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Entrevista a Mons. Dorado Soto en el diario \"La Voz de Melilla\" (1994)

Publicado: 05/06/1994: 1511

LA CRISIS DE LA FAMILIA SE DEBE A LA CRISIS CULTURAL   QUE ESTA ATRAVESANDO EUROPA EN LA ACTUALIDAD

¿Está en crisis la familia y por eso hay que prestarle una especial atención?

El hecho de que Naciones Unidas dedique un año a celebrar un tema concreto, es signo de tres cosas: primero, que se trata de un bien de la humanidad importante, en este caso la familia; segundo, que se trata de un bien que está en peligro; y, tercero, que hay que tomar medidas urgentes para defender ese bien amenazado. En este caso creo que el simple hecho de que la ONU haya dedicado un año a la familia, refleja la sensibilidad que la sociedad tiene hacia la importancia de la familia y al mismo tiempo hacia la situación de crisis por la que atraviesa.

La Iglesia se ha unido a esta celebración y yo diría que se anticipó, porque ya en el Concilio Vaticano se hizo un diagnóstico sobre la familia, en el que de forma casi profética, diríamos, adelantó muchas de las amenazas y riesgos que la familia sufre hoy. La Iglesia dedicó después en el año 80 un Sínodo extraordinario para tratar el tema de la familia y allí se hablaba, al igual que en documentos posteriores, de los signos de avance que se han dado en la vida familiar y de los signos de retroceso, es decir de los aspectos positivos y aspectos negativos a los que está sometida. Ciertamente, se trata de una institución tan importante que creo que el bienestar de la sociedad está vinculado a la salud de la familia.

¿Por qué cree que la familia está en crisis? ¿Porque la mujer se ha incorporado al trabajo, porque la sociedad es cada vez más egoísta y cada vez quiere menos cargas...?

No, si no tienen la culpa las mujeres. Creo que la crisis de la familia se debe a la crisis cultural que está atravesando Europa en la actualidad y que se manifiesta en todos los aspectos. Es una crisis económica, es crisis cultural, es crisis política. Una de las manifestaciones de ese cambio ha sido el
paso de una cultura que estaba en buena parte inspirada en unos principios religiosos, cristianos, hacia una cultura de carácter laico, una cultura sin referencia a Dios y sin referencia al hecho religioso. En el caso concreto de la familia, siempre los hombres de todos los lugares han considerado que la familia era una entidad religiosa, en el sentido de que era una institución creada por Dios y por consiguiente se sometía a unas normas de comportamiento que procedían de una revelación religiosa. Y cuando se desprende a la familia de ese fundamento religioso, de alguna manera, en aquellos países donde eso ocurre se quedan sin fundamento los grandes valores, como es por ejemplo el valor del amor, un amor que no es un amor transitorio, sino que es un amor de entrega incondicional, que supone un compromiso de por vida. Hoy todo el sentido del compromiso definitivo la postmodernidad lo considera un antivalor. El hecho de la vida: la familia es siempre comunidad de vida y amor, la apertura a la vida, a la fecundidad. Hoy nos encontramos con una cultura que más bien es una cultura de miedo a la vida, que se refleja en la limitación de la natalidad, en el miedo a los hijos, que, en definitiva, es el miedo de la vida. Como consecuencia de ello pues viene lo que la Iglesia considera el mal mayor de la familia e incluso un crimen, que es el hecho del aborto, una práctica que se va extendiendo y que constituye un problema que está ahí. El hecho de la falta de una fidelidad definitiva está dando origen cada día con más  frecuencia al divorcio. El divorcio creo que es un mal, porque cuando una pareja se casa su deseo es ser felices para toda la vida, nadie se casa para divorciarse. El divorcio es el signo de un fracaso que ha habido. No se trata de buscar responsabilidades, pero es un fracaso que afecta a la felicidad de los cónyuges y a los posibles hijos. Todo esto crea en conjunto una cultura nueva que se manifiesta en la pérdida de valores que siempre han fundamentado la familia y en la aparición de criterios y formas de pensar que hacen difícil la vivencia de la familia como tradicionalmente la hemos entendido en la Iglesia.

¿En España, la familia está especialmente en crisis o, por contra, ocurre como en el resto de Europa y países desarrollados?

En España creo que la crisis ha llegado más tarde en todos los sentidos. La gran crisis de la cultura moderna propiamente se inicia en el siglo XVIII, con toda la época de la Ilustración. En España esto tiene un reflejo pero muy minoritario, en grupos muy intelectuales y no llega al pueblo. Además, España durante mucho tiempo ha vivido muy encerrada en sí misma, por consiguiente con poco contacto y eso ha hecho que lo bueno o lo malo de Europa le haya llegado tarde. Cuando la cultura se ha hecho más planetaria, cuando España se ha abierto también a Europa, estas influencias, que ya existían, que eran viejas en otros países, han llegado a España con fuerza y de alguna manera también estamos hoy participando de los mismos valores y de los mismos contravalores que tiene la cultura europea.

¿La Iglesia demanda también una legislación más proclive y favorable a la familia de la que existe hoy en día?

La familia es una institución natural y en todos los países ha existido de una forma o de otra como la unión estable entre hombre y mujer. La familia cristiana tiene unos valores específicos que provienen de la revelación de Jesucristo sobre todo. En este sentido, la Iglesia que considera que la institución familiar es la que más influye en el bien o el mal de las personas, trata de defenderla y de protegerla para que pueda tener una vida sana y feliz y, por consiguiente, se ha manifestado siempre a favor de una legislación que proteja la familia, la vivienda digna, el trabajo, la procreación y la enseñanza de los hijos. La Iglesia siempre ha expresado su preocupación por estos temas, porque son esenciales para la buena salud de la familia, para que se establezcan las condiciones necesarias para ser fiel a sus propios fines y ser una familia feliz.

¿Usted fue el sustituto de Buxarrais en la diócesis?

No, después de cesar Mons. Buxarrais estuvo durante casi dos años como Administrador Apostólico quien ahora es Arzobispo de Pamplona, que antes era el Arzobispo Coadjutor de Granada. Yo he sucedido a Dn. Fernando Sebastián.

¿Le gustaría venir a vivir a un sitio como Melilla si algún día decidiera retirarse como Buxarrais?

Bueno, yo tengo una experiencia durante veinte años en que he sido Obispo de Cádiz y durante la cual he atendido también a Ceuta, que creo que es una ciudad muy parecida en características a Melilla, pero todavía no he pensado en retirarme, pues me considero muy joven y no pienso por ahora en jubilarme.

Diócesis Málaga

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