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Servir al Señor con alegría

Publicado: 02/02/2011: 1264

Todos los libros de la Biblia me fascinan, pero tengo un interés particular por el libro del Éxodo, el evangelio según san Juan, el evangelio según san Marcos y Los Hechos de los Apóstoles. Cada uno, por razones diferentes.

El libro de Los Hechos me ha ayudado a entender la marcha de la Iglesia y el papel del Espíritu en la vida personal y comunitaria. Al narrar el nacimiento de las primeras comunidades, nos presenta la grandeza de su amor, pero también los pecados de sus miembros, las dudas de sus dirigentes, sus disputas, la fuerza transformadora de la oración y la audacia de los misioneros. Una mezcla fecunda del poder de la gracia y de la respuesta humana, a veces mezquina. Porque no sólo nos narra que compartían sus bienes y se congregaban para orar, sino que aparecen también los que presumen de una generosidad que no es real, los que ambicionan cargos, los que abandonan cuando la misión es dura, los intransigentes y los que siembran cizaña en las comunidades.

Un dato que resalta es la pluralidad de servicios y el compromiso de cada uno en la marcha de la comunidad. Eran comunidades ministeriales y participativas. San Pedro les recordaba que cada uno ha recibido un don y hay ponerlo al servicio de todos, como buenos gestores de la gracia divina. Es la clave para que funcione una parroquia: Ser una comunidad ministerial, donde haya catequistas, encargados de Cáritas, miembros de pastoral de la salud, equipo de liturgia, responsables de los cantos, animadores de la pastoral juvenil, comisión de economía y esos ministerios tan necesarios hoy como son el encargado de actualizar la pantalla de anuncios (antiguos tablones), gestionar la página web y enviar mensajes por correo electrónico a los feligreses que lo deseen. Pero hay que hacerlo con alegría, por amor a Dios y a los demás, cada uno según el don recibido.  

 Juan Antonio Paredes

Autor: diocesismalaga.es

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