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Lectio Divina con el evangelio del Domingo V de Pascua

Amor-Misericordia-Alegría · Autor: FANO
Publicado: 21/04/2016: 2468

Emilio López Navas, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga y párroco de Arroyo de la Miel, ofrece esta Lectio Divina con el evangelio del Domingo V de Pascua.

Conocerán que sois mis discípulos

Lectura (Lectio)
En este tiempo pascual hacemos una lectura “mistagógica” de textos anteriores a la Resurrección, es decir, leemos, a la luz de la Pascua, fragmentos que reciben una luz nueva por la fuerza del Resucitado. Antes de empezar la lectio pide, pues, la luz al Señor. Y recuerda, lee siempre atentamente.

Meditación (Meditatio)
La introducción del texto nos sitúa local y temporalmente. Nos encontramos en el Cenáculo, lugar de la demostración del amor de Jesús hacia sus discípulos al lavarles los pies. Y ha salido de él Judas, el traidor. La escena, por lo tanto, tiene mucho de intimidad y de “testamento”. El tema de la gloria es capital en el evangelio de Juan: está presente en el prólogo (Jn 1,14: “hemos contemplado su gloria”), y toda la segunda parte de la obra puede titularse como “libro de la gloria”. Resumiendo mucho, por falta de espacio, se puede decir que, con la muerte inminente en cruz de Jesús, Dios va a manifestar toda su gloria, en ese momento se va a mostrar cómo es Dios (en toda su “gravedad”, en todo su “peso”, significado del término “gloria” en el Antiguo Testamento). Ese Dios, que envió su Hijo al mundo por amor (cf. Jn 3,16), se dirige ahora por boca de Jesús a sus discípulos de manera afectuosa (la expresión del v. 33 se puede traducir por “hijitos”) y les pide cumplir un mandamiento nuevo. La novedad no reside en la materia del mandamiento, sino en el límite impuesto: “como yo os he amado”. Sin duda, el lavatorio de los pies debe resonar en los oídos de los apóstoles, pero en los nuestros puede muy bien escucharse de nuevo la entrega total de Jesús en la Cruz. Ese límite se convertirá en la señal de los cristianos.

Oración (Oratio)
La oración es comunicación, diálogo… hasta ahora ha sido Dios quien se ha dirigido a ti. Aprovecha para pedirle lo que necesitas (por ejemplo, un amor que se parezca al suyo), o para agradecerle todo lo que hace por ti (como dar su vida). También puedes rogarle que tenga piedad de ti por tus faltas de caridad…

Contemplación (Contemplatio)
Nuestra vida no es más que el fruto del amor de Dios manifestado en Cristo. En este momento de contemplación permítele al Señor ser el centro de tu vida, de tu existencia. Contempla su gran amor, su gloria… no dejes que nada haga que tu mirada se aparte de Él.

Compromiso (Actio)
El límite del amor es ese “como yo os he amado” que nos dice Jesús. El compromiso de esta semana ha
de dirigirse, irremediablemente, a fomentar y hacer crecer tu amor por los demás. Los discípulos de Jesús se distinguen por esa actitud. Permite a todos los que te rodean comprender que eres cristiano.

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