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Vigilia de la Inmaculada (Santuario de Santa María de la Victoria-Málaga

Publicado: 07/12/2012: 1983

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la Vigilia de la Inmaculada en el Santuario de Santa María de la Victoria-Málaga el 7 de diciembre de 2012

VIGILIA DE LA INMACULADA

(Santuario Santa María de la Victoria-Málaga, 7 diciembre 2012)

Lectura: Lc 1, 26-38.

1.- La Virgen Inmaculada nos convoca, como otros años, junto a Ella en su Santuario, en su casa, y los jóvenes de Málaga a rezar a sus pies, a estar con Ella, a aprender de Ella, de la Madre y Maestra.

En la celebración de la Palabra de esta tarde, en esta Vigilia de la Inmaculada, como estamos viendo, los que han preparado la oración han pensado en varios momentos.

El primero, la situación en que nos encontramos muchas veces: llenos de muchas cosas que no son Dios, llenos de nosotros mismos, llenos de materialidad, de proyectos, de deseos; también, llenos de ilusiones, de ruidos. Y necesitamos vaciarnos, sacar todo eso fuera. Cada uno sabe bien qué ruidos hay por dentro de su ser. Cada uno sabe bien qué obstáculo tiene que remover, qué barreras tiene que derribar, porque si no es imposible el encuentro.

La Virgen María nos da ejemplo de cómo encontrarnos con Dios. En primer lugar, hace falta un silencio, que no es un silencio solamente vacío, o que no es como alguna religión pretende de quedar sin deseo, de quedar sin tensiones interiores, de quedar en la ataraxia; no se trata de unas prácticas para estar tranquilo, para tener paz. Eso está muy de moda, hay mucha gente que se dedica a hacer ejercicios físicos, respiratorios, mentales para estar bien interiormente. Pero eso no es estar lleno de la Transcendencia, no es estar lleno de Dios.

Por tanto, es un silencio no vacío, es un silencio de presencia de Dios. La Virgen María meditaba, guardaba silencio, contemplaba, pero estaba llena de la presencia de Dios, era llena de Gracia, era llena de Dios, era llena de Amor, estaba llena de fe y de esperanza.

Nosotros tendríamos que llenarnos de esas tres virtudes: de la fe, la esperanza y del amor. Llenarnos de Dios. Contemplar a María porque ella sabe cómo hacerlo. Le tenemos que pedir que nos ayude para que todo el ruido interior nuestro, toda esa cerrazón, todos esos obstáculos desaparezcan en nuestra vida, estemos libres capaces de escuchar, capaces de entender lo que nos llega de parte de Dios.

En el encuentro Ella supo escuchar al ángel y supo aceptar las palabras del ángel. Creo que necesitamos dedicar más tiempo a la escucha de la Palabra. Este año, como sabéis, tenemos entre las prioridades pastorales el profundizar la Palabra de Dios. Os invito a intensificar la lectura orante, la lectio divina en vuestra vida, a nivel personal y a niveles de grupo. Necesitamos meditar más tiempo y con mayor profundidad la Palabra.

 

2.- El segundo momento de la oración de hoy nos invita a estar abiertos al encuentro de Dios. Este “Sí” que es el signo que habéis puesto y que es el preámbulo del tercer momento, este “Sí” es una respuesta donde caben muchos “sí”. A veces decimos sí a muchas invitaciones; por ejemplo: “¿Te vienes a la fiesta? Sí”. ¿Por qué? “Porque me lo paso bien”. “¿Quieres estudiar tal carrera? Sí”. ¿Por qué? “Porque después tendré un gran futuro”. “¿Quieres realizar tal actividad? Sí”. ¿Por qué? “Porque disfruto haciéndola”. “¿Quieres practicar un deporte? Sí”. ¿Por qué? “Porque me siento bien”.

Hay muchos “síes” buenos, pero que no son aún el “Sí” de María. Hasta si me apuráis: “¿Quieres venir a la Vigilia de la Inmaculada? Sí, porque me encuentro con los amigos. Sí, porque gozo de un rato agradable. ¿Cuál es nuestro “sí”? Tenemos ahí delante cuál fue el Sí de María, es lo que da título a esta Vigilia. ¿Cuál es el título de la Vigilia? (Responden los jóvenes: “Sí, respuesta de fe”). Por tanto, no es un sí de una respuesta que me gusta, que gozo, que lo paso bien, que me encuentro con la gente.

El sí de María es una respuesta de fe. Esto cambia todo. Es un sí a algo que no acabo de entender porque viene de Dios. Es un sí de confianza, “me fío de Dios, de sus planes en mi vida”. Es un sí de renuncia a mis “síes”, a mis proyectos. El sí de María es un sí de amor, en cierto sentido, ciego. Dicen que el amor es ciego, ¿no? A veces ves personas enamoradas y te preguntas: ¿qué se habrán encontrado el uno al otro? ¡Bien ciegos estaban! El amor da una respuesta, un sí ciegamente, porque me fío del otro, en este caso de Dios.

 

3.- Y ahora entramos en el núcleo de la Vigilia de la Inmaculada de este año. ¿Cómo va a ser vuestro sí? ¿Un sí con motivaciones puramente humanas, naturales, fisiológicas, espirituales incluso? ¿Un sí de “porque me gusta”, “porque puedo adquirir bienes”, “porque me puede ir bien”, “porque puedo ganar en la vida”? O, ¿va a ser un sí al estilo de María, un sí de fe, respuesta de fe?

Pongámonos delante de Ella y digamos sí a lo que nos proponga Dios, sin vacilar, sin cálculos matemáticos, sin búsquedas de ganancias; sino no podemos dar el sí de María, como Ella. Sí abierto, es como un cheque en blanco, fírmalo, no tengas miedo. Di un sí pleno, Él ya te llenará, Él ya te recompensará, Él ya te dará incluso lo que no sueñas, pero hace falta decir el sí antes, sino no recibimos toda esa riqueza que significa la presencia de Dios en nuestra vida, como María.

Que la Virgen Inmaculada, que sí que supo decir un Sí de amor, una respuesta de fe nos ayude a hacer un sí como Ella lo hizo. Que así sea.

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