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MI CURA, por Marta Jiménez

Publicado: 11/12/2020: 5248

MI CURA

Mi cura aún no lo era cuando yo lo conocí. Quizás no hubo presentación oficial porque directamente nos unió la Virgen. La Virgen ante la que se ordenó diácono un feliz día, subiendo así un escalón más en esa vocación en la que no ha dejado de trabajar, procurando ser un mejor pastor desde que se uniera al orden sacerdotal una mañana de junio.

No por abrazar el alzacuello dejó a un lado su pasión por la música, sobre todo la música antigua, que iba a ser su dedicación hasta que se cruzó en su camino la ‘llamada’ que cambió su vida.

En el altar, con el Santísimo siempre presente y como centro de todo, ha hecho de su cercanía su gran baluarte. Su amor por lo barroco no contamina su mensaje ni su discurso, evitando ristras de frases que se pierden en los adornos que no llegan al tuétano de la cuestión. Su virtud homilética le hace acercar la Palabra desde la más rigurosa profundidad hasta hacerla llegar en un ‘tú a tú’ que no peca de ‘coleguismo’. Sin duda, una labor teológica constante.

Le gusta pasear, haga frío o calor, y fotografiar las calles que le rodean cada día y que en definitiva, son también su parroquia. A la que, sea cual sea, se preocupa en conocer al máximo. También le gustan los balcones y las azoteas con bombillas por Navidad y guirnaldas en verano. Y si las bajas temperaturas aprietan, una mesa camilla es siempre el remedio infalible. Aunque el calor que más le agrada es el de una conversación: cuajar diálogos de amistad, distendidos, sobre copla, Semana Santa o comida y sobre todo diálogos sobre las cosas importantes de la vida. Aquellas en las que un sacerdote como él sabe aportar la orientación necesaria tanto en el sentido humano, porque también los curas son de carne y hueso, como en el sentido espiritual. Diálogos que hacen liberarse al que tiene delante. Es un “especialista en abrir neveras” como me dijo un día cuando yo le reconocía mi dificultad para abrirme emocionalmente debido a mi hermetismo. Combina a la perfección su juventud con la tradición y es precisamente la perspectiva que tiene de la vida, y los avatares que en ella ha tenido que sufrir, así como su capacidad para analizar la realidad más cercana, uno de sus más valiosos méritos como sacerdote. Que Dios le guarde.

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