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Ilustración e Iglesia (y IV)

Historia de la Iglesia
Publicado: 14/03/2017: 423

El pensamiento ilustrado sigue influyendo en nuestra sociedad actual. No se puede entender el curso de la historia de los siglos XIX y XX si no nos remontamos al s. XVIII; vivimos, en parte, de la herencia de la Ilustración. La actual democracia es hija del Liberalismo decimonónico y este, a su vez, de la ideología ilustrada.

La sociedad del XVIII necesitaba un cambio. Tenía que superar muchas situaciones ya caducas. La Ilustración pretendió cambiar la sociedad y, en gran parte, lo consiguió. En la política, el Estado se hace centralista e igualitario. Se suprimen los privilegios y se equilibra el sistema fiscal. En la economía se concedió gran importancia a la agricultura y a la industria. En la educación se crean muchas escuelas; aparecen nuevos métodos didácticos y la enseñanza primaria será obligatoria. En el derecho cambia radicalmente el procedimiento judicial y penal; se suprimen la tortura y la pena de muerte y terminan los procesos contra las brujas. En el campo de la ciencia son significativos los nombres de Newton, Franklin, Volta, Lavoisier, Galvani y otros.

Para la Iglesia Católica, el Despotismo Ilustrado fue negativo ya que este generó una actitud de prepotencia del Estado hacia la Iglesia. Muestras de ellos son el galicanismo francés, el josefinismo austriaco, el febronianismo alemán y el regalismo español. La ideología ilustrada, al negar la existencia
de un Dios providente, al criticar todo lo bueno del pasado, al favorecer la incredulidad del pueblo, fue sembrando lentamente los gérmenes de una futura revolución. El anticlericalismo de esta época se manifestó en la campaña antijesuítica y en el rechazo a los monasterios y a las órdenes religiosas. En definitiva, la sociedad europea progresó pero espiritualmente se deshumanizó, avanzó pero se materializó.

Una clara animadversión hacia los valores morales y religiosos revelados originaron una lenta, pero eficaz, descristianización de la ciudadanía europea. Todo, desgraciadamente, terminó en el estallido de la inmediata Revolución Francesa.

Santiago Correa