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Madre Petra, corazón de fuego

Publicado: 02/03/2021: 6513

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

En la semana en que conmemoramos el Día de la Mujer, la beata Madre Petra de San José, fundadora de las Madres de Desamparados y San José de la Montaña es una de las mujeres que nos ofrece la historia de la Iglesia de Málaga.

  • Nació en el Valle de Abdalajís (Málaga), el 6 de diciembre de 1845.
  • Carecía de estudios. Su madre murió cuando ella tenía 3 años, y su abuela se hizo cargo de la casa y de sus hermanos.
  • Desarrolló su labor, principalmente, en Málaga, Gibraltar, Jaén, Valencia, y Barcelona.
  • Fundaciones que dejó en Málaga: en este enlace.
  • Murió en Barcelona, el 16 de agosto de 1906
  • Fue beatificada el 16 de octubre de 1994, en Roma, por Juan Pablo II

A menudo identificamos el fuego como algo destructivo que asola a su paso todo lo que toca; y ciertamente es así cuando está descontrolado. Pero también es fuente de luz, de calor y energía en nuestras vidas cotidianas.
Cuando ese “fuego” arde en el corazón de alguien, se convierte en una fuerza arrolladora que deja huella en todo aquel que tiene la suerte de conocer de cerca a esa persona.
Decir Madre Petra “Corazón de fuego” es hablar de una mujer apasionada, con una gran fuerza interior y una personalidad arrolladora que no deja indiferente a nadie que llegue a conocer su vida y su obra.
Así “fue”, y así “es”, Madre Petra, porque su espíritu aún sigue vivo entre nosotros/as.
Su origen acomodado (hija del alcalde del Valle de Abdalajís) no le impidió, desde bien joven, abrir el corazón a las necesidades de los otros; así junto con su hermano Juan, iban por el pueblo repartiendo cestos de comida a los más necesitados.

Su corazón inquieto le llevó a experimentar, en su juventud, los placeres de la vida: salidas, entradas, fiestas, algún romance, etc… Y buscar en ellos la felicidad que tanto ansiaba.
Sin embargo, fueron los avatares políticos de finales del siglo XIX los que le llevaron a descubrir que nada de eso hacía arder su corazón como antaño. Esa felicidad, que ella sentía al volver de entregar cuanto llevaban en sus cestos de comida, y las sonrisas dibujadas en los rostros, de aquellas personas agradecidas. Todos estos recuerdos, ciertamente, marcaron para siempre su vida.

Dios llamó de nuevo a las puertas de su corazón, e hizo nacer en ella el deseo de entregarse por entero.

Los comienzos no fueron fáciles, pero ella supo abrirse paso en medio de las risas y burlas de los lugareños… Estas, poco a poco, se tornaron en admiración y respeto. Su propio padre llegó a decirle: “Hija, he comprendido que no estás loca ni es capricho tu decisión, sino que Dios te quiere; vete cuando quieras con esos pobres que dices” (1). Y así, junto con otras jóvenes del Valle, abrieron una casa para acoger a los ancianos abandonados del pueblo.
Madre Petra una mujer adelantada a su tiempo, supo descubrir la soledad y el desamparo de la ancianidad.

Mujer decidida y emprendedora, poco conformista, con una gran confianza en Dios, se lanzó a abrir, casi sin dinero, otra casita en el pueblo cercano de Álora: “Dios proveerá”, decía, y “San José hará lo demás” (2). Así la vemos, por los cortijos de los alrededores del pueblo, montada a la grupa de un mulo (cosa inusual en una mujer en aquella época), pidiendo para sus pobres.
Más tarde, se lanza a abrir una nueva casa en la capital de Málaga. Allí descubrió un nuevo desamparo, el de la niñez, en el barrio de Huelin. Los hijos de los pescadores jugaban por las calles y en la playa, mientras sus padres trabajan. Ella, desde su corazón de Madre, supo ver más allá, y creó una pequeña escuelita, para recogerlos. Es admirable la valentía de esta mujer, que pasa de vivir en un pequeño pueblo del interior, y sin apenas estudios, a una gran ciudad, en pleno desarrollo industrial.
Grandes disgustos le trajo aquella casa, pero más grande era su amor y tesón; más grandes eran los deseos de entrega que Dios puso en su corazón. En medio de calumnias, y sin dinero de nuevo, nada le importó y continuó adelante hasta que el temporal pasó, porque pensaba que la obra realizada era de Dios.

Mujer de temple en una sociedad en la que la mujer no podía hacer nada sin estar bajo la tutela de un hombre. Ante las dificultades surgidas en una nueva fundación en Vélez-Málaga, tuvo que enfrentarse al alcalde, y este llegó a decir de ella: “Nadie me ha hablado de ese modo; esta mujer tiene temple de hombre” (3).

Mujer decidida y andariega, a la que sólo le guiaba el Amor. Y al igual, que su amor y su entrega fueron creciendo, más grande se fue haciendo la Congregación que fundó: Ronda, Arriate, Martos, Andújar, Gibraltar, Valencia, Barcelona. Y a cada paso nuevos retos y nuevas dificultades, que no consiguieron doblegar su confianza en Dios.

Mujer fuerte y orante que, casi al final de sus días, tuvo que viajar a Roma para conseguir la bendición del Papa para la Congregación. Al encontrarse allí, sola, sin saber a quién acudir, se dio cuenta de su locura. Y orando la decía a Dios: “¿Qué amigos tengo? ¿Quién me defenderá?”…Y como si de una voz se tratase sintió: “Dos tienes muy poderosas: la verdad y la rectitud con que has obrado; no temas, estas te defenderán” (4).
Su fortaleza viene de Dios; su confianza, la tiene puesta en San José; su ternura de madre, de María (sus tres grandes amores).

Mujer rompedora para su época, mujer de corazón de fuego, llama del Amor Misericordioso, que aún sigue ardiendo y contagiando sus ganas de transformar el mundo a fuerza de Amor.
El fuego del Amor de Dios, que ardía en su corazón, fue dando Vida a su paso. Una presencia que no se extingue y que sigue viva en todos/as aquellos/as que siguen sus huellas.

“ES EL AMOR, QUIEN NOS PRESTA ALAS PARA VOLAR” (Madre Petra)

Maite Pelayo Castillo de San José

Notas: “Sobre la Piedra”. Mª Virginia LLácer y Blandina Martín. Valencia

Más información en madresdedesamparados.org

 


 

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