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Homilía Mons. Dorado: Encuentro sacerdotes-seminaristas

Publicado: 30/06/2014: 3589

Encuentro sacerdotes-seminaristas

Textos del II Domingo Ordinario, ciclo B:
I Samuel 17, 32-37
Juan 1, 35-42


1.- La Biblia contiene bastantes “relatos de vocación”. A la luz de estos textos queremos aproximarnos a la tarea especial de los presbíteros en la promoción de vocaciones.

Una de las páginas más hermosas es la del niño Samuel. Al percibir la voz misteriosa, busca, pregunta, obedece. En cuanto descubre en ella a Dios, se ofrece al diálogo con la incondicional generosidad que es norma de todos los “llamados”: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.

El Evangelio que hemos proclamado nos recuerda el día y la hora en que dos discípulos conocieron a Jesús y decidieron seguirle. Evocando aquella experiencia, el evangelista quiere insinuar a todos sus lectores los pasos que tendrán que dar en el camino de la Fe:

• aceptar el testimonio,
• buscar y encontrar a Jesús, y
• permanecer en Él.


2.- Lo primero es “aceptar el testimonio”. Dar testimonio es el medio de transmitir o comunicar la Fe. El mundo de hoy decía Pablo VI- cree más a los “testigos” que a los “maestros”; y si cree a los maestros es porque son testigos. Donde hay crisis de Fe es probable que haya decadencia de testigos. Mil razones teóricas podrán no encender la fe, pero nadie permanece neutral al contacto con un testimonio ardiente. Los dos discípulos, a los que se refiere el Evangelio de hoy, al oír a Juan el Bautista que les dice “¡Mirad, el Cordero de Dios!”, se van en pos de Jesús sin titubear.


3.- Lo segundo es “buscar y encontrar”. Las primeras palabras que Jesús pronuncia en el Evangelio de Juan nos dejan desconcertados porque van al fondo y tocan las raíces mismas de nuestra vida: “¿a quién buscáis?”. De recibir el testimonio ajeno hay que pasar, en el camino de la Fe, al contacto personal con Cristo. Buscar su encuentro, su comunicación. “Los cristianos no somos los seguidores de una ideología –decía Juan Pablo II-, sino los hombres y mujeres que, por la fe, hemos tenido la experiencia de un encuentro personal con el Señor”. Se dice que el hombre contemporáneo se ha olvidado de Dios. Pero la verdad es que cuando un ser humano se interroga con un poco de honradez, no le es fácil borrar de su corazón la “nostalgia de Dios”. Lo más honrado que puede hacer el hombre es “buscar”. No cerrar ninguna puerta. Dios se deja encontrar incluso en quienes apenas le buscan. Así dice el Señor en Isaías:

“Yo me he dejado encontrar por quienes no preguntaban por Mi. Me he dejado hallar por quienes no me buscaban. Dije: `Aquí estoy, aquí estoy´.”. (Is, 65, 1-2).

Jesús les dice: “Venid y veréis”. Ver, en el vocabulario de San Juan, significa “conocer por una experiencia personal y espiritual”. Es buen método pastoral invitar y facilitar a los hombres a que se pongan en camino para “VER A CRISTO”. “Queremos ver a Cristo”.


4.- En tercer lugar, “PERMANECER”.

En la escuela de Juan Evangelista el ideal de la espiritualidad está en vivir íntimamente unido o “permanecer” en Jesús por la Fe y el Amor.

Al escribir el Evangelio, pasados unos setenta años, San Juan recordaba el lugar, día y hora en que descubrió a Cristo: “eran las 4 de la tarde”. Y añade que vieron donde permanecía, “donde vivía”, y “permanecieron con Él”.


5.- Por último, según este relato vocacional, el testimonio se recibe para “darlo”. Quien acepta el testimonio, luego se convierte él mismo en “testigo”. Si el fuego arde, enciende. Al día siguiente Andrés comunica a Simón la llama de la Fe en el Mesías. “Hemos visto al Mesías, es decir a Cristo…”.

La vocación de Dios al hombre pasa muchas veces por el rostro luminoso de un hermano o amigo que encontró en ella su Felicidad… (PDV, 39).

 

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga
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