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Visita de la imagen original de la Inmaculada Niña al colegio de las Hermanas de la Divina Infantita (Parroquia del Sagrado Corazón-Melilla)

Publicado: 31/05/2014: 113

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la visita de la imagen original de la Inmaculada Niña al colegio de las Hermanas de la Divina Infantita en La Parroquia del Sagrado Corazón de Melilla el 31 de mayo de 2014.

VISITA DE LA IMAGEN ORIGINAL DE LA INMACULADA NIÑA

AL COLEGIO DE LAS HERMANAS DE LA DIVINA INFANTITA

(Melilla, 31 mayo 2014)

Lecturas: Hch 1, 1-11; Sal 46 2-3.6-9; Ef 1, 17-23; Mt 28, 16-20.

(Domingo de la Ascensión)

1.- Celebramos hoy, como ya se ha dicho en la monición de entrada, la solemnidad litúrgica de la Ascensión. Jesucristo resucitado, tras aparecerse en diversas ocasiones a los apóstoles y discípulos, ascendió al cielo: «A la vista de ellos, fue levantado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista» (Hch 1, 9). Ellos se volvieron a Jerusalén llenos de alegría (cf. Lc 24, 52), para permanecer en oración hasta recibir el don del Espíritu Santo.

El misterio de la Ascensión de Cristo deja a los discípulos con una sensación agridulce. Por un lado, el Maestro ha desaparecido de su vista; y por otro, les ha prometido que les enviaría el Espíritu Consolador.

                El Señor sale de este mundo, pero nos envía el don del Espíritu Santo. Jesucristo, coronado de gloria, asciende a lo más alto de los cielos y se sienta a la diestra de Dios, su Padre, pero no se desentiende de sus hermanos, los hombres; sigue acompañándolos de una forma nueva. A veces podemos sentirnos solos, porque nos cuesta desposeernos y renunciar a nosotros mismos.

La liturgia de hoy nos invita a pedir: “Ven, Espíritu Santo, mira el vacío del hombre si Tú no le faltas por dentro. Mira el poder del pecado, si Tú no envías tu aliento”. Esta secuencia será cantada el próximo domingo de Pentecostés; hoy se nos invita a pedir el Espíritu.

2.- El Señor Jesús prometió a sus discípulos que serían bautizado con el Espíritu Santo: «Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo» (Hch 1, 5). El bautismo nos convierte en nuevas creaturas, transforma nuestro ser frágil y debilitado por el pecado; y nos concede vivir de modo renovado.

                El don del Espíritu nos fortalece para ser testigos audaces y valientes: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta el confín de la tierra» (Hch 1, 8). Gracias a la donación del Espíritu el cristiano es capaz de llegar a todos los confines de la tierra para anunciar el Evangelio de salvación.

                El Señor Jesús, al enviarnos su Espíritu, nos encomienda la misión de predicar en su nombre y nos da el mandato de anunciar su Reino: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28, 19-20).

                ¡Queridos cristianos de Melilla: no estáis exentos de esta misión y de este mandato! ¡Ofreced, con libertad y respeto, la Buena Nueva de salvación, que Cristo nos trae! ¡Anunciad con valentía que Jesús es el Señor resucitado, que ha ascendido a los cielos! Anunciar y ofrecer no quiere decir imponer. Gracias a la predicación del Evangelio, de manera libre y respetuosa, el Señor Jesús es conocido en todo el mundo; y la fe cristiana ha podido llegar a Melilla.

3.- En esta Eucaristía damos gracias a Dios por la presencia en Melilla de las Hermanas de la Divina Infantita, Esclavas de la Inmaculada Niña. Estáis aquí desde 1923. Vuestra misión de hacer presente el amor a Dios y a los más necesitados lo ejercéis en el Hogar de la Divina Infantita de Melilla, donde viven acogidas unas treinta menores, la mayor parte de ellas marroquíes; otras procedentes de Guinea, El Congo y Kenia, entre otros países africanos. Están bajo la tutela de Asuntos Sociales de la Ciudad Autónoma de Melilla.

                Vuestro testimonio de amor, queridas hermanas, se refleja en la acogida de estas personas, faltas de hogar, a quienes les proporcionáis un verdadero hogar; necesitadas de amor, a quienes ofrecéis vuestra ternura de madres, vuestro cariño y solicitud. ¡Muchas gracias, queridas hermanas, por vuestra labor aquí en Melilla y por vuestra presencia en nuestra diócesis!

                La devoción a la Divina Infantita, queridas hermanas, llena vuestro corazón de alegría y de amor para acercaros con delicadeza a las niñas, que acogéis en vuestro Hogar y tratarlas como hijas propias.

4.- Hoy damos también gracias por la presencia de la Imagen de la Virgen, la Inmaculada Niña, valiosa y bella talla de madera del siglo XIX, que representa a María infante y que llegó por primera vez a España procedente de México el pasado mes de octubre. Desde entonces ha sido recibida en Granada, Almería, Cádiz, y ahora en Melilla, los lugares de nuestro país más vinculados a la congregación. El 29 de mayo la imagen llegó al aeropuerto de Melilla, donde fue recibida por una comitiva de hermanas, profesoras, religiosas y niñas de vuestra casa-hogar, para darle la bienvenida muy festiva, con flores, niñas vestidas de estrellas y poesías para recibirla. ¡Enhorabuena a toda la Ciudad, que se ha volcado en esta visita de la Imagen de la Virgen Niña!

                Varias han sido las actividades que ya han tenido lugar y otras que están previstas celebrarse con este motivo.

La imagen de la Divina Infantita, que hoy contemplamos ante nuestros ojos, verdadera joya de la congregación, es importante para vosotras, queridas religiosas, porque dio origen a su congregación en México, en el año 1901.

5.- Los inicios del culto a la Divina Infantita se remontan a 1840, en un convento de la Inmaculada Concepción de San José de Gracia de la ciudad de México, donde una religiosa llamada Magdalena de San José, que sobresalía por su devoción a la Virgen María, inició la devoción a la Divina Infantita, al promover que la Virgen fuera venerada en el misterio de su infancia.

Posteriormente la Hermana María Guadalupe, de la misma congregación, fue quien asumió propagar la devoción y culto a la Divina Infantita. Mandó esculpir una imagen pequeña de la Virgen, que sirviera para las visitas domiciliarias, especialmente para ser llevada a los enfermos.

El papa Gregorio XVI aprobó el culto a la Divina Infantita y lo enriqueció con indulgencias. Desde 1845-1846 aparecen diversos actos de piedad: novenarios, octavarios, triduos y otras oraciones.

6.- La fundación de vuestra congregación fue obra del Espíritu Santo con la docilidad de la hermana María del Rosario Arrevillaga, nacida en Méjico en 1860, y llamada a propagar en todo el mundo la devoción a la Virgen bajo el título de la “Divina Infantita”.

Desde niña la Fundadora vivió un gran amor a la Eucaristía y un intenso amor a Dios y a la Virgen Inmaculada, que penetró profundamente todo su ser. Se sintió atraída por la humanidad dolorida de Jesús, mediante la figura del “Ecce Homo”.

La joven Rosario era abierta, graciosa y de gran ingenio. Contemplando por primera vez la imagen de la Divina Infantita, que se encontraba en una casa de religiosas Concepcionistas, quedó enamorada de Ella para siempre. También hoy hay jóvenes alegres, simpáticas, intrépidas, creativas, a las que llama el Señor para llevar a cabo importantes tareas. ¡Estimados jóvenes, abrid el oído a la posible llamada del Señor para consagraros a él y a los hermanos!

El Espíritu concedió a la Fundadora penetrar en la profundidad de las cosas divinas y encontrar en la Infancia espiritual la actitud de humildad de corazón, de pobreza, de pureza e inocencia, de radical disponibilidad para aceptar la voluntad de Dios, siguiendo la actitud evangélica: «Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 18, 3).

Esta invitación va para todos. A veces nos creemos personas muy maduras y autónomas, que no queremos doblegar nuestra voluntad a nada ni a nadie; pero debemos hacerlo ante el Señor. Todo ser humano es como un niño ante Dios, necesitado de amor divino, que le capacita después para amar a los demás.

El carisma de la infancia espiritual de vuestra Fundadora es su legado; carisma que encarnáis y asumís, haciéndolo presente en esta querida ciudad de Melilla.

7.- Madre Rosario, la Fundadora, se convirtió en un auténtico apóstol de la devoción a la Divina Infantita desde la doble vertiente de propagar esta devoción y de ser signo visible del amor de Dios por los débiles, los necesitados y los marginados.

Muchos años después de haber empezado a dar culto a la Inmaculada Niña, sintió la llamada de edificar un templo para tributar culto a esta imagen. Tras muchas peripecias y trabajos, por los que recibió el sobrenombre de La pordiosera de la Divina Infantita, obtuvo la aprobación eclesiástica y en enero de 1900 se puso la primera piedra del templo.

Colmada de gracias y virtudes, la Madre Rosario murió en fama de santidad en Méjico, el día 10 de enero de 1925, Año Santo.

                En su tarea de la propagación de la devoción a la Divina Infantita y en la fundación del primer asilo para niñas y niños y de la Congregación de Religiosas “Esclavas de la Inmaculada Niña”, en 1901, acompañó a Madre Rosario el P. Federico Salvador Ramón, sacerdote operario, nacido en Almería. Pedimos al Señor que sea proclamado santo.

8.- En esta fiesta de la Ascensión pedimos al Señor que nos envíe su Espíritu para seguir llevando a cabo la misión que nos ha encomendado a cada uno: en la consagración religiosa, en la familia, en la enseñanza, en la política, en la economía, en la cultura, en el diálogo; en todas las dimensiones del ser humano.

La luz del Evangelio debe penetrar las culturas. Y no podemos identificar “cultura” con “religión”; la fe cristiana penetra todas las culturas, a través de los testigos.

                Le pedimos también al Señor que nos conceda su sabiduría e ilumine los ojos de nuestro corazón, para comprender la esperanza a la que nos llama; y para conocer la riqueza de gloria reservada a los santos, como nos ha recordado el apóstol san Pablo en la carta a los Efesios (cf. Ef 1, 18).

                Y pedimos a la Virgen Santísima, bajo la advocación de Divina Infantita, que nos haga vivir la infancia espiritual ante Dios y la docilidad al Espíritu, para llevar a cabo la misión que el Señor nos confía a cada uno. Amén.

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