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Antonio Ariza: «Ponerse de parte de los pobres es siempre peligroso»

Antonio Ariza
Publicado: 04/03/2019: 9661

Entrevista al sacerdote Antonio Ariza Hurtado, nacido en 1946 en Comares y ordenado en 1972.

¿Qué te parece si empezamos con algo sencillito? ¿Para qué vivimos?

Vivimos para ser felices. Somos hijos del amor y estamos aquí para vivir ese amor, haciendo felices a los demás, siendo para los otros, como un regalo del cielo. El jesuita Teilhard de Chardin, paleontólogo y filósofo, afirmaba: “amar es colocar la propia felicidad en la felicidad de los otros”.

¿Sabe alguien qué es la vida y qué sentido tiene?

Lo saben los que la viven intensamente: gozándola, sanándola, respetándola, dignificándola, dándola a los demás …Pienso que la vida es una fuerza inmanente que te empuja a lo trascendente; el punto alfa que camina al punto omega. La vida es Jesucristo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Hemos rezado que la vida es un valle de lágrimas. ¿Así es?

Dios quería que fuera un paraíso, pero, por el pecado, la hicimos una selva, por cuyos valles, a veces, corren lágrimas. Pero el nuevo Adán, Cristo, la recreó de nuevo para que fuera un rio de felicidad. Por eso, dio su vida. Al valle de lágrimas lo riega un río de agua viva. En Caná de Galilea, Jesús alegra la vida de los novios e invitados y se presenta como el novio de la humanidad, que ya había anunciado el Cantar de los Cantares, con una narración poética maravillosa, divina. La vida debe ser una fiesta de amor y alegría.

¿Estamos aquí para hacer méritos para la otra vida y para glorificar a Dios?

Estamos aquí para vivir esta vida con amor y alegría, en plenitud. Así glorificamos a Dios. San Ireneo decía: la gloria de Dios es que el hombre viva; “gloria Dei, homo vivens” . Dios nos regala una vida eterna para que seamos felices. Jesús viene para que tengamos una vida feliz, plena. (Jn 10,10)

¿Qué aporta a tu vida el Evangelio?

La Buena Noticia de que Dios me ama, y quiere que sea un -ser-para-los-demás, un samaritano que evite el dolor y el sufrimiento de la gente y que sea un motor de compasión y felicidad. Sobre todo, me acerca a Jesús y da sentido, alegría y esperanza a mi vida.

¿Debe un hombre vivir para los demás, o eso es un mito cristiano humanista que no tiene nada que ver con la ley natural?

No es un mito sino la vida de Jesús: “pasó por el mundo haciendo el bien”. Jesús vino a humanizar la tierra, tuvo pasión por la vida digna de los seres humanos. Dios se encarna para enseñarnos a vivir “divinamente”. El juicio de las naciones será un juicio de amor y misericordia.

¿Quiénes son los enemigos de la vida?

El pecado como no a Dios y al hermano. Mala cosa es la soberbia, que nos impide vivir el amor y la pobreza, fuentes para ser feliz. El egoísmo hace que usemos y abusemos de los otros como objetos, la pereza, la rutina, la ideología, el fanatismo, la tristeza…

También el enemigo puede ser uno mismo, ¿no crees?

Claro. El egoísmo es negativo: yo, contra los demás; La autoestima, en cambio, es muy positiva: yo, para los demás. Si me quiero, puedo querer a los otros. Si no me quiero ni yo, no querré a nadie. La autoestima se acompaña muchas veces de la empatía: ponerme en el pellejo del otro, vehículo de vida; el egoísmo se acompaña del odio, de la envidia y del rencor, instrumentos de muerte.

¿Qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida?

Vivir con el que es la vida: “mihi vivere Christus est”. (Pablo de Tarso) Dejarse emborrachar por el amor, contagiarse de ternura, empaparse de misericordia, ser auténtico y sencillo, romper las cadenas del miedo y abrir las puertas a la verdad, que siempre nos hará libres, vivir con alegría. A parte de inteligente, es lo más sano.

¿A vivir se aprende? ¿Y a ser sacerdote?

Siempre se aprende, si escuchas más que hablas; Dios, que es sabio, nos dio una boca y dos orejas (sonríe). Se aprende mucho de los buenos testigos, compañeros, gente del pueblo… Y del estudio y del esfuerzo personal. Nuestra historia personal y colectiva es maestra de la vida.

¿Crees que sabes vivir?

Creo que sé cómo vivir. Otra cosa es que lo saboree viviendo. Recuerdo ahora al latino Terencio, en mis clases de literatura: “homo sum, nihil humani a me alienum puto”: “Soy un hombre. Pienso que nada de lo humano me es ajeno”. Y San Pablo (Rom 7,15-16): “lo que realizo no lo entiendo, pues no ejecuto lo que quiero, sino que hago lo que detesto”. Hay que contar con la gracia y el amor de Dios.

 ¿Has sufrido alguna crisis vital? ¿En qué o en quién te apoyaste cuando la sufriste?

Claro. Me apoyé en la fe y en la oración que la cultiva, en mi amigo Jesús, en la madre María, en el sentido de mi vida, con una opción y una responsabilidad, y en testigos que me amaban y yo amaba.

En este momento de la vida en el que estás ¿crees que te ha queda algo por hacer?

Casi todo lo que me dice Jesús. Yo lo predico, con la fácil palabra pero con un gran déficit de testimonio. Me falta dejar muchas cosas para seguir a Jesús: bienes, cobardías, más entrega al trabajo por el Reino.

¿Cuál crees que es tu gran aportación a la Diócesis de Málaga?

Hablaría de lo que a mí me ha aportado la Diócesis: amor a Jesús y a su Reino, al motor y signo de ese Reino: la Iglesia, una buena preparación académica: humanística, magisterio, filosofía y teología, que yo he aprovechado bien. Porque todos hemos estudiado lo mismo, pero no de la misma manera, ni con la misma intensidad: unos hemos estudiado para saber y servir mejor y otros para aprobar y pasar; una buena educación muy completa, con un barniz especial, que ha sacado (educere) de mí casi todas las potencialidades. Yo he aportado poco a la Diócesis: mi trabajo de párroco, durante 43 años, incluidos 4 de arcipreste; trabajo académico en el Instituto y la Universidad, hasta la jubilación; el trabajo manual con la gente sencilla en el mundo rural: aceitunero y chacinero en una cooperativa a la que dediqué muchas horas, años, con los emigrantes. Una pequeña aportación ha sido estar con la gente de un modo diferente, en el pueblo y en la enseñanza. He tenido alumnos sin fe, que fueron a clase buscando los créditos para su especialidad, y han acabado amigos: a algunos los he preparado para recibir la Iniciación cristiana y acompañado en su boda. Dando clase se puede ser maestro, amigo y pastor. Otra aportación ha sido la música, que yo he ofrecido a la Diócesis, pero apenas recibida por el clero. He publicado 8 cds. Tengo que agradecer la cariñosa acogida de D. Ramón Buxarrais que, en una carta de hermano mayor, me decía: “¡qué forma tienes de evangelizar!”. Ahora estoy muy a gusto en mi capellanía con las monjas y los ancianos, que agradecen mucho la ternura y el cariño. Hay muchos vecinos de la residencia que celebran la fe con nosotros. En la eucaristía hay más gente que en cualquier parroquia. La homilía diaria me ayuda a seguir estudiando y prepararme y, sobre todo, a rezar más.

 ¿Cuál es el mayor desafío de la Iglesia local?

Que la afirmación del Vaticano ll: La Iglesia es el pueblo de Dios sea un hecho. Nuestra Iglesia sigue siendo muy clerical. Los laicos no son los que están al laíco del cura. Están consagrados por su bautismo para ser sacerdotes, profetas y reyes. Deben ser hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia. Vivimos todos dentro de los muros de la parroquia y no salimos al mundo. Además, muchos de los seglares que están trabajando en nuestras parroquias tienen una mentalidad muy clerical. Algunos son más clericales que los curas y acuden más a las normas que al evangelio. ¿En qué deciden? Diciendo: Amén. Por otra parte, estamos muy alejados del mundo obrero y de los pobres.

Nuestra cercanía, muchas veces, es paternalista y no como el hermano Jesús. También detecto un cuchicheo sobre el gasto del dinero diocesano, que no hace ningún bien a la Iglesia, ni al presbiterio. Como reto también veo la necesaria la adhesión a Jesús, que representa su vicario en la tierra, el papa Francisco; desgraciadamente no provoca demasiado entusiasmo. Hay, no pocos, nostálgicos que añoran tiempos pretéritos. Y por último, pienso que con María hay que salir de Galilea a la montaña de Judá que nos necesita para ayudar a la mujer que, con la ayuda de Dios, ha superado su esterilidad y va a preparar el camino al Señor con el hijo del amor. La Iglesia de Málaga, ciudad abierta y cosmopolita, y la universal tienen que abrirse a la mujer y ubicarla de hecho en la pastoral, como hacía Jesús, en cuyo grupo apostólico había mujeres. Desterremos el machismo, también instalado en la Iglesia.

¿El peor pecado con el que has tenido que lidiar?

He luchado mucho con el concepto de pecado y con el miedo a Dios y al castigo divino. Hay creyentes que viven en el Antiguo Testamento. No nos hemos convertido al evangelio de Jesús: perdón, misericordia, amor de Dios y a Dios… Recuerdo a gente de la parroquia y de la universidad que les extrañaba y encantaba que yo les dijera: “Dios te ama, la ama, me ama, nos ama a todos”, seamos como seamos. Por amor, no por miedo, tenemos que cambiar. El peor pecado con el que he tenido que lidiar: la injusticia. Mi ordenación sacerdotal fue en junio del 72. Eran los coletazos de la dictadura franquista. Fui amenazado de muerte por la Triple A. Descubrí que era un grupo de Fuerza Nueva a los que pastoreaba un cura. Como otros curas de entonces, yo era uno de los llamados “curas comunistas”. Mi delito fue defender a los pobres contra los abusos del poder. Lo pasé muy mal. Pero el pueblo me quiso y, en democracia, me hicieron “hijo adoptivo”. Ponerse de parte de los pobres es siempre peligroso. Recordemos a Jesús. Pero hay que anunciar la Buena Noticia a los pobres.

¿Cómo podemos escapar de las falsas necesidades?

Parafraseando a nuestro papa Francisco, pero al revés, practicando una ascética de descarte; viviendo como los pobres, cuyas verdaderas necesidades no les permiten pensar en las falsas; Siendo muy cercano al mundo de los marginados y excluidos y al buen Jesús.

¿Qué cosas te importan de verdad y qué cosas no te importan nada?

Me importa que la gente sufra y no sea feliz. Y yo, también, soy gente. No me importan los ascensos. Una vez entré en la cadena de mando y, tras cuatro años de lo que yo pensaba que era un servicio al pueblo de Dios, descubrí que, más que eso, era un eslabón más para mandar. Renuncié. Yo quería dialogar y hacer puentes de encuentro y de servicio a la Iglesia. Pero no era posible. También me importan las cosas pequeñas. Pienso y medito en la vida oculta de Jesús en Nazaret, que, en el silencio, gritaba: ¡lo pequeño grande es! Y nos habló del Reino, pequeño como un grano de mostaza, que crece y llega a cobijar a los pájaros del cielo.

¿Quién es Jesucristo para ti?

El que ha salvado mi vida, le da sentido, el “que a mi puerta, cubierto de rocío, pasa las noches del invierno oscuras” (Lope de Vega), el que me ama, me perdona, me ilumina y me da fuerzas, el buen samaritano que cura y sana mis heridas, el que ha puesto su casa junto a la mía para abrazarme y besarme todos los días. El único Señor, que me impide adorar a los ídolos.

¿Te gusta complicarte la vida?

No soy masoquista. Me gusta vivir bien, junto a los hermanos. Pero en un mundo donde hay injusticias, egoísmo, odio y rencor, marginación… hay que meter el hombro para construir el Reino de Dios, que es vida digna para todos. Esto supone un compromiso para que la gente no sufra y sea feliz. Se trata de un parto de vida, de humanidad y de hermandad, doloroso, que nos complica la vida.

¿Cómo te gustaría morir?

No me gustaría morir: “Padre, aparta de mi este cáliz”. Pero aquí cabe el mayor acto de fe en la vida, que no es un espacio entre dos inmensos vacíos, entre dos nadas. La esperanza nos abre puertas a la eternidad. Me gustaría morir con mucha esperanza, ya que no hay más remedio, pero “a subitanea morte, liberanos, Domine”.

¿Qué le dirías a quien se esté planteando si Dios lo llama para ser cura?

Lo animaría a vivir estos dos amores: la pasión por Jesús y el Reino; y la pasión por la vida digna del pueblo. Con la Carta a los hebreos, le hablaría de ser cada día más creyente y más solidario. ¡Que sea valiente. Cuenta con Jesús!

¿Podemos decir que hemos venido y estamos aquí para ser felices?

El programa de Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,14-23) comienza con el enfrentamiento al sufrimiento de la gente. A Dios le preocupa que la gente sufra. Su Espíritu empuja a Jesús a llevar la buena noticia a los pobres. Su gran tarea: llenar de esperanza a los que lo pasan mal, a los que son infelices. En su programa viene a mostrar libertad, luz y gracia. Las bienaventuranzas son las felicitaciones de Jesús a los que viven la auténtica felicidad (Mt 5,1-12), los santos, dirá Francisco , a contrapelo de la del mundo: poder, dinero, pasarlo bien a costa de los más débiles. Serán felices los que alivian el dolor y dan cariño a los que sufren (Mt 25, 31-46). El mal sólo se vence con el bien.

¿Qué es lo más complicado que vives como sacerdote?

Cambiar la mentalidad del miedo a Dios y de que todo lo bueno es pecado. Dios es un Padre-Madre que nos ama siempre, aunque seamos malos. Quiere nuestra conversión para hacer un mundo de hermanos.

El pecado ofende a Dios en cuanto nos daña a nosotros mismos, seres infinitamente queridos por él. ¿Cómo va a ser pecado amar, escuchar una sinfonía o un festival flamenco, tomar una copa de vino con el amigo, ver una buena película o comerse un pescaíto de Málaga? ero, con el poder, con la comodidad o con una profesión que nos alimente.

¿Qué preguntarías a un joven que se plantea su vocación sacerdotal?

Si está enamorado de Jesús y concernido por su Reino, si quiere servir al pueblo de Dios, si quiere situarse en el sacerdocio no para ser alguien, sino para servir, si tiene una afectividad sana, y todo esto lo lleva con alegría

¿Qué le falta al presbiterio diocesano?

Entusiasmo (en-tü-theos: contigo va Dios) es decir, estar convencidos de que nuestro trabajo es obra de Dios, que hará que la semilla germine día y noche para dar su fruto, cuando la sembremos; fiarnos del Espíritu que ilumina nuestra esperanza que relativiza cuanto no tiene al evangelio como horizonte; pasión por el Reino de Dios; cercanía con el pueblo sufriente, aceptar y agradecer, como un regalo del cielo y de Latinoamérica, el papado de Francisco, evangelio de la alegría y de la misericordia versus las normas; equipos sacerdotales, que los hemos tenido: los de Vélez, Antequera, Ronda…, que marcaron una pastoral popular de salida, caminando con el pueblo sencillo, en una pastoral de conjunto viva, misionera, buscando la oveja perdida y no sólo conservando las de siempre.

¿La felicidad es una pasión inútil?

La felicidad absoluta es un deseo. Pero es una pena ser una persona triste, porque contagias la tristeza a tus semejantes. “Tristeza y melancolía no quiero en la casa mía”, decía Teresa de Jesús, una santa mística, que andaba muy cerca de Dios, que es alegre, porque es amor. La felicidad, la alegría no es nada inútil sino lo más sano.

¿Dónde encuentras la felicidad?

Se puede vivir la felicidad: sabiendo y saboreando que Jesús camina a mi lado, que hay gente que me quiere y a la que quiero, si vivo la vida como un regalo, si me siento protagonista de mi historia, sin culpar a nadie de mis fracasos; sin odio, rencor o envidia a los demás; si quiero y me doy a la gente, es decir, en el cariño a la gente y de la gente; sobre todo en la paz. Shalom, el saludo habitual de Jesús, es una armonía en cuatro direcciones; la primera Dios, Padre que me ama. Se perdió el miedo al castigo divino; segundo, los otros, que son mis hermanos, hijos de Dios; tercero, conmigo mismo, no con egoísmo: yo contra los otros, sino con autoestima: siendo para los otros, como imagen de Dios y cuarto Los bienes, que son para compartirlos y no para acapararlos.

¿Eres un sacerdote dócil?

No me dejo manejar pero sirvo con alegría y soy dócil a los que me manifiestan con cariño lo que el Espíritu quiere de mí. En un diálogo fraterno, se puede arreglar todo. A veces, hay comentarios crueles que te difaman. Quien me conoce sabe cómo soy: alegre, tratable, una persona normal que no transmite amargura sino cariño. Soy débil con los débiles y fuerte con los que se quieren imponer, ser fuertes.

Hay quien sugiere que la soledad del cura puede llegar a ser insoportable, ¿has vivido la soledad como un calvario alguna vez? Si es así ¿qué hiciste para abrazarlo?

No he vivido solo nunca. He tenido una familia siempre. D. Ramón le escribió una carta preciosa a la familia con la que convivía. Mi casa y mi despacho casi siempre estaban llenos de gente. La casa del cura era la casa del pueblo. Y yo gozaba. He ido a donde estaba la gente, a todas las plataformas populares. Conocía a la gente y la gente me conocía. Y los sigo viendo, porque, gracias a Dios, sigo vivo. Tenía que buscar la soledad para rezar, leer, estudiar. Así no hay tiempo para aburrirse.

¿Tienes algún hobbie que te rescate del hastío?

El deporte, caminar, leer, estudiar y, sobre todo, la música: escucharla, cantarla, componer, tocar la guitarra, el órgano y algún otro instrumento. No me rescatan del hastío, sino que me hacen más feliz y comunicativo. Se me olvidaba: jugar al dominó, donde me defiendo bien (aprendí en el bar de mi padre) y es muy bueno contra el alzheimer.

¿El regalo más bello que te ha regalo ser presbítero?

Ser un instrumento de la misericordia de Dios, de su amor, de su perdón; conocer más y mejor y amar a Jesús, a la madre María y a la Iglesia; concelebrar la Eucaristía para no olvidarme de Jesús, seguirlo, recordando su entrega por el pueblo y por mí, su triunfo sobre la muerte y dándole gracias por tan humano-divino regalo. Es mi mayor fuente de espiritualidad y de oración personal.

A estas alturas del partido ¿volverías a ser sacerdote?

Sí, con la ayuda del Señor.

Chaplin, como casi todos, empezó diciendo que la vida era maravillosa y acabó diciendo que no tenía ninguna gracia. ¿Qué le responderías?

La vida es pura gracia, como regalo de Dios. Doy gracias y celebro, con amor, la alegría de vivir. Una canción que se cantaba mucho en mi parroquia y que está grabada en mi cd: “Cantos para el Reino” es: “Viva la vida”. Define lo que es la vida para mí.

Cuando nos preguntamos por el sentido de la vida nos solemos poner muy serios. ¿La trascendencia está reñida con el humor, o también el humor es una manera de afrontar las grandes preguntas?

Yo, que tuve el padre más cariñoso y gracioso, pienso que el humor es una forma de amor. A Dios sólo lo conoce el que ama, dice Juan. Dios es Amor. El mayor error es el miedo a Dios y un gran pecado es predicar el castigo y no el amor de y a Dios. De hecho, en el bautismo de Jesús, se abren los cielos no para proclamar la ira de Dios, de la que hablaba Juan Bautista, sino el amor de Dios. El Espíritu, en forma de paloma, está presente. Y suena una voz: “Tú eres mi Hijo amado. En ti me complazco”. Nosotros somos hijos en el Hijo y, a pesar de nuestra mediocridad, también podemos escuchar esa voz: tú eres mi hijo amado; tú eres mi hija amada. Y sonreír. Leamos a Francisco en la “Evangelii gaudium” y oigamos mis dos cd: El evangelio de la alegría. Necesitamos la esperanza para que nuestra alegría sea perfecta. Felices los que tienen sentido del humor.

Rafael J. Pérez Pallarés

Rafael J. Pérez Pallarés es sacerdote diocesano y Delegado Diocesano de Medios de Comunicación. Todas las mañanas presenta y dirige el programa de Canal Sur Radio y Radio Andalucía Información “Palabras para la vida”, un programa fruto de los acuerdos entre RTVA y los obispos andaluces.