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Maternidad versus productividad

Publicado: 21/10/2014: 1513

Ante las políticas sobre la maternidad en las empresas, cabe preguntarse ¿debe primar el beneficio económico de las empresas o el bien social y familiar?

Después de ciertas declaraciones preocupantes, por parte de una representante de los empresarios españoles, sobre las dificultades para las empresas de sostener entre sus empleadas a mujeres en edad fértil, nos llegan noticias de grandes multinacionales que ofrecen costear la congelación de óvulos de sus trabajadoras con el argumento de aprovechar sus mejores años de productividad profesional.

Este tipo de planteamientos me lleva a reflexionar sobre la importancia de la maternidad en sí misma frente a los meros intereses económicos y productivos de las empresas.

El retraso de la maternidad hoy en día es algo a lo que muchas mujeres se ven abocadas y altamente condicionadas por factores que en nada tienen que ver con su proyecto familiar y vital sino, mayormente, con la presión laboral y la asimilación de sus decisiones en este ámbito a las conductas más frecuentes en los grupos profesionales.

¡Todo sigue igual! La globalización de la discriminación de las féminas es un rasgo constante y constatable en cualquier tipo de sociedad, actual o pretérita.

Quien esperase que la anhelada igualdad de la mujer al varón se fuera consolidado, se encontrará, de nuevo, con el gigante de la productividad y del interés económico empresarial, que pisotea sin miramientos los derechos humanos, que deberían ser inviolables, como es el derecho a la vida, que pasa por el derecho de las familias a traer hijos al mundo y a hacerlo cuando lo consideren oportuno intrafamiliarmente y no por motivos externos.

Me parece algo indignante todo este asunto porque se trata de influir en la libertad personal de las mujeres y de las familias. Además, si se tienen en cuenta los datos estadísticos, de sobra es conocido el envejecimiento de la población en el primer mundo. Dato que, sin embargo, parece carecer de importancia para las cabezas pensantes que han tomado la decisión de ofertar las condiciones necesarias para el retraso de la maternidad de sus trabajadoras, a través de la congelación de sus óvulos.

Imagino que preferirán que los problemas derivados de la escasez de nacimientos lo asuman otros en el futuro. Al igual que ocurre con los residuos medioambientales y la gestión de los recursos naturales que no son patrimonio exclusivo de las generaciones actuales sino de las sociedades futuras también.

Todo ataque a la familia es un ataque al conjunto de la sociedad, por el contrario las ayudas a las familias repercuten de modo efectivo a nivel colectivo. El bien moral es más importante que los rendimientos económicos o empresariales. El capital humano es un valor que debería estar en alza.

¿Qué harán las trabajadoras a las que se le ofertan las condiciones citadas?

¿Se atreverán a correr los riesgos de esa maternidad tardía? Porque también aquí las estadísticas ofrecen datos del peligro de mayores índices de anomalías en el feto con el incremento de la edad de la madre.

¿Quién les asegurará a estas mujeres que su vida y las de sus familias no se verán afectadas por la decisión de optar por lo profesional en vez de por la benéfica aportación social que supondría su maternidad a su tiempo natural?

Confieso que todo ello me produce una gran tristeza. Le doy gracias a Dios por no haber tenido que elegir entre mi maternidad, a su tiempo, y mi profesión. Espero que la sensatez se abra camino y que

se denuncien con efectividad estas graves coacciones a la libertad de las familias y, especialmente, de las mujeres.

Ante tanto desatino, os recomiendo la lectura o relectura de la obra de Huxley "Un mundo feliz", que no sólo es un clásico de la literatura del siglo pasado sino una metáfora de un futuro que ya no se atisba tan lejano: claudicación de los valores humanos esenciales, procreación in vitro, férreo control a las conductas disidentes, etc.

Ojalá que la sociedad entera promueva el respeto y el apoyo que merece la maternidad en libertad.


Esperanza Sanabria Chamizo

Esperanza Sanabria Chamizo es cristiana, esposa y madre, profesora e investigadora en el campo de la Psicología. Desarrolla su labor profesional en la Universidad de Málaga y en el ISCR San Pablo.

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