«La resurrección de Jesús y la mujer musulmana»

Publicado: 03/08/2012: 687

Los españoles, todavía no suficientemente acostumbrados a convi­vir con emigrantes africanos, quedamos sorprendidos ante la sumisión ciega de la mujer musulmana a su padre primero, y después, a su esposo.

Los que no estamos medianamente versados en el Corán, atribui­mos a este Libro la humillante situación social de la mujer musulmana. Garaudy (el filósofo francés que se pasó del comunismo al islamismo), afirma que “no hay nada en el Corán que pueda justificar la discrimina­ción, el apartheid, de la mujer que existe en muchos países musulmanes” (Selecciones de Teología. Número 122, pág 174).

En el Islam del tiempo del Profeta y de los califas “bien guiados”, aunque se observó una división del trabajo y los deberes, las mujeres no estaban excluidas de ninguna actividad social. Las violaciones de los de­rechos del hombre y de la mujer, tanto en el Islam histórico como en el contemporáneo, no derivan del mensaje universal del Corán, sino de las tradiciones particulares “pervertidas”, venidas sobre todo del Próximo Oriente.

Sin embargo, hay disposiciones en el Corán que chocan con nues­tra mentalidad, si no las situamos en su propio contexto histórico-social. Lo mismo pasa en algunos pasajes del Nuevo Testamento, si no tenemos en cuenta el contexto histórico-social en el que fueron escritos. Por ejem­plo, la sumisión de la mujer en todo al marido (I P 3,1), y la prohibición de hablar las mujeres en las asambleas (I Co, 15,34).

Y si bien es cierto que la mujer hoy en la Iglesia todavía no ha logra­do situarse en el lugar que le corresponde (no me refiero a los ministe­rios), más cierto es todavía que la mujer en el Islam se encuentra en una situación social y religiosa denigrante.

No podemos negar, sin embargo, que, gracias a la figura y misión de María, la madre de Jesucristo, y a la revisión crítica de los textos sagra­dos y de la misma historia, la mujer en la Iglesia es muchísimo más valo­rada (no por concesión, sino por derecho) que en el Islam. En la mayor parte de los países islámicos la mujer se encuentra en un estado de pos­tergación alarmante.

Aparte de la “situación” de la Virgen María en la primera comuni­dad cristiana, los derechos de la mujer en la Iglesia quedan ratificados sobre todo a partir de los textos de la Resurrección de Jesús, base y funda­mento de nuestra fe.

La Resurrección es un acontecimiento de verdadera promoción de la mujer, como discípula que escucha y es mensajera de la Palabra de Dios. (“Jesucristo, Salvador del mundo”, BAC, pág. 128).

En los cuatro Evangelios aparece la mujer (María Magdalena, Ma­ría la de Santiago y Salomé) como la primera en recibir el impacto inte­rior de la Resurrección de Jesús, a partir de las apariciones. Fue el premio a su coraje de ser las primeras en acercarse al sepulcro, el premio a su fidelidad en el seguimiento de Jesús y el premio a su capacidad de servi­cio “exquisito” al Maestro y a sus discípulos. Ellas, las mujeres, fueron “los apóstoles de los apóstoles”. Ellas, las primeras en anunciar que el Señor había resucitado.

Si las mujeres fueron las primeras en recibir el impacto de la Resu­rrección, es lógico que ellas ocupen en la Iglesia un lugar no menos prefe­rente al de los hombres. Y, como antes ya insinué, no me refiero a los ministerios (otros podrán estudiarlo en otros lugares y momentos), sino a la santidad. Porque, al fin y al cabo, es la santidad, el amor a Dios y al prójimo, lo que sostiene y mueve a la comunidad cristiana. La santidad, el amor cristiano, precede en todo a los ministerios; y éstos sin aquélla no tendrían sentido.

En los momentos cruciales de la historia de la Iglesia, la mujer se ha convertido en un elemento clave de fidelidad al Evangelio. Estoy conven­cido que también lo es en estos momentos de la Iglesia, aunque esta rea­lidad no aparezca. La dignidad, es decir, los deberes y los derechos de la persona radica en el amor.

Abrigo la esperanza de que la mujer musulmana, a medida que tenga el mismo acceso que el hombre a la cultura, sabrá hacer, como todos sus demás correligionarios, una nueva lectura del Corán, en el que, como afirma Garaudy, no existe ninguna discriminación femenina.

Más aún, cuando el mundo islámico se abra al Cristianismo, la mujer musulmana será plenamente libre, como lo será la mujer y el hombre cristiano en la medida en que la Iglesia sea más fiel a Jesús.

Jesús dijo que El no había venido a abolir la Ley (judía), sino a per­feccionarla ( 5, 17). De manera semejante, quizás también podríamos decir que el Cristianismo no abolirá las verdades “verdaderas” del Corán, sino que las llevará a su plenitud.

La Resurrección de Jesús es mensaje y fuerza liberadora para toda persona humana. Si no lo entendiéramos así, no habríamos comprendi­do el Evangelio.

Septiembre 1997. 

Autor: Mons. Ramón Buxarrais