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Homilía Domingo IV del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Publicado: 08/07/2014: 3413

1.- Sigue la lectura de San Marcos. El Domingo pasado nos presentó a Jesús

evangelizando la comarca de Galilea y llamando a sus primeros discípulos.

El Evangelio de este Domingo nos dice que la actividad de Jesús en Galilea fue
la de ENSEÑAR, la de comunicar a los hombres, en lenguaje humano, el pensamiento
de Dios. Y nos añade que los que le escuchaban estaban asombrados de su
enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad. ‟Nunquam sic locutus est
homo‶. ‟Este enseñar con autoridad es nuevo‶. El pueblo le escuchaba con admiración
incansable: ‟Tú tienes palabras de vida eterna‶.


2.- El Salmo 94, que hemos rezado después de la Primera Lectura, nos invita a
detenernos, a prestar atención y escuchar la voz de Dios: ‟Ojalá escuchéis hoy la voz
del Señor, no endurezcáis vuestros corazones‶.

Es una invitación muy oportuna en este tiempo en que vivimos. Porque invitarnos
a escuchar la Palabra de Dios es, antes que nada, recordarnos su prioridad y su
soberanía que hacen que nuestra vida espiritual sea, en su núcleo más íntimo,
ESPERA, ESCUCHA Y RESPUESTA A LA PALABRA CON LA QUE ÉL NOS LLAMA.

Verdaderamente no hemos aprendido nada de la vida espiritual, de la Fe y de la
Oración, hasta que no hemos aprendido que todo comienza con la escucha de Dios y
hasta que no hemos puesto efectivamente nuestra vida a la escucha de su PALABRA.


3.- El Salmo nos invita a escuchar a Dios ‟HOY‶; es decir, en las circunstancias
concretas que acompañan, aquí y ahora, el curso de nuestra vida. Porque cada día
puede ser la ocasión de un encuentro con Dios lleno de novedad, cada hoy de nuestra
vida está llamado a ser también el hoy de Dios.

Nuestros días están envueltos en el clima favorable o desfavorable para el
encuentro con Dios, que constituyen nuestro mundo, nuestro país y nuestra Iglesia.
Pero la palabra de Dios acompaña todos los momentos de la vida del creyente y nos
invita a su escucha.

4.- Varios rasgos distinguen la escucha del hombre de un simple oír, que es
posible sin fijar la atención.

El primer momento de una actitud de escucha consiste en invocar la Palabra para
que se digne llamarnos: ‟loquere Domine‶, ‟habla, Señor‶, ‟instrúyeme en tus sendas‶,
o, con otra imagen: ‟muéstrame tu rostro‶.

Tras esta petición, la condición primera para que se produzca la ESCUCHA será
retirar los obstáculos de la superficialidad y de la rutina y hacernos presentes a la voz
que nos llama, abrir de par en par los oídos, no endurecer el corazón y decir con
decisión y humildad: ‟ecce ad sum‶, ‟ecce ancilla‶, aquí me tienes, ¡heme aquí!. Dos
rasgos caracterizan este momento inicial de la escucha: el silencio, el recogimiento, y
la apertura de quien se recoge y se hace todo oídos para prestar atención.

El último paso de la escucha es la encarnación de la Palabra en la vida del
oyente; es ponerla en práctica. El Señor llama bienaventurados o felices a los que
escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. La Virgen expresó esa actitud con la palabra
‟Fiat‶ al anuncio del Ángel: ‟hágase en mí según tu Palabra‶.

De esta manera, la fe en el Señor se realiza en el seguimiento de Jesucristo, en
quien Dios nos ha revelado cuanto tenía que decirnos; la Palabra a la que nos remite
la voz de Dios, que ha rasgado los cielos, como en el Bautismo de Jesús y en su
Transfiguración, para decirnos: ‟Este es mi Hijo, el amado; escuchadle‶ (Mt 17, 5). Esta
misma invitación que nos dirige la Virgen con amor de Madre: ‟Haced lo que Él os diga‶


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga
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