos dicho con claridad lo que es ser cristiano. Tal vez nuestra conducta les impida ver la verdad de la fe, pero si comprendiéramos la maravilla que significa ser hijo de Dios, vivir iluminado a la luz del Evangelio y de la fe, vivir en la verdad, vivir en libertad, vivir en el amor. Si comprendiéramos lo que eso significa seríamos unos cristianos profundamente trasformados que transformarían el mundo.

8.- Mandato misionero

Vamos a pedirle al Señor que nos haga capaces de entender esa vocación a la que nos llama y que nos de la fuerza para ser testigos. En el Evangelio el Señor, antes de volver al cielo, ha dicho: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16, 15). Id al mundo entero, Melilla es parte de ese mundo. Melilla y Málaga y España, son lugares distintos del lugar donde dijo Jesús esta palabra. Esto lo dijo en Jerusalén, estamos a miles de kilómetros de donde fue dicho. Somos, por tanto, tierra de confín, somos el extremo de la tierra en aquel momento. Luego aquí, en Melilla se ha predicado la Palabra de Dios y el Evangelio de Jesucristo. Ahora nos toca a nosotros ser testigos, ser misioneros y vivir esa fe.

            Le pedimos a la Virgen, NªSª de la Medalla Milagrosa, Ella sí que ha vivido sabiendo lo que significaba su hijo Jesucristo, que nos ayude a penetrar en el misterio de lo que significa Jesús en nuestra vida y que nos de fuerza para ser testigos aquí, como dice el texto: «en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta el confín de la tierra» (Hch 1, 8). En la parroquia de la Medalla Milagrosa, en Melilla, en Málaga y hasta los confines del mundo. Que así sea.

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