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La Iglesia tras la revolución

Historia de la Iglesia
Publicado: 19/06/2017: 53

Cabe preguntarse en qué situación quedó la Iglesia después de la Revolución. ¿Cuáles fueron sus consecuencias más inmediatas?

La Iglesia perdió una buena parte de su patrimonio; la situación económica de los eclesiásticos en Francia fue preocupante. Las exclaustraciones y las desamortizaciones se extendieron a varios países, entre ellos España. También es verdad que la Iglesia, materialmente se empobreció, pero espiritualmente se enriqueció y “empobrecer a la Iglesia es salvarla” (Rosmini).

El papado, que tanto había sufrido durante la Revolución, moralmente triunfó. Esto explica la larga lista de concordatos firmados en esta época con Francia, Baviera, Piamonte-Cerdeña, Nápoles y
Prusia. Al engrandecerse la figura del Papa, el galicanismo terminó por desaparecer.

El mapa político-religioso de Europa quedó alterado: los católicos irlandeses quedaron sometidos a la
Inglaterra anglicana, los católicos belgas al calvinismo holandés, los católicos renanos a la Prusia
luterana y los católicos polacos a la Rusia ortodoxa.

Los principios laicistas impuestos por la Francia revolucionara se extendieron a varias naciones. En toda
Europa surgirá una “religión de la libertad” incompatible con el catolicismo y que atacó abiertamente a la Iglesia. En varios Estados occidentales existió un decidido intento de reducir la religión al ámbito de la conciencia individual, actitud heredada por muchos estados en el siglo XX.

En las posteriores revoluciones burguesas europeas (1820, 1830, 1848), todas herederas de la Revolución Francesa, las conductas antieclesiales y anticlericales de muchos políticos y gobernantes indujeron a la Iglesia Católica a relacionar el liberalismo reinante con el anticristianismo, la libertad con
la persecución a la religión. Este comportamiento explica en parte la resistencia de la Santa Sede a
la doctrina liberal, hija y heredera de la Revolución, pues en el liberalismo decimonónico siempre
llevó la Iglesia la peor parte.

Santiago Correa