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Visita a la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario (Fuengirola)

Publicado: 01/03/2009: 1539

PARROQUIA DE NTRA. SRA. DEL ROSARIO DE FUENGIROLA

(Fuengirola, 1 marzo 2009)

Lecturas: Gn9, 8-15; 1 Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15.

 

1. Un fraternal saludo a los sacerdotes concelebrantes. A vosotros, queridos fieles cristianos de Fuengirola, en ésta mi primera visita, agradezco vuestra acogida y, como os dije al inicio de la Eucaristía, felicidades y enhorabuena por vuestro testimonio cristiano.   Estamos celebrando el primer Domingo de Cuaresma y las lecturas de hoy nos han presentado varias imágenes, todas muy ricas; voy a centrarme en alguna de ellas.

 La primera lectura, del libro del Génesis, nos presenta, en síntesis, el tema del diluvio. Dios decide destruir a la humanidad pecadora y salvar a un “resto”. El tema del “resto” es importante a lo largo de la Biblia. Cuando la inmensa mayoría de las personas olvidan a Dios, siempre hay un pequeño grupo, un “resto del Señor” (cf. Is 37, 4), un “resto de Yahveh” (cf. Is 28, 5; Esd 9, 8.15), o un “resto de Israel” (cf. 2 Cro 4, 21), que se conserva fiel al Señor.

2. En este caso eran Noé y su familia quienes se salvan del diluvio. Al final del diluvio Dios hace un pacto, una alianza con Noé, poniendo como signo el Arco iris. El autor sagrado toma el Arco iris, que tantas veces había visto, para expresar algo muy profundo: la relación de amor entre Dios y el hombre; concretamente la relación de amor entre el Dios de Israel y Noé, quien, después de terminar la prueba del diluvio, ve el Arco iris como signo de la fidelidad de Dios para con él.

El Arco iris, cuando se contempla completo, parte de la tierra y toca el cielo. Es una señal que abarca tierra y cielo; es un signo que une a Dios y al hombre. Dios se compromete a mantener su alianza y su amor. El tema de la alianza es muy importante y tiene que ver con el anillo (alianza) que lleváis muchos de vosotros con motivo de vuestro matrimonio.

Dios hace una alianza de amor. Las personas hacen alianzas, pactos de amor, y lo simbolizan con un anillo redondo, indicando que no tiene comienzo ni tiene fin, porque el amor de Dios no tiene comienzo ni tiene fin; el amor de Dios es eterno. Y el amor que dos personas se profesan, fundamentalmente en el matrimonio, es, a semejanza del amor de Dios, eterno. No puede tener fin; no puede acabar bajo ningún motivo ni excusa alguna. Porque si acaba, no es amor. El amor, por definición, es eterno.

 3. El otro signo nos lo ofrece San Pedro en su carta, hablando del bautismo. Las aguas diluviales anegan; para mucha gente las aguas son muerte y destrucción. Para el “resto” del Señor las aguas bautismales son salvación. Nuestro bautismo está recordando las aguas del diluvio. Por el bautismo hemos sido salvados, limpiados y purificados; hemos sido como el resto de Noé y su familia; hemos sido perdonados.

¿Qué es la Cuaresma? La Cuaresma es un camino bautismal hacia la Pascua. La podemos definir “camino cuaresmal” y “camino bautismal”, porque celebramos el bautismo, uniéndonos a la Pascua de Cristo, que es nuestra Pascua y que culmina en la Vigilia Pascual, que es la vigilia por excelencia bautismal, en la que suelen bautizarse los adultos.

La Pascua es paso: el paso de la muerte a la vida, del pecado al perdón, de las tinieblas a la luz, de las cadenas a la libertad. ¿Queréis ser libres? No os atéis a las cadenas de vuestros deseos; no os atéis a las cadenas del pecado; no caminéis en tinieblas, sino caminad en libertad. El que quiera ser libre, que se adhiera a Cristo; que quede injertado por el bautismo con Cristo y Cristo le liberará; para eso hemos sido bautizados. El Señor nos regala su vida y la entrega en la cruz para salvarnos y liberarnos.

Hemos comentado dos gestos o signos: El Arco iris, signo del amor eterno de Dios; y las aguas bautismales, referidas a las aguas del diluvio, signo del paso de nuestra muerte a la vida y signo de nuestra adhesión a Jesucristo.

Renovaremos las promesas bautismales, sobretodo en la Vigilia Pascual, porque queremos ser el “resto del Señor”, el resto del Pueblo de Dios, que queremos mantenernos fieles a su amor. Esta es la gran invitación de la Cuaresma: la conversión, la salida de nosotros mismos, la salida del pecado, de la esclavitud, de las cadenas, a la luz y a la libertad de Cristo.

4. Y pasamos al Evangelio. El mismo Jesús hace una cuarentena en el desierto y, al término de esta Cuaresma, sale a predicar, empezando por el norte de la Galilea y anunciando: 1) “se ha cumplido el tiempo”; 2) “el Reino de Dios está cerca”; 3) “convertíos”; y 4) “creed en el Evangelio” (cf. Mc 1, 15).

Vamos a analizar la primera sentencia: «Se ha cumplido el tiempo» (Mc 1, 15). No hay que perder de vista el tema de la Alianza y el tema bautismal, que está a la base de la reflexión de hoy y de toda Cuaresma.

Jesús dice que ha llegado la plenitud del tiempo; que se ha cumplido ya el tiempo. En español empleamos la palabra “tiempo” para expresar diversidad de situaciones: tiempos malos, tiempos de guerra, tiempo de enfermedad, tiempo de alegría, tiempo de ocio. Los griegos utilizan tres términos para expresar tres formas diversas de tiempo: el tiempo cronológico “cronos” (κρÏŒυος), que indica el paso de las horas y de los años; el tiempo “eón” (αίÏŽν), que hace referencia al tiempo que va hacia la eternidad; este tiempo es el que expresamos en la liturgia cuando decimos: “por los siglos de los siglos”; y, finalmente, el tiempo “kairós” (καιρÏŒς), que es el tiempo oportuno, el tiempo salvífico. El término griego utilizado por Marcos es “kairós” (καιρÏŒς).

5. Retomo la imagen de la alianza. Cuando los esposos contraéis matrimonio, ¿consideráis que ese día es uno más entre tantos (kronos), o es un día especial (kairós), un día festivo, un día con una significación que nunca olvidaréis? Lógicamente es un día especial, un tiempo de gracia y de felicidad.

¿Por qué dice Jesús que ha llegado ya el tiempo especial (kairós): «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca» (Mc 1, 15).

Porque con la llegada de Jesús el tiempo se torna salvación; el tiempo de Jesús es significativo para toda la humanidad; los millones de años que han pasado, antes de venir Él, no eran tan significativos. Su venida cambia el tiempo y la historia; su presencia entre nosotros hace que el tiempo, que trascurre cronológicamente, opere un giro a la historia y a nuestra vida.

6. San Pablo ha dicho en Gálatas: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos Dios envió a su Hijo nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley» (Gal 4, 4-5). La plenitud de los tiempos (kairós), es decir, el tiempo de salvación ya ha llegado; estamos viviendo un tiempo “kairós”, un tiempo especial.

Es costumbre entre nosotros celebrar el aniversario de ciertos acontecimientos: nacimiento, matrimonio, onomástica. Recordamos ese día especial, en que vimos la luz del mundo; festejamos ese día especial, en que nos casamos; celebramos ese día especial, en que los sacerdotes fuimos ordenados; celebramos el día en que terminó una guerra; o el día en que se acabó una peste; celebremos también el día en que salimos curados del hospital; en fin, celebramos muchas cosas.

La Cuaresmaes también un tiempo especial, que nos recuerda la actuación salvadora de Dios a favor de la humanidad. Estamos en un tiempo especial, primer Domingo de Cuaresma. El Señor quiere que celebremos de modo especial este tiempo propicio (kairós). No podemos hacer de nuestra vida una monotonía de días grises y llanos. El Señor nos anima a que vivamos este tiempo como algo precioso; que seamos conscientes de que Dios nos ama con amor eterno; que Dios nos hizo hijos suyos en el bautismo; que Dios nos perdona los pecados cada vez que nos confesamos; que Dios nos ama y quiere que nos convirtamos.

Jesús nos ha invitado a la conversión: «El Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1, 15). Es decir, no viváis monótonamente, sino vivid con la alegría de ser cristianos: «Vivid como hijos de la luz» (Ef 5, 8); vivid con gozo interior y eterno, porque somos hijos de Dios.

Si de veras hemos experimentado la alianza del amor eterno de Dios; si de veras hemos vivido ese tiempo especial en el bautismo y ahora lo rememoramos en la Cuaresma; si de veras ahora nos sentimos amados por Dios, debemos ser testigos de este tiempo feliz, de este tiempo de salvación, de este tiempo “kairós”.

7. Retomamos la imagen del “resto de Yahvé”. En el diluvio se salvaron tan solo unas cuantas personas; se salvó el resto de Yahvé. Los cristianos nunca han sido mayoría; ni siquiera en las épocas llamadas de cristiandad, porque una mayoría sociológica no corresponde a un verdadero compromiso. No es lo mismo vivir el tiempo de salvación (kairós), que vivir simplemente el tiempo cronológico (kronos).

En la situación actual, tampoco somos mayoría los cristianos. Las cifras que nos ha dado el Arcipreste se refieren a los habitantes de esta zona; puede haber muchos miles de ciudadanos en Fuengirola, pero no todos son cristianos. Por eso es necesario que seamos testigos de Jesús; testigos de que Dios nos ama; testigos de la resurrección de Jesús; testigos de que el bautismo nos hace hijos de Dios; testigos de que vale la pena celebrar este tiempo cuaresmal especial. ¿Podemos comprometernos a vivir un poco mejor esta Cuaresma? ¿Queréis ser testigos de la salvación maravillosa, que el Señor ha realizado en nosotros?

El Señor nos pide que nos convirtamos y que creamos en el Evangelio. Hemos de escuchar más la Palabra de Dios; leerla y meditarla. En el Año Paulino, como nos recordaba el Arcipreste, habéis intensificado la lectura de la Palabra de Dios. Hay que intensificar también esta lectura en Cuaresma. Hemos de purificarnos y pedir perdón de nuestros pecados, a través del sacramento de la Penitencia. Son formas muy hermosas de celebrar este tiempo de salvación.

Os animo a vivir y a profundizar este tiempo salvífico, siendo testigos del gran amor que Dios nos tiene. Recordemos los dos signos, que hemos comentado: la alianza eterna, con el Arco Iris y las aguas bautismales, que nos ha hecho hijos de Dios.

Este templo está dedicado a la Virgen del Rosario. Le pedimos a la Virgen, bajo esta advocación y bajo las diversas advocaciones de vuestras parroquias y comunidades cristianas, que nos ayude a celebrar este tiempo cuaresmal de modo especial.

¿Cómo viviría María la gestación de su Hijo Jesús? ¿Cómo vivió el tiempo en el que su Hijo estuvo predicando? ¿Y cómo vivió el tiempo especial al pie de la cruz? ¡Pero, con qué alegría viviría después el encuentro con Cristo resucitado! ¡Ojala, podamos vivir nosotros esta Cuaresma con la profundidad con que lo hizo la Virgen! Pidamos su intercesión para vivirlo de esta manera.

Amén.

Autor: diocesismalaga.es