«Sospecho que la "cosa" va para largo...»

Publicado: 06/08/2012: 577

Me preocupa el diálogo entre cristianos y musulmanes. Tengo la impresión que, después de mucho hablar, la “cosa” se estanca. Nos senti­mos ante un callejón sin salida. Aunque para Dios no hay nada imposi­ble. Confío en el poder de Dios que está por encima de todos los cálculos humanos. En esto, como en otras tantas cosas, parece que a Dios le gus­tan los imprevistos. Después de muchos encuentros, congresos, estadís­ticas... de repente el resultado parece escapar a todas las previsiones. Y todo para que seamos humildes. No somos “dioses”, aunque como hijos adoptivos de Dios, tenemos la obligación de reflexionar, dialogar, inten­tar...

En la revista Tierra Santa, dirigida por la Comunidad de Frailes Franciscanos de Jerusalén, en su número mayo-junio del 2000, pág. 149, aparece la siguiente y preocupante (¡alarmante!, diría yo), noticia: “El ar­zobispo capuchino de Esmirna (Turquía) ha hablado claro en el Sínodo de los Obispos de Europa. Dijo: “El diálogo con los musulmanes es un diálogo de sordos”. Y a continuación refiere que en un encuentro oficial en el que él mismo intervino sobre el diálogo islamo-cristiano, una emi­nente personalidad musulmana, dirigiéndose a los participantes cristia­nos les dijo con calma y serenidad: “Gracias a vuestras leyes democráti­cas, os invadiremos. Gracias a vuestras leyes religiosas, os dominaremos”. Y el arzobispo de Esmirna añade que la cosa no es para reír. De hecho, usan sus petrodólares, no para crear puestos de trabajo en los países po­bres del Norte de África y de Oriente Medio, sino para construir mezqui­tas y centros culturales islámicos en los países europeos.

Refiere, asimismo, el citado arzobispo que con motivo de otro en­cuentro cristiano-islámico, un participante cristiano pidió públicamente a los musulmanes que, a su vez, organizaran encuentros de este tipo. Una renombrada personalidad musulmana allí presente respondió: “Vo­sotros no tenéis nada que enseñarnos y nosotros no tenemos nada que aprender de vosotros”.

Se nos hiela el corazón. Yo sigo pensando y esperando que sea posi­ble el acercamiento o la reducción de la lejanía entre ellos y nosotros, a través de acciones concretas de promoción llevadas a cabo conjuntamen­te (cristianos y musulmanes) y de estudios objetivos del Evangelio y del Corán. Espero –y hay algunos signos esperanzadores en este sentido– que de la misma manera que el cristianismo pasó por la criba de la Ilus­tración, así le pasará, tarde o temprano, al islamismo.

Ellos, los musulmanes, y nosotros, los cristianos, necesitamos que el Espíritu de Dios nos siga llevando por los caminos de una investigación progresiva en la historia, en la filosofía y en la teología. Así, será posible distinguir lo esencial de lo accidental, dejando en la vereda del camino de la historia tantos absolutos creados innecesariamente.

Sospecho que la cosa va para largo y que el camino será duro. Tal vez podríamos hablar de siglos. Y hablar también en Europa de posibles enfrentamientos ideológicos-culturales-religiosos en los próximos años.

Frente a este problema (cristianismo-islamismo) lo imperdonable sería quedarnos “quietos”. Conviene armarnos no para luchar, sino para mirarnos serenamente a la cara con actitud de amor y de búsqueda de la verdad.

Como he dicho en alguna otra ocasión, yo espero que el Espíritu de Dios suscitará entre los cristianos europeos carismas, individuales y co­lectivos, para evitar enfrentamientos con los musulmanes, reducir dis­tancias y promover cercanías para que les escuchemos y seamos escu­chados al mismo tiempo.

La oración personal y comunitaria deberá ser la base de este movi­miento. Abril 2002. 

Autor: Mons. Ramón Buxarrais