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FERMÍN NEGRE. Comentario al Evangelio de hoy, lunes 3 de agosto

Publicado: 03/08/2020: 110843

La escena parece un «remake» en miniatura de «Titanic», aunque los discípulos no estaban para películas ni bromas. Él conoce nuestras tempestades y, por supuesto, nuestros hundimientos.

Dios en el susurro. Después de la multiplicación Jesús necesita reponer fuerzas. A solas en el monte con el Padre. Sin distracciones. La acción desgasta. Necesidad de buscar el equilibrio interior para no perder el norte. Tan activos en el trabajo del Señor olvidamos al Señor del trabajo.

Dios en la tormenta. Somos, frecuentemente, un mar de dudas, miedos e indecisiones. Una auténtica bandera roja que nunca da paso a una bandera verde que haga disfrutar de un mar en calma. Y oscilamos entre la confianza y el escepticismo, el entusiasmo y el desencanto, el seguimiento decidido y la tentación de claudicar.

Creen que es un fantasma. ¿Cuáles son nuestros fantasmas? En determinadas ocasiones, se agrandan tanto que nos engullen en sus aguas. Y, entonces, es preciso mirarle a los ojos y escuchar ese «ven y camina sobre tus temores» como aquel primer «ven, deja tus redes».

Solo se necesita un poco de fe para andar sobre el oleaje. Y escuchar nuevamente: «¡Ánimo, soy yo, no tengas miedo!». ¡Cuántos mares hemos cruzado juntos!

Pedro se hunde cuando atiende a lo que le rodea y olvida la voz del Amado. Le faltó fiarse sin titubeos. Cuando nos miramos el ombligo, terminamos encorvados ahogándonos en nosotros mismos. Si Pedro hubiera confiado, habría cruzado todo el lago y, si le achuchas un poco, el mar Mediterráneo.

«Señor, sálvame». Humildad para pedir ayuda cuando perdemos la línea de flotación como los barcos. A través del pantalán de la fe volveremos a estar seguros a bordo. Solventado el naufragio, colaborar a solventar los naufragios diarios que salpican a tantos.

«Si hay algo que te inquieta, te atormenta o te perturba, llama al…». Promesas engañosas de salvación televisiva. Nosotros sabemos quién es el noray donde atar fuerte los cabos de nuestra jábega.
Nadie nos aseguró que esto iba a ser un crucero de cinco estrellas. Lo único que él nos garantizó fue que siempre navegaría con nosotros, incluso cuando hubiera que achicar el agua de la cubierta.

¡Nos rezamos!

Fermín J. Negre Moreno

Sacerdote