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Catequesis es abrir el corazón a Jesús (2ª parte)

Publicado: 11/05/2017: 488

Hola, catequistas, seguimos compartiendo con vosotros, que la catequesis debe ayudar a que sus destinatarios abran su corazón a Jesús. Hoy queremos explicar y completar cada uno de los puntos que desarrollamos brevemente en el artículo anterior.

Explicamos que solamente ellos pueden abrir su corazón

Para que comprenda lo que estamos diciendo, le decimos que ellos por unos momentos se imaginen que son una casa, que tiene una puerta que se abre con una llave que ellos tienen, que dentro está el corazón. Algunas veces, cuando preguntamos: ¿quién puede abrir la puerta de la casa? nos responden que Jesús, por el contexto en el que estamos, pero enseguida caen en la cuenta de que ellos son los únicos poseedores de la llave.

Así que son ellos los únicos que pueden abrir la puerta de su casa para que Jesús pueda entrar allí donde está su corazón. Si ellos no quieren abrir, nadie podrá entrar, Jesús tampoco. 

Comentamos qué significa abrir el corazón

Pues abrir el corazón significa, recibir con atención, con alegría, con cariño, con entusiasmo, en definitiva, acoger todo lo que los catequistas les cuentan de Jesús.

Puede ayudar a entender lo que estoy diciendo las palabras del libro del Apocalipsis: “Mira, estoy de pie a la puerta y llama. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”. (Ap. 3, 20).

Hacemos este signo al comenzar la sesión de catequesis: ponemos un corazón en la silla que está Jesús

Este signo expresa todo lo que acabamos de decir: queremos abrir nuestro corazón a Jesús, para que Jesús entre en él y podamos sentir, (saborear, experimentar) íntimamente cuánto nos ama Jesús.

Las palabras del evangelista Mateo puede ayudar a entender lo que estoy diciendo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas”. (Mt 11, 27).  Dios se fija en el corazón (cf. 1º Sm 16,7) y en aquellos que lo buscan de corazón (cf. Sal 119, 10).

Para que el mensaje llegue al corazón, lo interiorizamos haciendo preguntas sobre el cómo viven, qué les dice a ellos, que les hace sentir el contenido, ese párrafo, esa cita bíblica.

En definitiva, apelamos a su experiencia de vida, más que al conocimiento. Un ejemplo del tema 1 “Los cristianos”. Una pregunta dirigida al conocimiento o a la comprensión, sería: ¿Qué quiere decir cristiano? La respuesta es discípulo de Cristo; una pregunta dirigida a la experiencia puede ser: ¿Qué haces tú para mostrar que eres cristiano? (Voy a misa, ayudo a los demás, amo como Jesús) o ¿Qué sientes tú como discípulo de Jesús? (alegría, paz).

La experiencia nos va diciendo, que este modo está enseñando mejor a los niños y niñas del grupo a interiorizarlo, a hacerlo suyo, a incorporarlo a su vida. También que está Facilitando que en el grupo se pueda establecer un diálogo sobre cómo vivir este mensaje, sobre lo que supone para cada uno vivir la fe.

Los catequistas transmiten más con el corazón, desde su experiencia, del cómo ellos los viven y lo siente, el mensaje o el contenido del tema

En este mismo sentido, como catequistas podemos plantearnos qué mensaje transmitimos. Si es algo objetivo, impersonal, fruto del estudio, o bien es un mensaje que surge de la experiencia de fe, del modo en que sentimos y vivimos nuestra vida cristiana, y el mensaje concreto de nuestra catequesis.

Las palabras de Pablo pueden ayudar a entender esto que estoy diciendo: “Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. (1º Cor 2, 1-4).

Los catequistas ayudan a cada niño/a escuchar el fondo de su corazón

Para lograr que cada niño/a explore (o miren) su mundo interior, haciendo silencio exterior e interior, escuchando desde el fondo de su corazón, para percibir lo que piensa, siente y desea.

Le ponemos este ejemplo:  le decimos buscar en su interior es parecido a lo que hace un buzo en el mar para llegar al fondo del mismo:

Primero, espera que el mar esté calmado, sin olas, sin mareas, para que se pueda ver el fondo, o sea, espera el silencio. Y después se zambulle para encontrar un tesoro, para admirar un bello paisaje obra de Dios.  De este modo podemos ir al fondo de nuestro corazón, y reconocer lo que éste siente, lo que desea.

Las palabras de Mateo, pueden ayudar a entender lo que estoy diciendo: “Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará”. (Mt 6,6).

De corazón, esperamos que estas líneas os sean útiles, despierten en vosotros las ganas de ponerlas en práctica, y sobre todo, deseamos que realmente hagan que el corazón de cada niño y niña se abra a Jesús. Un abrazo.

Málaga, 10 de mayo de 2017

Manuel M. Córdoba

 


Manuel Márquez Córdoba

Manuel Márquez Córdoba es sacerdote diocesano y delegado de Catequesis. Párroco in solidum en las parroquias de Ntra. Sra. de los Ángeles y Ntra. Sra. del Pilar en Málaga capital .

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