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Lectio Divina con el evangelio del Domingo X del Tiempo Ordinario

«Jesús me lleva de la muerte a la vida» · Autor: FANO
Publicado: 02/06/2016: 2483

Emilio López Navas, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga y párroco de Arroyo de la Miel, ofrece esta Lectio Divina con el evangelio de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Dios ha visitado a su pueblo

Lectura (Lectio)
El breve relato que nos atañe hoy se encuentra únicamente en el evangelio de Lucas. Esto nos ayuda
a comprender bien el mensaje del tercer evangelista. Las entrañas de misericordia de Dios se vuelcan ante la situación desesperada de la mujer viuda de Naim. Leamos el texto con detenimiento, dejando que nos sorprenda y nos ilumine.

Meditación (Meditatio)
Se cree que la ciudad de Naim está cerca de Cafarnaún, y aún más próxima a Nazaret. Es por tanto presumible que, en uno de los escarceos de Jesús con sus discípulos por las cercanías de “su” tierra, pasasen cerca de dicha localidad. Al igual que hoy, la pérdida de un joven llamaría mucho la atención del gentío que, más por morbo que por acompañar a la desconsolada madre, se acercaría a la procesión fúnebre. La mujer está en una situación crítica: viuda y ahora sin descendencia, no va a tener nadie que la ayude, la proteja y la mantenga. En aquella época eran solamente los varones los que podían trabajar y aportar el sustento a la casa. La viuda estaba abocada a la ruina (moral y económica). Esto produce el “vuelco de las entrañas” de Jesús, que comprende lo extremo de las condiciones de la mujer. El coro, es decir, los que observaron el milagro, dan en el clavo. Han sabido interpretar perfectamente lo que ocurrió: Dios ha visitado a su pueblo. Si el núcleo del mensaje del Maestro de Nazaret es que el Reino está “a la mano”, no hay mejor resumen que este: el mal retrocede ante la presencia de Jesús, que es capaz, porque es Dios-con-nosotros, de dar vida a los muertos y arreglar al mismo tiempo la grave situación de esta mujer. Ante tanta maravilla, también nosotros ahora hemos de seguir alabando a Dios como los habitantes de aquella ciudad.

Oración (Oratio)
Alabar a Dios, reconocer su grandeza… esta es la respuesta de los espectadores de aquel milagro. Abre tu corazón a la alabanza en este momento, recuerda todo lo bueno que Dios te da, repasa el paso del Señor por tu vida y agradécele todos los momentos en los que Él te ha resucitado de alguna manera.

Contemplación (Contemplatio)
En este momento álgido de la Lectio hemos de pasar de la alabanza a la contemplación. Es un paso más, un escalón más arriba (o más profundo). Ya no se trata de hablar o de agradecer, se trata de “estar con Él”, de “ser con Él”. Sin embargo, no creas que ha de ser difícil, ni supongas que es imposible. Solo “mira que te mira”.

Compromiso (Actio)
Nosotros no tenemos el “poder” de resucitar a los muertos físicos, pero podemos colaborar de muchas
maneras para que las situaciones “extremas” de tantas y tantas personas de nuestro alrededor sean
aliviadas. Piensa en cómo lo puedes hacer esta semana de una manera concreta.

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