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Adviento, tiempo de renovación y esperanza

Publicado: 04/12/2018: 169

Francisco González, párroco de Estación de Cártama, profundiza en el sentido del Adviento

La Iglesia, al comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo con la importante fiesta de la Navidad. Para prepararla nos ofrece el período conocido como Adviento. Cuatro semanas para renovar el corazón y abrirlo a la alegría de la venida de Jesucristo, luz del mundo, plenitud y cumplimiento de las promesas del Padre. Cristo que vino, que vendrá y que está viniendo, que se acerca y se hace presente en medio de nosotros, alentándonos a mirar al futuro con esperanza, preparándonos también para la segunda venida de Jesús al final de los tiempos.

Es uno de los tiempos litúrgicos “fuertes” y supone una oportunidad para la reflexión y la revisión de nuestra propia vida ante la inminente llegada del Señor.

¿Cómo podemos prepararnos? Aunque existen muchos y variados medios, y cada uno debe elegir aquellos que mejor le venga a su psicología y experiencia de Dios, voy a sugerir algunos de ellos.

1. Intensificar la oración y la contemplación, de forma especial siguiendo el ritmo de las lecturas de la Palabra de Dios que nos ofrece la liturgia, principalmente los domingos. En la primera semana, centrada en la venida del Señor al final de los tiempos, se nos invita a estar en vela y mantener una especial actitud de conversión. La segunda nos pide, por medio del Bautista «preparar los caminos del Señor»; esto es, mantener una actitud de permanente conversión en el camino que se recorre durante toda la vida. La tercera semana preanuncia ya la alegría mesiánica, pues está cada vez más cerca el día de la venida del Señor. Finalmente, la cuarta, nos habla del advenimiento del Hijo de Dios al mundo. María es figura central, y su esperanza debe ser modelo y estímulo de nuestra espera. El profeta Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesia nos ofrece para preparar la venida del Señor Jesús.

2. Celebrar los sacramentos de la Eucaristía y Penitencia. El mismo Jesús que se encarnó para redimirnos, realmente presente bajo las especies del pan y del vino, desea alimentarnos en esta travesía del Adviento, a la vez que nos alienta a buscar una conversión más profunda al recibir la misericordia de Dios en el Sacramento de la Reconciliación.

3. Acentuar la vivencia de la caridad y solidaridad con los más pobres y necesitados, presencia viva de Jesucristo, trabajando con entusiasmo en el proyecto del Reino de Dios que nos impulsa a comprometernos en la construcción de un mundo basado en la justicia y el amor. Practicar la austeridad de vida para mejor compartir lo que somos y tenemos con nuestros hermanos más desamparados.

4. Avivar la luz de la esperanza, desde la conciencia de nuestra debilidad y la confianza en la fortaleza de Dios. Siempre se puede esperar algo nuevo y, con Dios, estamos convencidos de que los sueños llegan a transformarse en realidad. No faltarán los problemas y las contrariedades, pero que nunca nos apaguen la alegría y la esperanza.

Y, todo esto, acompañados de María, siguiendo su itinerario de fe oscura, su inquebrantable esperanza y su ardiente caridad. Ella, cada día, nos dirá: «Haced lo que mi Hijo os diga».

Francisco González

@fgonz2