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Lectio Divina con el evangelio del Domingo II de Cuaresma

«Éste es mi hijo amado, escuchadlo». Silencio y escucha. Domingo II de Cuaresma, 21 de febrero de 2016 · Autor: FANO
Publicado: 19/02/2016: 1986

Emilio López Navas, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga y párroco de Arroyo de la Miel, ofrece esta Lectio Divina con el evangelio del Domingo II de Cuaresma.

El aspecto de su rostro cambió

Lectura (Lectio)
El segundo domingo de Cuaresma siempre nos trae la lectura de la Transfiguración. Leo detenidamente el fragmento evangélico, fijándome en personajes, actitudes, lugares y conversaciones. Cada detalle puede hablarme, puede ser significativo. No dejo nada al azar, me implico según leo.

Meditación (Meditatio)
La montaña en la Biblia es siempre un lugar teológico: Dios está cerca, ahí se puede (y se suele) revelar al hombre. Jesús lleva a los más cercanos con Él para rezar y en medio de esta oración su rostro se transforma. La aparición de Moisés y Elías ha de ser interpretada como la confirmación de que el Antiguo Testamento (“la ley y los profetas”, resumidos en sus máximos representantes) hablan “de su muerte” (el texto dice literalmente “éxodo”), es decir, de nuestra vida, de nuestra salvación. Al lado de esta maravilla, los “íntimos” de Jesús demuestran la debilidad humana (“se caían de sueño”); aunque después captan al menos la grandeza de la situación (“qué hermoso es estar aquí”). El evangelista, sin embargo, espeta una frase que indica que la Transfiguración no es más que un signo, Jesús debe seguir caminando hacia Jerusalén para dar allí su vida. La nube es parte de la teofanía (manifestación divina) y recuerda sin duda al acontecimiento del Sinaí (Ex 24,15-18), donde la nube mostraba la presencia de Dios. El miedo también es común en los relatos de manifestación de Dios: el hombre, ante la divinidad, siente su pequeñez y teme morir. Una vez oída la voz que indica la especialísima relación entre Jesús y el  , sólo queda volver al camino, guardando
silencio de lo vivido… por el momento. 

Oración (Oratio)
Como los discípulos, muchas veces no entendemos lo que pasa, estamos “descolocados” en las cosas del Señor. La oración de hoy puede ser de petición, rogándole al Señor que te haga descubrir su verdadera presencia. También puedes pedirle perdón si te has “quedado dormido”, o agradecerle que te haya mostrado su rostro transfigurado. 

Contemplación (Contemplatio)
Es inimaginable aquel rostro lleno de luz; es inimaginable aquella nube que envolvía la montaña… pero puedes hacer el esfuerzo de situarte allí, al lado de los discípulos y disfrutar de aquellas palabras que resonaban desde el cielo. Saboréalas, permitiendo que lleguen a lo más profundo de ti.

Compromiso (Actio)
Una vez más llegamos al último escalón de este camino. Hay que bajar de la “montaña” de la oración, pero con nuestro rostro iluminado por la luz de Dios. La mejor manera de hacerlo es cumpliendo un compromiso que muestre que tu oración te lleva a amar más y a tratar de ser mejor cristiano.

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