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¿Por qué a las personas mayores hay que prestarles la debida atención?

Publicado: 05/03/2019: 707

Colaboración de Juan Luis Moreno Portales.

Teniendo en cuenta el envejecimiento tan alarmante que ha sufrido nuestro país, nos encontramos con un escenario cuanto menos preocupante en lo social y en lo económico.

Nuestros gobernantes se han visto obligados a poner en marcha medidas para amortiguar esta situación.

La sociedad también se ha visto desbordada, ante esta problemática, entre otras muchas razones porque la esperanza de vida ha aumentado y supera los 82 años frente a la insostenible situación demográfica en nuestro país.

«Las personas mayores son los pilares en los que se apoyan las generaciones pasadas y presentes»

Los recursos económicos son muy escasos, porque la pensión media se sitúa en una cifra alarmante. La crisis, esa crisis que no cesa, sistémica, que ha venido a quedarse y, como parte de las consecuencias, las diferencias sociales, el descarte y la pobreza se ha instalado.

El concepto familia, también ha cambiado porque los hijos en muchos casos cuando contraen matrimonio o se emancipan, trabajan ambos y, el ritmo de vida es frenético. Por si no fuera poco, los abuelos tienen que aportar su colaboración y en muchos casos hasta con sus pensiones.

Ante esta problemática, más de uno se preguntará, quién apoya a los mayores que en una cifra muy importante, padecen todo tipo de carencia.

Mi admirado D. Fernando Sebastián, Cardenal emérito, recientemente fallecido, de una gran valía hasta el punto de que el Papa Francisco le tenía como uno de sus asesores, decía en unas de sus homilías en la Misa que celebraba habitualmente en la S. I. Catedral, a la que solía asistir ¿Por qué a las personas mayores no se les presta la atención debida? Y respondía, con firmeza y con dolor, que las causas radican en la falta de sensibilidad de algunos sectores de la sociedad y sobre todo de la familia.

Las personas mayores, han sido y son los pilares en los que las generaciones pasadas y presentes, se han beneficiado de la gran sabiduría que atesoran.

El aludido D. Fernando, decía como conclusión final, que hay que reflexionar e implicarse al máximo, no solamente nuestros gobernantes, que lo están haciendo, y la Iglesia también, sino en el seno de la familia. Otros miembros de la familia en muchos casos miran hacia otro lado, y la prueba evidente es el crecimiento del número de residencias de ancianos u otras similares. En estos últimos años se han incorporado un número muy importante de voluntarios, a través de la Iglesia, fundaciones, etc. 

A lo largo de mi vida, he conocido a muchas personas comprometidas con esta causa y, se me ocurre mencionar a Dolores López Degayon y a Laura de las Peñas Ramos, vinculadas a las residencias Orpea de Benalmádena y Limonar, donde puedo dar fe de la implicación extra que otorgan a los residentes, que sufren soledad, falta de afecto, etc. Igualmente, no quiero olvidarme de Maribel Campos Rosas, Auxiliar de Enfermería, de la Unidad del Dolor, del Hospital Civil, por el trato tan exquisito y humano que dispensa a los pacientes, muchos de ellos mayores, al igual que el equipo de doctores. Mi reconocimiento, admiración y gratitud a todas las personas de buena voluntad que se esfuerzan en beneficios de los más necesitados. Debemos aprovechar nuestros valores, en beneficio del prójimo, porque sin duda, Dios nos lo premiará. 

Nos evadimos fácilmente, porque se anteponen, nuestros propios intereses, y parte de la sociedad está instalada en el materialismo, la hipocresía, las diferencias de clases, etc. La esperanza, es lo ultimito que se pierde y, espero que haya una respuesta y reacción a corto plazo. Que así sea.

Diócesis Málaga

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