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Valentía en San Valentín

Publicado: 14/02/2017: 986

FIRMAS. Artículo de los delegados de Pastoral Familiar de la Diócesis de Málaga, Ismael Herruzo y Antonia Delgado, con motivo del Día de San Valentín.

Un “sí” para siempre “valiente”, en la fecha de San Valentín adornado con la gratuidad, la meta del perdón mutuo y la delicadeza del permiso para poder amar al otro en libertad. Como nos recordó el Papa Francisco.

En una sociedad que huye del “para siempre”, hasta la electrónica tiene la “obsolescencia programada”, ¿Es posible un “si” con vocación de eternidad? La clave está en cómo vivamos, sintamos y “racionalicemos” el amor. ¿Sólo un sentimiento, una condición psicofísica? Ciertamente, si es así, no se puede construir sobre ello nada sólido”, nos dice el Papa Francisco.  Pero si el amor es una relación, entonces crece, y es el lugar de afecto, de ayuda, y de esperanza”, individual y colectiva. Es un viaje espiritual hacia nuestra vocación de amar, creciendo como personas, respetando nuestra propia realidad individual que es “más que dos” cuando nos unimos con la fuerza del vínculo sacramental.

Éste es el mensaje que debemos aportar los matrimonios “que ya peinamos canas” a estos jóvenes que viven San Valentín con ilusión y no sólo una fiesta más, consumista, de las grandes firmas.
Pero en este camino, como nos invita el Papa Francisco, hemos de ensañarles las reglas básicas que han alimentado nuestro matrimonio.

PERMISO, para entrar en tu corazón, en tu vida, en esa intimidad que sólo pertenece a ti y a Dios, que la ha diseñado amorosamente para que alcances la plenitud. Permiso para no caer en el despotismo o la grosería. Permiso, porque sin libertad, no hay amor verdadero ni de calidad.

PERDÓN, por mis limitaciones, mis perezas, mis devaneos y mi falta de entrega, a pesar de todo, confiando en tu capacidad de perdonar y mi capacidad de aceptarlo, como nos expresa bellamente estos días las lecturas del profeta Oseas, que nos habla de la intensidad del amor de Dios por su pueblo y cada uno de nosotros.

Y como no, GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS. Es la única forma de entender la relación a la que aspiramos y que deseamos para nuestros novios, como un ágape, una donación gratuita amorosa, que partiendo de la fuerza del erotismo se eleva sobre sí misma y permite ver al otro en toda su plenitud.

Ánimo novios, el reto es grande, pero la recompensa aún mayor.

Y cuando pase el tiempo y llegue el momento de la ternura, que enlaza con la experiencia de nuestra más tierna infancia, estemos preparados para seguir amando al que ha sido y está ahora recubierto de esa belleza especial, que da la modelación producida por el tiempo, sin olvidar las tres “viejas reglas”.

¡Ah! Y recordad el consejo del papa Francisco: «Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón... sin que la paz vuelva a casa. Si aprendemos a pedir perdón y perdonar a los demás, el matrimonio durará, saldrá adelante».

  Ismael Herruzo y Toñi Delgado
  Delegados diocesanos de Pastoral Familia
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