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Wenceslao Soto: «De los 5.500 jesuitas expulsados solo volvieron 112»

Wenceslao Soto, director de Archivos de la Compañía de Jesus en España
Publicado: 10/11/2017: 1264

«Y los que volvieron, lo hicieron muy envejecidos y traumatizados», explica Wenceslao Soto Artuñedo, SJ (Linares, 1955), director de los archivos y secretario de la Provincia de España de la Compañía de Jesús. El 16 de noviembre visitará Málaga para dar una conferencia en el Centro Arrupe (Plaza San Ignacio 2), a las 20.00 horas.

El título de su ponencia es “Málaga 1767: Extrañamiento de los jesuitas y ocupación de sus bienes” ¿podría hablarme sobre ella?

Es que la pena que les impuso el rey de España a los jesuitas fue la pena de extrañamiento, que consistía en la pérdida de la nacionalidad. Era la pena más dura que existía, tras la pena de muerte y a galeras. Como su propio nombre indica, los convertía en extraños en la Corona de España y sus colonias. Y sus bienes fueron ocupados por la Corona.

Todo arranca el domingo de Ramos de 1766 con el “Motín de Esquilache” ¿No es así?

Efectivamente, la conclusión de la investigación fue que los culpables eran los jesuitas (acusación que los estudios posteriores han demostrado ser falsa). En palabras de Campomanes, que fue el encargado de dirigir la investigación: de no deshacerse Vuestra Majestad de esta jauría (refiriéndose a los jesuitas) corre peligro su misma vida.

¿Cómo es posible que la Compañía no sospechara lo que se le venía encima?

El conde de Aranda fue el encargado de preparar la expulsión y lo hizo con una logística admirable, puso incluso a los niños a copiar los documentos para que no se enteraran de lo que copiaban. Y envió una carta a todos los comisionados encargados de la expulsión que iba en un sobre cerrado en el que por fuera podía leerse: le mando una serie de documentación que no debe abrir hasta el 2 de abril por la tarde. Si lo abre, será considerado desleal al Rey. Cuando lo abrieron en la fecha indicada, se encontraron que les decía: en este momento prevenga tropas y téngalas dispuestas a media noche para detener a todos los jesuitas y llevarlos a unos puntos de concentración de donde saldrán en barcos para el destierro. La gente se enteró al día siguiente por la mañana cuando se encontraron cerrados sus colegios y sus iglesias. Hubo una gran conmoción entre la gente de a pie.

Los jesuitas han pasado de ser perseguidos a que uno de ellos esté sentado en la Cátedra de Pedro.

Pues sí, he tenido el honor de saludar al papa Francisco en dos ocasiones. La verdad es que cuando lo nombraron Papa la sorpresa entre los propios jesuitas fue mayúscula. Yo estoy muy orgullosos de él como Papa, se ve que tiene unos profundos deseos de responder a los problemas reales de la gente. Y junto a ello, pone en primer término la misericordia, que es fundamental.

Beatriz Lafuente

Licenciada en Periodismo e Historia. Casada desde 2011, es madre de un hijo.

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