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Moisés Díaz-Caneja Piñán, "optimista hasta el final"

Moisés Díaz-Caneja Piñán
Publicado: 07/09/2017: 5672

Murió a los 59 años, siendo provisor y Vicario General de la Diócesis de Málaga. Nació en Soto de Sajambre (León), el 4 de septiembre de 1876. Fue fusilado en el Camino Nuevo (Málaga) el 28 de julio de 1936 y sus restos reposan en la cripta de la Catedral de Málaga. Su nombre abre la primera causa, conformada por otros 87 sacerdotes, religiosos, seminaristas y seglares.

«Yo muero con gusto por Jesucristo, por ése en quien vosotros decís que no creéis y a quien no amáis»

Comenzó los estudios en el Seminario de Astorga y los finalizó en la Gregoriana de Roma como Licenciado en Teología y Doctorado en Derecho Canónico. En abril del año 1907 tomó posesión de canónigo doctoral de Astorga.

Su actividad sacerdotal la desarrolló entre Astorga y León hasta que su discípulo, el Obispo don Balbino, le llevó a Málaga, como Provisor y Vicario General sustituto, sin perder su canonjía doctoral en la Catedral de Astorga, pues contaba con la dispensa de obligaciones de Astorga, otorgada por Roma. 

De su actuación en Málaga bastaría decir que en pocos meses se granjeó, con su trato sencillo y afable y con su competencia y excelentes dotes, el afecto y la veneración del clero y de los buenos católicos. Desempeñó su cargo con admirable acierto y fidelidad. Era un ejemplo de piedad y de celo sacerdotal, que ejerció principalmente en el confesonario de la Catedral. Hasta última hora no perdió el optimismo y su buen ánimo, desafiando peligros y diciendo que: “en último término, nos tocaría la gloria envidiable de ser mártires”. 

Detenido en su casa por una patrulla de milicianos, le metieron en un coche y lo llevaron directamente para ser fusilado al Camino Nuevo de Málaga, junto a otros dos sacerdotes. Después de levantar sus brazos en cruz, para recibir las balas dijo a sus verdugos: “Yo muero con gusto por Jesucristo, por ése en quien vosotros decís que no creéis y a quien no amáis”. Fue enterrado en una fosa común.

Cuando el Obispo comunció su martirio a Astorga, el cabildo malagueño en solemne acta se da por enterado y lleno de sentimiento y elogios a su egregia figura, organiza los sufragios, recordando su brillante servicio en la Diócesis y la Catedral.

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