«...Y en el centro, ¡Dios!»

Publicado: 06/08/2012: 696

Desde que, por vivir en Melilla, voy conociendo un poco más el Islam, me admira cómo los fieles seguidores de Mahoma centran toda su vida en Dios. Conozco a un musulmán cuya vida religiosa se centra y gira de tal manera alrededor de Alá (Dios) que, después de su muerte, adivino que será venerado por sus correligionarios como auténtico uaeli (santo).

Si vais a Melilla, podréis visitar la tumba del santón (así llaman los melillenses a los uaeli) Muley Mohammedi, y en Farkhana, pueblo colin­dante con nuestra ciudad, la de Sidi Guariach.

He escrito “fieles seguidores” porque hay otros, como los hay tam­bién entre los cristianos, que centran su vida en sí mismos, buscando sólo los valores de este mundo, distintos y antepuestos a los valores del Reino de Dios. Hoy el dólar, el euro, el yen, con todo lo que supone de egoísmo, van desplazando a Dios.

A veces me pregunto, desorientado en los misteriosos caminos de la historia, si los emigrantes musulmanes en Europa no habrán sido en­viados por el Espíritu para recordar a los europeos la primacía de Dios. Y, por otra parte, sigo preguntándome, si estos mismos emigrantes no des­cubrirán en Europa que la primacía de Dios está siendo sustituida por los intereses materiales.

A pesar del empeño del Papa Juan Pablo II y otros muchos cristia­nos europeos, los pueblos del Viejo Continente hacen caso omiso a la invitación de volver a las fuentes de la fe cristiana. Los datos sociológicos así lo demuestran. Antes que escuchar la Buena Noticia de salvación, pre­fieren consolidar el euro, con todo lo que de simple y exclusivo bienestar material supone para los europeos.

Esta situación me recuerda lo que hicieron Pablo y Bernabé al verse rechazados por la sinagoga de Antioquía de Pisidia: al salir de la ciudad que los expulsaba, sacudieron el polvo de sus pies en señal de protesta contra aquella gente y se fueron a Iconio (Hech 13, 51) a predicar a los gentiles.

Hoy parece repetirse la historia: viendo el rechazo o la indiferencia de los europeos, el Espíritu de Dios parece alejarse de nosotros para bus­carse un pueblo más fiel en Oriente. Espero que seremos capaces de reac­cionar y renaceremos de nuestras propias cenizas.

Sea como sea, ojalá un día los musulmanes sepan pasar de Dios al hombre, sin dejar a Dios, y los cristianos europeos pasen del hombre a Dios, sin dejar al hombre. La primacía de Dios garantiza el justo lugar del hombre en la creación. El olvido de Dios conlleva, tarde o temprano, el olvido del hombre.

El poeta de Bellavista (barrio de la ciudad de Málaga) nos habla de la primacía de Dios, partiendo de sus criaturas, pero antes que ellas. Y nos lo dice como los grandes poetas saben hacerlo: a ritmo de palabra sonora que entreteje la singular melodía que canta la primacía del Crea­dor, para gozar, después, de sus criaturas.

Junio 2001. 

Autor: Mons. Ramón Buxarrais