DiócesisOtros escritos Mons. Dorado

Presentación del Proyecto Pastoral Diocesano

Publicado: 00/07/1996: 879

"Lo que importa es que llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo... permaneced firmes, unidos en un mismo Espíritu, luchando todos a una por la fe del Evangelio, sin asustaros de nada ante vuestros adversarios" (Fil. 1,27-28).

Al presentaros nuestro PROYECTO PASTORAL DIOCESANO 1996-2000, deseo hacer mías estas palabras del Apóstol San Pablo a los cristianos de Filipos. Expresan bien el objetivo último del mismo: que todos los miembros del Pueblo de Dios que vivimos en la Diócesis de Málaga caminemos de "una manera digna de Dios" y proclamemos el Evangelio de Jesucristo con obras y con palabras, unidos en un mismo Espíritu, que nos convoca y nos hace testigos.

Es un proyecto para cuatro años, de manera que pueda ser recibido e interiorizado en profundidad. Sin prisas que le resten hondura, pero con la urgencia ardiente y serena de los asuntos de Dios.

El Proyecto consta de tres partes. No son momentos sucesivos, sino que constituyen tres niveles imprescindibles de toda tarea evangelizadora de calidad. A medida que os adentréis en sus páginas, podréis descubrir la coherencia y la trabazón interna de las diversas partes. Cada una brota espontáneamente de la anterior y conduce a la siguiente. Por eso es necesario que todo el Pueblo de Dios haga el recorrido íntegro, para que nadie se quede en esa capa superficial, donde el grano de trigo no germina porque le faltan raíces.

La primera parte es de carácter más doctrinal. Puesto que nos va clarificando los conceptos y justificando las urgencias, se presta a constituir un material muy valioso de formación. Al buen tratamiento teológico de los temas, se añade la ventaja del trabajo artesanal, realizado por un grupo de personas que conocen bien la Diócesis por estar implicadas en los diversos campos de la pastoral diocesana. Han sabido dar concreción a las urgencias generales, recoger un pasado reciente muy rico y sugerir sendas de futuro muy interesantes. Habrá que plantearse cómo hacer llegar a nuestras comunidades toda esa riqueza, pero hay que hacerla llegar.

La segunda parte se adentra en la clave más decisiva del dinamismo de la evangelización. Repetimos, con frecuencia, que nuestro mundo está cansado de palabras y que escucha y sigue a los testigos. Pues bien, tal es la convicción que subyace a esta segunda parte. Nos va señalando las actitudes evangélicas de una comunidad misionera y de cada uno de sus miembros. Pero lejos de quedarse en la abstracción de los principios generales, habla como Iglesia diocesana a toda la Iglesia de Málaga. En diálogo abierto, se han sopesado las carencias, se señalan los soportes básicos de la vida cristiana y se han elegido algunas prioridades. También se han ido indicando las diversas comunidades o ámbitos desde los que cada uno tiene que sentirse enviado. Es un material valioso para la oración personal, para los retiros y para la revisión de vida. Constituye algo así como el "espíritu" del evangelizador que necesita la Diócesis. Un evangelizador que no camina por libre ni de forma paralela, sino insertado en la comunión de la Iglesia local en y desde su comunidad de vida y de referencia. Si olvidamos esta parte, podemos caer en ese defecto tan criticado de ser palabreros grandilocuentes que no logran decir nada, porque, en verdad, ellos no ha "visto ni oído" el Evangelio que anuncian.

Finalmente, hay una tercera parte que tiene un carácter más operativo. Nadie debería tomarla de manera aislada, como si fuera autosuficiente. Pues además de hundir sus raíces en las dos  partes anteriores, ella misma necesita ser repensada y concretada en las diversas comunidades y parroquias. No constituye, en sí misma, un material acabado ni siquiera cuando se la mira como conjunto de líneas operativas. Por el contrario, brinda un horizonte abierto para estructurar y fecundar los programas parroquiales, como elementos vivos de la Iglesia diocesana. Una Iglesia que se sabe sostenida y vivificada por el Espíritu en sus cimientos y que desea ser comunión también en su historia más cotidiana.

Como veis, este Proyecto no es una cosa más, sino algo así como la red de arterias que pueden revitalizar y dar cohesión a cuanto ya venimos realizando y abrirnos al futuro y a los desafíos pastorales más importantes. Ciertamente nos exige analizar con detención nuestros proyectos parroquiales, para poner en su sitio lo que es nuclear, para revisar nuestro estilo misionero, para fortalecer las actitudes evangélicas y para compartir las prioridades con toda la Iglesia diocesana. Se trata de tomar viva conciencia de quiénes somos y de quiénes estamos llamados a ser, para caminar, de la mano del Santo Padre y bien provistos de fe, de amor y de esperanza, hacia la celebración del Jubileo del Año 2000 que "quiere ser una gran plegaria de alabanza y de acción de gracias por el don de la Encarnación del Hijo de Dios y de la Redención realizada por El" (TMA, 32).

+ Antonio Dorado,
Obispo de Málaga.

Diócesis Málaga

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