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Amad a vuestros enemigos

Publicado: 02/03/2011: 1154

Cuando meditamos el sermón de la montaña, nos sentimos sobrecogidos por la grandeza del amor que Jesús pide de nosotros. Y algunos se desmoralizan ante las firmes palabras del Señor: “Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen”, “a quien te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra”. Jesús nos invita a amar sin condiciones, como nuestro “Padre celestial hace salir el sol sobre buenos y malos”.

Dios no nos pide imposibles, y si nos invita a amar de esta manera, es porque Él nos ha amado primero y ha liberado previamente nuestros corazones para amar, nos ha justificado y nos ha dado su Espíritu, que derrama el amor en nuestros corazones. Como dice san Juan Clímaco, “Cuando el ser humano, por entero, se mezcla con el amor de Dios, entonces el esplendor de su alma se refleja también en su aspecto exterior”. Es lo que nos enseña la vida de los santos y el testimonio de los mártires, que murieron rogando por quienes los habían torturado y les quitaban la vida. 

Dios ha puesto todo de su parte, pero como seres libres, tenemos que abrir nuestro corazón a su amor y ponerlo en práctica, conscientes de que la vida de fe es un proceso lento. De ahí la importancia de ejercitarnos cada día. No importa si aún no somos capaces de amar como enseña Jesucristo. Hay que seguir pidiendo ayuda a Dios y ejercitándonos diariamente en practicar las obras de misericordia. Por eso dice san Pablo que hay que entrenar cada día, como hacen los buenos atletas. Y en Cuaresma, la Iglesia nos ofrece cuarenta días para romper las cadenas que nos impiden amar y celebrar la Pascua. La fiesta de la Vida y de la libertad frente al pecado y a la muerte.

Artículo "Desde las azoteas" de Juan Antonio Paredes

Autor: diocesismalaga.es

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